• De mitos y leyendas…

Como todos los antiguos pueblos de la región, Catemaco es lugar de leyendas y mitos…

Hace mucho, mucho tiempo, al declinar el día, cuando entre resplandores rojizos el astro rey se despedía tras el cerro de Tío Luz, lentamente la penumbra vespertina con su velo de misterio, envolvía a la pequeña Villa.

Al toque de la oración las callecitas quedaban desiertas y se cerraban puertas y ventanas. Hombres, mujeres y niños se congregaban al calor del fuego hogareño para esperar el sueño, que llegaba entre plegarias y cuentos, entre resplandores de estrellas o de luna y entre promesas de un nuevo y venturoso día…

Y cuando todo dormía y sólo el canto de los grillos, el croar de las ranas y algún ladrido rompían el silencio, la magia de los mitos despertaba…

En lo profundo de la poza de Axmolapan, el Gran Salvaje se preparaba para iniciar su nocturno recorrido y asustar gente…En los parajes sombrìos del lago, los Cheneques o Tlaloques se adiestraban en nuevas travesuras y esperaban el paso de algún incauto a quien asustar…

En el ojo de agua de Nixtamalapan, el Yobaltaba aguardaba la hora propicia para bajar al pueblo en busca de aguardiente… Mientras, en las cuevas del cerro de Mono Blanco los Chamanes renovaban su pacto con el Maligno y los Nahuales comenzaban sus ritos de transformación… Y en el cerro Puntiagudo la Vieja Chichima pensaba deleitosa en los niños llorones…

Pero además, de estas creaturas de mítica tradición, había otros personajes siniestros o chuscos que completaban la mitología local o regional. Cada uno tiene su historia; este es solo un breve recuento…

“La Llorona”. Personaje mítico de casi todos los pueblos hispanoamericanos; llora buscando sus hijos. Aquí en varias ocasiones aparecieron “lloronas” a las que pandillas de muchachos atraparon descubriendo su humano origen…

”El sin cabeza”, ser terrorífico que–decían- se aparecía en un patio de una céntrica casa.

“EL Encanto”. Enigmático y bello paraje en algún lugar de la intricada selva. Donde -cuentan- conviven Dios y el Demonio, el bien el mal…Los pocos que lograron conocerlo, murieron al poco tiempo, víctimas de terribles alucinaciones.

“El Familiar”. Duendecillos o espíritus chocarreros que están al servicio (especie de esclavos) de la persona que ha firmado pacto diabólico.

“La Nahuala”. Hechicera que tenía el poder de cambiar su figura a voluntad. Podía convertirse en ave, perro, toro o marrana…Se cuenta que mediando el siglo XX, unos trasnochadores dieron una fuerte paliza a cierta marrana que hacía rato los seguía…Al otro día, una mujer amaneció horriblemente golpeada. Era la Nahuala, la mujer con fama de bruja

“El que no podían enterrar”. Hechicero que a la hora de enterrarlo la fosa se hacía chica; así batallaron largo tiempo los enterradores, hasta que alguien se le ocurrió decir cierto conjuro. Entonces fue posible acomodarlo en su fosa.

“El caballo de Diablo”. Hace décadas, por las noches por algunas calles céntricas de Catemaco, se escuchaba el tropel y bufido del misterioso equino; algunos aseguraban haberlo visto. Una ocasión, en tempranas horas nocturnas, por los rumbos del llano del Rodeo se apareció a un grupo, se les fue encima y dio muerte a una persona…Del caballo nada se supo. Despareció.

“Los perros de Abraham.” La noche que velaban su cadáver del renombrado hechicero, unos siniestros perros negros arrastraron sus despojos a la selva…Nunca apareció, sólo encontraron la mortaja.

“El que no podía morir”. Por practicar la hechicería y haber firmado un pacto diabólica el sujeto, preso de grave enfermedad, no podía morir…hasta que otros hechiceros suplicaron al demonio le concediera descansar en paz.

“La Dientona”. Hechicera que se aparecía por las callejuelas tenebrosas asustando a los trasnochadores. Su nombre hace referencia a sus grades protuberancias dentales…

“La Perra chichona”. Dícese que los rumbos apartadas, en noches de Luna, se dejaba ver a una perra negra, amamantando a un camada de cachorros. Lo extraño era su gran tamaño y la furia con que atacaba a quien se encontraba con ella. Por eso quienes la columbraban en la oscuridad huían despavoridos.

“Los perros negros”.- Que pululaban en las noches. Dicen que eran las almas de que murieron sin cumplir compromisos con el demonio; andaban vagando por las callejuelas del mundo, asustando gente…

No son todos. La lista de personajes “sobrenaturales “se extiende si agregamos los relatos sobre almas en pena, fuegos fatuos, bolas de lumbre, tecolotes agoreros… Y también sobre “extraterrestres” y fenómenos de explicación desconocida, que la imaginaria popular convirtió en mito o leyenda…Será en otra ocasión.

Noctámbulos seres que poblaban de magia y fantasía los sueños de muchos durmientes. Y, al fin pesadillas, se desvanecían al despuntar el alba, cuando la bruma de plata mañanera empezaba a lavar la cara de ese Catemaco antiguo, pueblito pintoresco y risueño, cobijado a orillas de su apacible lago.

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