En el centro de San Andrés Tuxtla, una señora de apellido González, tima a la ciudadanía
Al no obtener el recurso, les recuerda el 10 de mayo

JUAN CARLOS ABSALÓN
SAN ANDRÉS TUXTLA, VER.
De falsos indigentes se cuentan muchas historias a través de los años, ¿Quién no recuerda alguna historia de los abuelos en que nos comentaban acerca de personas que pedían dinero, y gente de buenas intenciones les regalaban comida, la que llegando a sus casas era alimento para cerdos?
De gente sin escrúpulos que timó por muchos años a personas de buena fe, se cuentan muchas historia, incluso de que algunos limosneros se llegaron a convertir hasta en prestamistas, pues “el negocio” de pedir limosna era una “mina de oro”.
Conforme la educación de tiempos idos, bajo los preceptos y valores de la iglesia, recordamos que mentir era, además de un delito, “un castigo de Dios”. Y si alguien se hacía pasar por enfermo, “podría recibir el castigo divino y en verdad enfermar.”
Con el paso de los años encontramos que no es así, y que algunas personas sin escrúpulos han vivido gran parte de su vida, pidiendo limosna, engañando a la gente y fingiendo, además de ser “indigentes”, que sufren alguna parálisis y que tienen alguna discapacidad física.
Y aunque parezca increíble, hay anuncios que ofrecen “trabajo para personas de amplio criterio y sin escrúpulos”, donde al llegar les ofrecen un bote para pedir limosna, una credencial de alguna asociación “caritativa”, por supuesto falsa, y además que quienes acepten “el trabajo” puedan llevarse el 50% de lo recaudado en el bote, siendo en promedio de $ 300 a $ 400 pesos diarios.
Sin ir muy lejos, esta clase de “oportunidades de empleo” se encuentran en la capital del Estado; y así encontramos en camiones pasajeros, microbuses y en las calles y alrededor de algunos céntricos restaurantes a personas pidiendo limosna.
Aunque hay que también señalarlo, es una gran realidad el que muchas personas adultas, de la tercera edad, en su mayoría mujeres, en el abandono de sus hijos, acuden a pedir dinero para comer.
Por el contrario es criticable encontrar a personas que burlan la buena fe de la sociedad en general, y cuando no les dan dinero hasta la madre le mientan a uno, como el caso de conocida señora que se mete a las iglesias o merodea en los alrededores de comensales en conocidos restaurantes.
Pues ahí comiendo va a pedir dinero y como ya es conocida, al negarle la ayuda, en respuesta dice una serie de improperios, que no se escriben por respeto al amable lector, pero que sí ofenden y que ponen de mal humor a la gente que sanamente descansa para disfrutar de sus alimentos.
Personas como la que señalamos debe tener alguna sanción, pues estas deben estar contempladas en alguna de las leyes penales de la República Mexicana, para que tanto sus familiares como ella misma, que tiene capacidad, inteligencia pudiera hacer algo productivo sin engañar a la gente.
Es claro que existe un vacío legal, es decir, nadie quiere hacerse cargo de esta situación que va en aumento; es cierto faltan oportunidades, pero también falta iniciativa y participación de quienes están sufriendo las carencias.
En este caso, ¿quién es responsable de estas personas? Están las dependencias con sus oficinas de trabajo e investigación social, las encargadas de buscar a los familiares para obligarlos a cuidar a sus parientes en situación de calle.
Siguen pedigüeños y niños, haciendo de las suyas: Ya es tiempo que los señores restauranteros pongan en su lugar a todas esas personas el diario desayuno o la comida del medio día pidiendo el peso para comer.
Por lo pronto, ejemplo de ello es la señora de apellido González, al parecer nativa del turístico Catemaco, quien se hace pasar como persona enferma y con alguna discapacidad para caminar, y por ello usa un bastón metálico.
La señora camina perfectamente y simula cuando va a pedir limosna; todo el tiempo está comiendo y cuando va a pedir dinero y no le dan, en respuesta vienen los recordatorios familiares y quienes ya conocen “sus mañas” piden a los meseros retiren a esta señora.

