• EL VIEJO

El año viejo es caracterizado por un monigote, que representa básicamente al año que termina, se elabora con ropa que ya no se usa, cartón o papel, se rellena con paja o aserrín y, se le agregan artefactos pirotécnicos, para ser quemado a las 12 noche del 31 de diciembre.

De origen europeo, esta costumbre llega a México y a otros países latinoamericanos, a raíz de la conquista española; derivada de ritos paganos como las Saturnales de los Romanos o el Olentzero del país Vasco y Navarra en España. En nuestro país esta costumbre ya tenía antecedentes prehispánicos en ritos agrarios y purificadores; algunos elementos como danzas y vestuario de la comparsa, se han incorporado al ritual actual, como parte del sincretismo propio de una cultura mestiza.

En México es común la elaboración y quema de efigies del año viejo y, de lo negativo del año que termina, en los estados de Veracruz, Oaxaca, Chiapas, Yucatán y Tabasco.

En Veracruz los indígenas Mixe–Popolucas de Oluta, realizan una danza que es conocida con el nombre de “El Chenu,” que es el nombre que le dan al monigote y, los danzantes son niños y jóvenes disfrazados de diablos, con ropa de color roja, máscaras con cuernos, cola y un tenedor largo construido de madera, igual que en ciertos países andinos, algunos participantes, también se disfrazan de viudas vestidos de negro, semejando estar embarazadas y, su papel es repetir un diálogo que antes se aprenden y, llorar a la hora que se quema el chenu.

A San Andrés, llega esta costumbre a principios del siglo XX y, es Don Ciriaco Medel quien proveniente del puerto de Veracruz, donde trabajó como obrero en el muelle, fue quien trajo a nuestra ciudad esta tradición; la familia vivía por el rumbo del camino viejo a Catemaco (hoy calle Gómez Pedraza).

A principios del mes de diciembre los Medel, se organizaban con jóvenes entusiastas de diversos barrios de la ciudad, para preparar la comparsa del viejo; primeramente se repartían los personajes de acuerdo a sus destrezas y habilidades, luego se les daba el diálogo para que lo memorizaran; los participantes eran jóvenes mayores y ensayaban en casa de la familia Medel todas las tardes después de salir de sus trabajos.

Los personajes que caracterizaban eran: el viejo, la viuda, la amante embarazada, el doctor, el ángel, el diablo, la muerte, el cura, los hijos y, ensayaban sus personajes, así como el estribillo que cantaban y bailaban, que decía…

Una limosna para este pobre viejo,

una limosna para este pobre viejo,

que ha dejado hijos,

que ha dejado hijos,

para el año nuevo.

Ya don Ferrruco se muere de tristeza,

Ya don Ferruco se muere de tristeza,

porque a media noche,

porque a media noche,

le cortan su cabeza.

Ahí viene el viejo muriéndose de risa,

ahí viene el viejo muriéndose de risa,

porque a media noche,

porque a media noche,

lo vuelven cenizas.

Cuando era joven usaba pantalón,

cuando era joven usaba pantalón,

ahora que ya es viejo,

ahora que ya es viejo,

no usa calzón.

etc.

Los demás versos los componían chuscamente de acuerdo a las circunstancias o lo que se les ocurriera en el momento, le iban agregando, con un ingenio muy especial, como hacen los decimeros.

La trama se desenvolvía en torno al viejo; dentro de la parodia, bailando todos haciéndose travesuras, en un momento dado, el viejo caía con su ataque y, se iniciaban los llantos de la viuda y los hijos, pidiendo auxilio y solicitando, primero al médico; al diagnosticar su gravedad, llamaban al cura, el cual le daba la absolución; mientras tanto la muerte, el diablo y el ángel le andaban rondando al viejo queriéndoselo llevar; a todo esto, entraba la amante del viejo que venía embarazada y, reclamaba el querer verlo y exigía su herencia; era entonces cuando se desataba un pleito entre la viuda y la amante.

En este momento que era el más divertido, se daban con todo, se jalaban el chongo, los hijos le entraban a los insultos; al darse la noticia de que el viejo moría, comenzaban los gritos más fuertes, la viuda caía fulminada con su ataque de dolor y, el diablo y la muerte iniciaban su pleito y, jalaban al viejo cada uno para su lado, queriéndoselo llevar, el cura les echaba agua bendita, el ángel también lo quería retener y, los hijos y la amante tirados sobre el cuerpo del viejo, lloraban amargamente, diciendo cosas muy chistosa y haciendo movimientos que causaban risa a todos los presente.

Al final todos comenzaban nuevamente a bailar y a cantar,” una limosna para es te pobre viejo, etc. y con unas latitas, pasaban a recoger la limosna, misma que se guardaba, para comprar los cohetes que se le ponían al muñeco que representaba al viejo que se quemaba el 31 de diciembre a las 12 de la noche, en el Parque Central (hoy Parque Lerdo), era el único viejo en toda la ciudad, allí se congregaban las personas a ver la quema.

Todo este ritual iba acompañado por la cena de fin de año en cada uno de los hogares, que por lo general era “Totole relleno”, y la misa de fin de año, que iniciaba a las 11 de la noche y terminaba unos minutos antes de las 12, para coincidir con la quema del viejo.

Al término, seguía el baile popular en el parque y, los bailes de gala eran en el Casino Sanandrescano, para las familias acomodadas y, en el Centro Social Unión, para la gente de clase media. Amenizaban las fiestas de salón, orquestas de talla internacional, las cuales alternaban con la Orquesta Ideal o con la Marimba “Arpa de Oro” de Don Andrés Rodríguez.

Hoy en día la tradición del viejo ha cambiado mucho, pues en muchas casas queman a sus viejos y, ya no se hace la parodia con el canto y el ingenio de los participantes, todo lo improvisan y en la gran mayoría de los casos son niños los que representan a los personajes, lo cual implica un gran riesgo para ellos a la hora de la quema.

Lo que si podemos ver actualmente en los corredores o frentes de algunas casas es, a los muñecos sentados en su sillón con su botella al lado y su puro o cigarro en la boca, hechos de trapo con careta de cartón y sus latitas para que les depositen su limosna que luego se empleará en cohetes, para la hora de quemarlo; antes eran personas mayores las que actuaban y se aprendían los diálogos y los cantos, el disfraz era acorde al personaje; dentro de lo cómico y chusco, había un toque de formalidad.

En algunas escuelas se está promoviendo esta tradición que se niega a morir, ojalá y todos, autoridades, maestros, padres de familia y la sociedad en general apoyados por los medios de comunicación y sobre todo los jóvenes, contribuyan al rescate de esta singular tradición, organizando concursos y estimulando a las nuevas generaciones que deseen participar, con recursos en especie, como lo hace el Ayuntamiento con otras tradiciones de nuestro pueblo.

Por mi parte es todo, deseo que tengan un año nuevo 2018, lleno de luz, salud, paz, bienestar familiar y prosperidad. Que Dios les bendiga abundantemente.

Profr. Sixto Carvajal

Cronista de San Andrés Tuxtla.