El ruido fuerte del silencio

“Todos somos mortales hasta el primer beso y la segunda copa de vino”.
–Eduardo Galeano

El músico jazzista Miles Davis dijo en cierta ocasión que el silencio es el ruido más fuerte, quizás el más fuerte de los ruidos. A decir verdad, no lo dudo ni tantito, sobre todo a ciertas horas de la noche, cuando los nervios alterados por el ajetreo laboral y de la mediocridad se van diluyendo en el disfrute de un té o café, escuchando los instantes nocturnos; ese ruido fuerte del silencio que nos permite oír nuestro interior y alimentarlo de una buena lectura o quizás de una exquisita charla, para luego volver a los segundos aterradores de silencio que son los que nos impulsan a inventar, crear y construir nuestra vida apacible para continuar mañana. Claro, siempre y cuando no molesten los vecinos de al lado con música estruendosa y discusiones familiares amplificadas –algunas interesantes para el chisme-, salvo el gemido de las parejas al cupular porque, al menos a mí, me excitan y entonces alimento más mi imaginación, con que no intervenga el grito del bebé que le urge otro pañal.

Ese silencio me fascina. Pero el ruido, el ruido de la televisión, la radio, los reproductores de bulla, etc., sobre todo cuando degusto un delicado platillo enchilado durante los sagrados alimentos, de cierto les digo que me enchilan, es decir me encabronan, porque entran como bufones, taladro en mano, no invitados al banquete. ¿Acaso nuestros oídos están embotados de sonidos de las alcantarillas? ¿Acaso el síntoma de nuestro tiempo es que nuestra sensibilidad está hecho mier… y ya no distinguimos ni siquiera el sonido de una flauta a un claxon –iba a decir pito?

Ni qué decir de otros ruidos que a diario nos aturden, como las palabrerías que sólo nos quitan el tiempo, empeñados que estamos en perderlo en nimiedades. Por no hablar de los gritos de nuestra conciencia. Eso es otra historia y cada quien que se la rasque como pueda.

El ruido que más me exaspera (entre otros muchos), es el de los vendedores de gas, porque no contentos con su golpeteo al cilindro -¿no es peligroso?-, encima nos ponen la música pa’ bailar de rabia a las 6 de la mañana. ¿De eso da cuenta alguna ley o reglamento? ¿No lo pueden prohibir?

Desde luego, no es pa’ que me manden a la isla de Robinson Crusoe. Aunque muchos estarían contentos de que así fuese.

El pasado mes de julio, los diputados de la LXIV Legislatura local reformaron la Ley Contra el Ruido en el Estado, para establecer y actualizar reglas a que deben sujetarse la producción de ruidos y demás sonidos que pudieran ocasionar molestias a la comunidad, ya sea por la hora, por su naturaleza o por su frecuencia.

Según esta reforma, para efectos de ruidos se consideran los producidos con instrumentos musicales, por aparatos de radio-receptores, aparatos mecánicos de  música, electrónicos, digitales u otros reproductores de música, así como los producidos con fines de propaganda comercial, ya sea por medio de instrumentos musicales, de la voz humana amplificada por micrófono, o de otros medios, que sobrepasen los niveles permitidos por la Norma Oficial Mexicana.

Bien, el chiste es que aún no está vigente, puesto que no la han publicado en la Gaceta Oficial del Estado –¿hasta cuándo?-, y lo peor: se establece que la vigilancia sobre el cumplimiento de las disposiciones contenidas queda a cargo, principalmente, del personal de Tránsito y Policía Vial o en su defecto del personal que designen los ayuntamientos, quien deberá levantar las infracciones correspondientes.

Se agrega que la coordinación sobre el cumplimiento de las reglas anteriores, queda a cargo de la Procuraduría de  Medio Ambiente del Estado, quien emitirá los lineamientos y dictará las medidas correspondientes. Todos los ayuntamientos deberán reglamentar y hacer cumplir esta Ley a través de sus áreas encargadas en materia medio ambiental.

Tons, ¿qué, mami? A seguir esperando y mirando, porque tal parece que los mexicanos nos pasamos por el arco del triunfo las leyes. Llegado el caso de que no se cumpla, ¿por qué no gritamos y exigimos nuestros derechos? Porque, finalmente, a las autoridades les vale…

¿O seguiremos, mejor, oyendo balaceras, sirenas de ambulancia y patrullas, llantos por asesinatos y “ausencias” de familiares y amigos? ¿O es más fuerte el silencio de nuestra conciencia?

De cinismo y anexas

Si no han visto la película documental “Chavela Vargas”, no se la pierdan, amigos, sobre todo para aquellos amantes de la música ranchera, la soledad y silencio. Por cierto, Chavelita dijo alguna vez: “Lo supe siempre. No hay nadie que aguante la libertad ajena; a nadie le gusta vivir con una persona libre. Si eres libre, ése es el precio que tienes que pagar: la soledad.”

Por cierto, Paul Auster escribió: “La literatura es esencialmente soledad. Se escribe en soledad, se lee en soledad y, pese a todo, el acto de la lectura permite una comunicación entre dos seres humanos.”

Ahí se ven.