• Los hermanos Mixtega

Los hermanos Mixtega, Juan y Clemente, fueron dos legendarios músicos campesinos que conocían muchos sones antiguos y dominaban las viejas afinaciones que usaron sus ancestros. Su abuelo y su padre también fueron jaraneros de la comunidad de Tonalapan, Don Genaro Mixtega que era el nombre de su padre, tocaba una jarana tercerola y su madre Etanislada Baxin apreciaba el baile y la música.

Juan nació en pleno movimiento revolucionario en 1917, cuando había que huir al monte para no caer en manos de la leva y Mencho en 1921. El gusto por la música se da en el seno familiar cuando muy niños veían a su padre y su abuelo sacar sus taburetes al patio y ponerse a tocar con Tino Pava, un extraordinario guitarrero del lugar, pero su alegría era mayor al ver a las mujeres bailar y darle vuelo a la pollera que usaban por ese tiempo.

Tío quillo tenía una voz ronca por eso nunca se atrevió a cantar, pero hablaba mucho, con una memoria extraordinaria, fresca, recordando cada detalle de sus vivencias a sus más de ochenta años, Mencho era callado hablaba poco, pero lo que quería decir lo expresaba con el pespunte de su guitarra.

Juan aprendió a tocar a los once años, pero no tenía instrumento propio, a escondidas utilizaba el de su papa. Un sábado de gloria estaba tocando la jarana cuando su papa entro y lo agarro a cuartazos con una binza de toro, que en ese entonces se acostumbraba usar en las casas, el creyó por mucho tiempo que había sido por haber agarrado el instrumento, pero la realidad era que en esa época se creía que al medio día en punto se habría la gloria y los padres les pegaban a sus hijos para que crecieran fuertes y sanos.

Tiempo después quillo volvió a agarrar la jarana y ya no la soltó, se divirtió con ella por todos lados, asistiendo a su primer huapango cuando recién cumplía los catorce años de edad.

En 2003 fue su última tocada, habíamos asistido a las fiestas de Candelaria en febrero, al momento de subir al estrado se nos desapareció y subimos sin él, el cual se integró a medio son, cuando bajamos le preguntamos porque se había ausentado al momento de subir y contesto:

-Mira Andrés, presiento que es la última vez que vengo con ustedes para acá y me dio tristeza, me dieron ganas de tomarme una cervecita y me la fui a tomar.

Y así fue, esa fue su última tocada, a las pocas semanas cayó víctima de un derrame cerebral y meses más tarde nos dejó cuando contaba con 86 años de edad.

Mencho aprendió a los diez años a tocar la jarana que su papa le había mandado a hacer, como le gustaba la música aprendió rápido, tiempo después don Genaro le encargo al guitarrero Tino Pava que le enseñara a tocar la guitarra, siendo así como aprendió todos los secretos de uno de los más diestros guitarreros de por esos rumbos del cerro.

A los 19 años la joven Rafaela Maxo Xolo, que le gustaba mucho el huapango se enamoró de su forma de tocar, huyéndose con él, formando así una familia. Ya para este tiempo era compañero de andanzas de Tino Pava en las fiestas de por el rumbo. Todos los sábados bajaba guitarra en mano a los huapangos que se hacían en los barrios de San Andrés.

Un día como a eso de las tres de la mañana iba subiendo hacia Tonalapan por ese camino lleno de árboles de mango, después de haberse divertido, cuando de pronto sintió que en el sombrero le caían una especie de piedrecillas o arena, levanto la vista para ver quien las arrojaba pero no había nadie, siguió caminando y lo mismo, sentía la caída de las piedrecillas, pero no veía nada, solo se escuchaba como entre las ramas de los arboles había algo que se movía, pero no se dejaba ver, así siguió avanzando , al llegar a un claro de luz levanto una piedra y continuo su camino, cuando de repente volvió a sentir la caída de la arena sobre su sombrero, entonces agudizo su oído y por donde escucho el ruido de las ramas aventó con toda su fuerza la piedra y solo se escuchó caer un pesado bulto, no espero ver que era , a toda prisa se alejó del lugar hasta llegar a la ranchería.

El lunes temprano se alisto para ir al campo y en el camino se encontró con su amigo Layo Bustamante que llevaba su brazo vendado, sorprendido le pregunto:

-Que te paso primo, ¿porque traes el brazo malo?

-Nada cebollín- así le decían a Mencho- me caí y me lastimé.

Lo que paso es que Layo sabia sus cosas y le gustaba hacer travesuras a los amigos y fue el que andaba asustando a Mencho.

Después se vinieron a vivir a San Andrés y ya aquí se encontraron con Simón Cágal y su hijo Félix, y conformaron el grupo de los hermanos Mixtega, posteriormente se unió Ignacio Cobáxin, Ignacio Cágal y Pedro Malaga para conformar el grupo San Andrés.

Los barrios y rancherías dieron cuenta de su presencia en los huapangos o velorios que realizaban por ese entonces, de esa manera recorrieron cada rincón del pueblo con su guitarra y la jarana en la mano.