• El nuevo amanecer

Para bien de las mayorías de Veracruz la pesadilla metaconstitucional que se erigió el Poder Ejecutivo del estado —extralimitó sus facultades sometiendo a los poderes Judicial y Legislativo para combatir a sus adversarios—, ha terminado. ¡Ufff! ¡Pueril! Ha dejado el estado con una crisis histórica sinigual, como si le hubiese pasado la marabunta.

La esperanza de los votantes, en especial, el millón 667 mil 239 sufragantes que coronó el 1 de julio de 2018 el triunfo del candidato y hoy gobernador, está centrada en el morenista Cuitláhuac García Jiménez, como el nuevo tlatoani que ha empezado a gobernar Veracruz desde el primer minuto del 1 de diciembre.

Veracruz padeció por dos años un infierno que provocó un gobernante paranoico, que a pesar de su vasta experiencia política, lo perdió la patología del poder. Todos, sin excepción, padecimos de una justicia dirigida, de una singular anomia que lastimó a la sociedad en general, principalmente las capas desposeídas y populares del estado.

No será fácil reconstruir las instituciones públicas de Veracruz. De Fidel Herrera Beltrán, Javier Duarte y Miguel Ángel Yunes Linares, el tejido social se colapsó, las instituciones republicanas están penetradas por el crimen organizado. La narcoviolencia tiene en jaque al estado por los cuatro puntos cardinales.

Será una tarea titánica, pero no difícil que tendrá que enfrentar el gobernador Cuitláhuac García Jiménez —el primer mandatario ingeniero electromecánico que tiene Veracruz en una centuria— y su equipo de trabajo. En todas las asignaturas, el reclamo popular coincide que debe haber una visión multifactorial para lograr el éxito a largo plazo, que vaya más allá de un sexenio.

El menú del sexenio, de entrada, con el diagnóstico social de la entidad, de los 212 municipios, debe sentar las bases para atacar la pandemia de la inseguridad pública —el coco de la sociedad civil—, el desempleo, la corrupción, la pobreza extrema, el rezago de pagos a proveedores —una bomba que hay que ir desactivando para recuperar la confianza y certidumbre de los actores afectados— y la salud pública.

La mayoría de los 8 millones de habitantes de Veracruz en los últimos 28 años han sido carne de cañón de los gobernantes en turno con sus demandas sociales, con la excepción de los panistas que votaron por el gobernador saliente.

Será una ardua tarea del gobierno de Cuitláhuac García vencer la incredulidad, el escepticismo, la suspicacia, el desdoro y la sevicia de la población por el catecismo de la nueva moral oficial, que garantice honestidad, transparencia, rendición de cuentas, equidad y puntual respuesta. Pero.

De entrada, el nuevo amanecer idealizado por los votantes, la sociedad civil y ciudadanos de a pie en las directrices del nuevo gobierno que encabeza uno de los férreos y combativos activistas del extinto doctrinario del PSUM, Heberto Castillo, reclaman llevar al banquillo de los acusados al tirano, déspota y soberbio exgobernador MAYL y sus principales testaferros, por violación a los derechos humanos, corrupción, complicidades con el crimen organizado, abuso de poder e incumplimiento de un deber legal.

La sociedad civil agraviada por la lluvia de oprobios, daños y muertes colaterales —empresarios pequeños, medianos y grandes perdieron su fortuna y la vida por adeudos rezagados del gobierno estatal— que causó Miguel Ángel Yunes Linares por sus decisiones excluyentes, filias y fobias, insisten que hay que llevarlo ante la justicia.

No debe haber perdón y olvido para nadie. Que los perdone la Iglesia católica o el arzobispo Hipólito Reyes Larios, quien fue evidente, atrás bambalina, las indulgencias que favoreció en el bienio al ortodoxo religioso gobernador panista, evitó entrar en honduras para condenar a su gobierno por los “ríos de sangre” que ha dejado como estela el crimen organizado.

Hay el reclamo popular para que la justicia abarque hasta el gobierno de Fidel Herrera y Javier Duarte, quienes se enriquecieron del desvío millonario de los dineros del erario público. De Miguel Alemán Velasco (1988/2004) para acá, Veracruz vivió y vive una involución social. El desarrollo social fue ficticio.

La deuda pública que dejaron Miguel y Fidel se convirtió en una pesada loza con Javier Duarte y Miguel Ángel Yunes. Con el enriquecimiento ilícito de las camarillas que gobernaron de 1988 a 2018, los veracruzanos perdieron 30 años de desarrollo social, la pobreza extrema se extendió, la desigualdad se hizo abismal y parafraseando al expresidente José López Portillo, Veracruz se erigió en un estado de ‘cínicos’.

Según especialistas en seguridad nacional, la entidad se ha convertido en un ‘narcoestado’, verbigracia el affaire reciente de los pilotos Andrés Vargas Flores, de 30 años, y Héctor Jabes Rincón Torres, de 33 años, atrapados en Venezuela el 12 de junio de 2018, cuando se desplomó la aeronave que tripulaban que había descargado un cargamento de droga. El affaire mereció una cortina de humo.

Este y otros casos mediáticos han venido haciendo ruido en las altas esferas del poder público desde el sexenio de Patricio Chirinos Calero (1992/98), lo toleró Miguel Alemán (1998/ 2004) y se arraigó con Fidel Herrera (2004/2010), Javier Duarte (2010/2016) y lo combatió de dientes para afuera Miguel Ángel Yunes (2016/18).

La sociedad civil votó por un cambio todo terreno; sin protagonismos estériles, dobleces, simulaciones, doble discurso, sin ‘moches’, dadivas o canonjías. Urge una cirugía mayor Veracruz. A grandes males reformas profundas para superar la gran depresión. El gobernador morenista tiene limitaciones, pero hay que concederle el beneficio de la duda.

Requiere la suma de voluntades de todos los actores sociales del poder público, pero éste debe darse sin sometimiento, vasallaje o cooptación, manteniendo el respeto y libertad de quienes discrepen con el tlatoani o su equipo de colaboradores. ¡Aguardemos el futuro! Es la esperanza por el nuevo amanecer.