 Sepia de tiempo y nostalgia…

Cierto misterio, cierta magia, guardan las fotos antiguas, deslavadas por los años. Imágenes que el paso del tiempo ha pintado con el sepia, color del recuerdo y la nostalgia.

Iconografía de rostros familiares o queridos. Testimonio de acontecimientos, de hechos trascendentes o sin importancia, a los que la antigüedad la confiere valor documental.

Ambientes gratos, sitios nuestros que fueron –o son aún- parte del paisaje cotidiano…Vistas, placas, postales que van armando nuestra historia gráfica, antigua o reciente.

Las fotos antiguas nos remiten al tiempo, cuando el arte de retener la luz y la imagen en una placa tenía mucho de misterio. Era campo vedado a los profanos y sólo accesible a los iniciados…a esos hombres que trabajaban en la penumbra, entre la luz y la sombra…

Era gente de profesión rara -como los alquimistas medievales-, que poseía los secretos para manipular las pesadas cámaras y tripíes. Y a través de complicados conjuros sensibilizaban placas, revelaban, imprimían y retenían las vistas en colotipos, daguerrotipos y frágiles placas de vidrio…

Faltaba poco para que el inventor Eastman lanzara al mercado una ligera la cámara que haría más fácil el proceso fotográfico, y cumpliría la promesa de su eslogan:” Usted aprieta el botón…Kodak hace el resto”.

Tiempos y nostalgia que la fotografía inmortalizó en tonos sepia. Cuando las damas, los caballeros y los niños debían soportar, como estatuas, sin perder pose y paciencia, los largos minutos que la exposición requería… Cuando los infantes esperaban “ver el pajarito” tras la caja negra de la cámara…

Cuando el “clic” incendiaba el magnesio –primitivo flash- y el fogonazo bañaba de blanca luz y humo la sesión …Y el fotógrafo dirigía la acción con medio cuerpo cubierto por el oscuro paño, desde donde manipulaba diafragma, placas y lentes.

Atrapados en el sepia del tiempo quedaron la placidez, la paz de una época todavía no agobiada por tantos problemas y angustias…Placidez reflejada en rostros de lánguida belleza; poses de estudiado abandono grato o displicente. Ternura que se desprende de las figuras y rostros de antiguos niños… Rincones, calles y plazas donde parecía que la paz se enseñoreaba…Paisajes bucólicos, ríos, lagos, campos y montañas…

Fotos en las que sus autores se revelaron como artistas, maestros en encuadres y claroscuros…Fotos que nos permiten admirar las bellezas del patrimonio que la inconciencia y la ambición destruyeron.

Proeza debió ser atreverse por senderos inaccesibles, cargando la pesada cámara para captar imágenes de remotos parajes. O tomar vistas al aire libre, en las calles o campos, aprovechando al máximo la luz solar…

Aunque la fotografía llegó a México a mediados del siglo XIX, fue hasta iniciado el siglo XX cuando cobró auge en las grandes ciudades. Más, para los fotógrafos de provincia no era fácil adquirir los materiales necesarios y resolver problemas que les plantearía una actividad tan difícil. Sin embargo, se las ingeniaban para tener siempre listo su equipo.

¿Quién o quiénes enseñarían el arte fotográfico a nuestros primeros fotógrafos? ¿Dónde aprenderían los secretos de Daguerre? ¿Cuántos y quiénes serían los fotógrafos tuxtlecos que están en el olvido? En cuántos sótanos se guardarán fotografías que, tal vez, nunca han salido a la luz ?….Cuanta historia gráfica de nuestros pueblos andará desperdigada…?

De algunos fotógrafos tuxtlecos conocemos su nombre o parte de su obra…Julián Torres, Salvador del Castillo, en San Andrés. Agustín Moreno Armengual, Luis Cadena Pérez, Gerardo López, en Catemaco… ¿Y de Santiago Tuxtla?… De años más recientes Quintín Alvarado Torres –de especial sensibilidad para captar paisajes-, Oscar Enríquez…Ricardo Reta, aunque no nativo de Los Tuxtlas, fue enamorado del entorno y se propuso fotografiarlo…

Pero seguramente habrá más nombres que no deben quedar en el olvido…Pues interesante será conocer quiénes fueron los tuxtlecos o llegados de otros lugares, interesados en retener fragmentos de nuestro entorno e historia en las placas fotográficas.

El ojo del fotógrafo, la luz y el nitrato de plata detuvieron el instante, el tiempo lo cubrió de tono sepia, color de recuerdo y nostalgia… Sí, nostalgia por todo lo grato, bello, irrecuperable, cuya esencia recogió la cámara y quedó retenido en una placa.

Y por recordables, por nostálgicas las fotos antiguas se conservan como testimonio gráfico de lo que fue….Quién no ha gustado darle vuelta al tiempo y contemplar antiguos álbumes familiares… Hojear los libros del Archivo Casasola y antiguas revistas, o hurgar entre las postales de la antigua agencia México Fotográfico…

Hoy en día, gracias a los recursos digitales, se ha arraigado la costumbre de ponerles créditos o falsas autorías a las fotos antiguas. Quien las rescata o amplifica las presenta como de su autoría, cuando lo correcto es respetar y conservar la firma o marca de quien originalmente la realizó…

Las fotos antiguas tienen valor de tesoro familiar, de objeto raro o curioso, de testimonio histórico y documental…y esa insustituible carga emotiva que les da el sepia del tiempo y la nostalgia.

©shg