 Nuestros mayores sabían porque lo hacían

Los ancianos de antes tenían un conocimiento muy certero del mundo cosmogónico que le rodeaba, por eso se protegían y hacían lo mismo con sus hogares, respetaban profundamente cada manifestación que se presentaba y auguraban un acontecimiento futuro bueno o malo para su entorno social.

Cuando al estar echando tortillas en el fogón las mujeres escuchaban “cantar la lumbre” decían:

-Va a venir visita arreglen la casa

En ese momento todo era trajín, ir y venir, sacudir acomodar.

En la cocina si los alimentos no se cocían se decía que lo habían “encuatado” o hecho ojo, se buscaba a una persona que hubiera nacido después de los cuates para que moviera y probara esos alimentos, si no la encontraban entonces le echaban siete chiles rojos a la comida en cocción.

Si la lluvia amenazaba y era tarde de fiesta, para alejar las nubes de agua se hacía una cruz de cenizas sobre la tierra, otros encajaban un cuchillo o cruzaban dos machetes en el suelo. Si había muchos truenos y rayos se cubrían los espejos, se guardaban los cuchillos y las tijeras, al salir a la intemperie se cubrían la cabeza y se quemaba el arrayan para alejar a la tormenta y sus rayos.

Las novias no podían ponerse el vestido y todos los demás elementos de su ajuar antes de la boda, tenía que ser el día en que se iba a casar, si lo hacía antes se presentía posibles problemas durante o después de la boda, en muchas comunidades después de haberse efectuado la boda, la novia se quitaba el vestido y se ponía uno rosado o celeste.

En el trabajo de labranza el campesino era cuidadoso, si al estar tumbando el acahual, por descuido se golpeaban dos machetes, en ese momento dejaban la actividad, ya no los hacían trabajar, lo mismo hacían los albañiles al revolver la mezcla, si chocaban las palas dejaban de laborar, tenían la idea que, de no hacerlo, una desgracia podía suceder. Lo mismo se aplicaba para un buen número de oficios desarrollados en aquellos tiempos.

Muchas abuelas hacían que antes de irse a dormir las personas tomaran tres tragos de agua, porque si no lo hacían corrían el riesgo de que se les fuera la “palomita”, esto es, que su alma escaparía y dormirían el sueño eterno.

Cuando en ocasiones se alarmaban las gallinas cacaraqueando y los perros se les unían aullando, se percibía en ese momento un ambiente pesado, la sensación de algo malo por suceder, las abuelas en seguida decían:

– Pon un vaso de agua limpia sobre la mesa que acaba de pasar la muerte, que tome el agua de la vida y siga su camino.

Era el preludio de una enfermedad o la muerte de alguien conocido. Para los ancianos de esos tiempos el agua fue un elemento importante, por eso la cuidaba y le tenía respeto, es el líquido generador de la vida y conservador de la misma. Es el sacro elemento purificador, por eso Juan el Bautista sumergió a Jesús en el río Jordán, cerrándose una puerta y abriéndose otra.

Creencias o no de nuestros sabios ancianos de antes, aun hoy quedan reminiscencias de ese saber que nos dejan muchas interrogantes.

Esta anécdota me ha cimbrado desde lo más profundo de mi ser:

Marzo veintiuno, por la tarde acordamos reunirnos como en otras ocasiones para tocar un rato, lo hemos hecho cada que hay oportunidad, la cuestión es tocar cantar, escuchar música, cenar antojitos, en resumen, la convivencia.

En esa tarde estarían presentes Luis, Ángel, Ulises, mi yerno Oscar, mi hija y yo.

Previo a la llegada de Ulises que fue el primero, se suscitó un alboroto con las gallinas del vecino seguido del aullido de los perros, que lo hacían lastimeramente. Me quede escuchando pensativo ese macabro concierto y cuando estaba llegando la tranquilidad en los animales, llego Ulises y lo primero que le dije, fue:

-Acabó de pasar la muerte (así lo había escuchado muchas veces de mis tías y abuela)

Me miro azorado y le expliqué porque se lo dije y lo que acababa de pasar. Afinamos los instrumentos y nos pusimos a tocar.

Minutos más tarde llego José Luis con Angelito y antes de empezar a tocar otro son, aun sin salir de mi asombro le platique lo que había pasado.

Después olvidamos el incidente y nos pusimos a tocar un largo tiempo, cuando nos cansamos de tocar escuchamos música de Guty Cárdenas, del sexteto habanero y otros más. Cenamos antojitos, nos pusimos a platicar sobre muchas cosas, proyectos de vida, planes de trabajo, la situación económica, la pandemia, y curiosamente de lo que más hablamos fue de la muerte.

Se nos pasó el tiempo entre música y platica. A la media noche se le ocurrió a José Luis grabar un buscapié para enviarlo a un amigo en Colima en ese momento y así lo hicimos.

Angelito se marchó después de la grabación, continuamos tocando Ulises, José Luis y yo hasta las dos de la mañana, hicimos planes para la siguiente semana de las actividades pendientes, el cansancio nos venció y cada uno se fue a dormir.

Entre semanas le llame a Luis para ver que podíamos hacer de lo planeado y me contesto que estaba mal de la garganta, el 28 se tenía que acompañar en el acarreo de la virgen de los remedios y aviso que no podía ir que se sentía mal.

De ahí toda una odisea de penalidades que hoy afortunadamente fueron superadas,

El manto blanco paso de largo después de tomar el agua de la vida que cada familia puso en su mesa.