 Carroña: el miasma, freno del PRI

En los días del silencio, en la antesala del banderazo de las campañas proselitistas del aciago idus de marzo, hay la percepción popular que los candidatos a la gubernatura de Veracruz deberían de someterse a un exorcismo, sobre todo el del PRI, para retirar los demonios apocalípticos que ceben su triunfo el primer domingo de julio próximo.
De las tres principales fuerzas políticas que lideran las coaliciones en el país, el PRI de Pepe Yunes es el más obligado a redimirse con los electores que lo expulsaron del intríngulis de Palacio de Gobierno el 5 de junio de 2016 por el lastre de corrupción que engendró en Veracruz el mofletudo y aprendiz de estratega Javier Duarte.
A los aliancistas del PAN-PRD, actualmente en el poder y con los cuernos en la luna en la entidad, no les preocupa ni les acongoja que su tlatoani MAYL no haya respondido a las expectativas ni a las circunstancias del electorado en general o particular. ¿Habrá voto de castigo diferenciado? Por supuesto. A los aliancistas se les revertirán sus medias verdades y sus falsas promesas.
El tlatoani, sin duda, tiene cifrado su capital político no precisamente en sus pírricos logros como la aprehensión de los integrantes de la cofradía del Duartegate. Despojar de todo tipo de poder a los priistas fue el propósito más no el objetivo, sino en el control de los 170 de los 212 municipios gobernados por el PAN-PRD y la mayoría de la LVXII Legislatura local.
Bajo el examen férreo de su bienio casi absolutista de los programas sociales con la mano suave de la presidenta del DIF Estatal, Leticia Yunes, y la amenaza velada de sus testaferros, el gobierno aliancista le permite el maniqueo que le habrán de significar a la postre suma de votos para la causa del Juñior como candidato a gobernador por el PAN-PRD.
El tlatoani montará, conociendo sus estratagemas, una oficina paralela al búnker albiazul-amarillo, donde se instalarán sus operadores del altiplano que manejaron su campaña en 2016, al mejor estilo de los SS de Adolfo Hitler, para asegurar su victoria el 1 de julio y sellar el continuismo de la oligarquía de los Yunes azules.
Los Moreno o “prietos”, llamados peyorativamente por el intrigoso y renegado dirigente –de barro- del PRI, Enrique Ochoa Reza, el partido milagro que saltó de la nada en Veracruz hasta convertirse en una realidad suspicazmente para bien o para mal, que representa el diputado federal con licencia y por segunda vez candidato a la gubernatura, Cuitláhuac García Jiménez, tiene la oportunidad de oro para convertirse en la sorpresa inédita en el vórtice electoral.
Morena, al igual que el PAN-PRD, se convirtió en la franquicia ideal de sus caudillos Andrés Manuel López Obrador y Miguel Ángel Yunes Linares, gracias a los colapsos de las cúpulas del PRI en turno y de sus guías morales, el presidente de la república, se convirtieron en el contrapeso del tricolor pero con un vértice más degradante, inmoral y perverso en las competencias electorales.
Cuitláhuac García y Morena no tienen nada que perder en el hándicap gubernamental, pero si mucho que ganar en el proceso local y federal. De hecho Morena le sigue apostando al desplome del PRI y su candidato José Antonio Meade en las encuestas y que ese efecto trepidatorio concatene la caída de Pepe Yunes.
Si esto llegase a ocurrir en el arranque de las campañas proselitistas en la última semana del controversial mes de marzo –se conmemora el crimen del malogrado candidato presidencial priista Luis Donaldo Colosio Murrieta-, estaríamos siendo testigos de una disputa cerrada entre el neopanista Miguel Ángel Juñior y el morenista Cuitláhuac García.
Por todo el esfuerzo, tiempo y dinero que le ha invertido la familia Yunes Zorrilla al proyecto de Pepe Yunes, más les vale al círculo estrecho de operadores del candidato a la gubernatura de Veracruz que reconsideren la estrategia, privilegiando la experiencia, concertación, diálogo, humildad, inclusión sin menospreciar a nadie por magro que sea y, sobre todo, la lealtad para obtener un triunfo aplastante el 1 de julio.
A estas virtudes, el PRI de Pepe Yunes debe actuar con vigor sin que le tiemble la mano o el coxis para sacudir el panal priista y deshacerse de lacras, traidores, trapecistas y carroñeros de baja estofa que desde las elecciones de 1977, 2000, 2004, 2016 y 2017 jamás fueron sancionados por la deshonrosa Comisión de Honor y Justicia de la cúpula del PRI. Se la han llevado de “muertito”.
Este impasse electoral que por ley federal impone el voto del silencio, excepto los de castidad, expiación y flagelación, que permite a candidatos a la gubernatura, diputados locales y federales y senadores conocer a fondo los pros y contra del intríngulis político, es la coyuntura para que el senador con licencia destierre a priistas simuladores, pueriles, abyectos y abominables de su campaña.
Si Pepe Yunes quiere ganar la batalla electoral es el momento para rescatar la prostituida moral pública, combatir la carroña que se ha enquistado en las venas de la política y que han erosionado el aparato gubernamental y las estructuras del expartido gobernante.
Los noveles son ciegos, intolerantes y asimétricos. Si no extirpa la deslealtad, la doble moral y otros miasmas estaremos ante más de lo mismo y será la crónica de una derrota anunciada. ¿De acuerdo?