• Doña Lupita Martínez Isla

“El maestro es el forjador de pensamientos en el yunque de la razón y la fuerza del conocimiento, es el crisol que amalgama los principios de libertad, igualdad y fraternidad para construir y reconstruir sociedades mejores.”

Antes de la revolución y después de ella, la educación en México era muy precaria y solo podían estar en la escuela quienes gozaban de cierta solvencia económica, por lo que los hijos de los obreros y campesinos prácticamente quedaban excluidos, porque tenían que trabajar para apoyar la economía del hogar. El analfabetismo era brutal y lo aprovechaban los caciques para la explotación de los hombres en el campo por un salario miserable.

Con la llegada de Lázaro Cárdenas a la presidencia de la república en 1934 se impulsó la educación socialista, se formaron brigadas entre obreros y campesinos donde todo aquel que supiera leer tenía que enseñar a los que no sabían. Se abrió un mayor espacio para aquellos jóvenes que terminaban su primaria superior, dándoles la oportunidad de trabajar en el área rural como maestro.

El maestro rural se convertía en el personaje más importante de la comunidad, líder en una población sedienta de saber, de hacer y de ser.

En este periodo se forjaron los verdaderos apóstoles de la educación entre los que recuerda a la profesora Chonita Tenorio, las maestras Ballado, Leonel Torres Fuentes, Agustín Ortega, Sarita Moreno y tantos y tantos maestros que lucharon contra el analfabetismo en las comunidades cargando en su andar con la familia.

La Profesora Guadalupe Martínez Isla fue una de esas guerreras del campo educativo. Ella fue hija del Sr. Rafael Martínez Plata, dueño de la tienda “La Perla de San Juan” ubicada en la esquina de Serapio Rendón y Dr. Artigas, del barrio de San Juan.

La maestra contaba con 16 años cuando en 1932 empujada por las necesidades económicas y el gusto de enseñar decide incursionar en el campo de la docencia en el área rural, que es donde hacían falta maestros.

Como profesora rural federal laboro en las comunidades de los Mérida, Caravaca, La Victoria, Axochio, Mazumiapan, Tonalapan, Cerro de las Iguanas, Maxyapan, Salto de Agua de los Islava, Cuatotolapan Viejo, Chacalapan, Nopalapan y La Cañada.

En esos tiempos complejos de movimientos sociales, donde el paxtianísmo había dividido a las comunidades, fueron la expulsión de familias campesinas, la quema de cabañas y el colgar de un árbol al que no estaba de acuerdo con las ideas, la constante que marco la historia de la región. En este ámbito tenía que transitar y laborar el maestro, recorriendo largas jornadas a pie o a caballo, quedándose a vivir por largos periodos en las comunidades asignadas. Esta travesía la vivió la joven maestra siempre acompañada de su madre, la Sra. Josefa Isla Organista.

En Axochio se ganó el respeto del líder agrarista Juan Paxtián, quien comulgaba con el ideario político del Prof. Enrique López Huitrón de implantar la educación socialista en México, por eso se le cuidaba y se le respetaba.

En su corto tiempo como docente siempre inculco el respeto, el trabajo y la solidaridad lo que le permitió influir en el estado de ánimo del campesino para construir escuelas con recursos que aportaba la comunidad, como fueron la yagua, la palma, el bejuco y el tequio del campesino.
Confecciono las banderas para sus centros de trabajo ya que era importante en el proyecto nacionalista de nación, donde la educación jugaba un papel fundamental.

Después de 18 años de trabajar en el magisterio rural decidió retirarse para atender a su familia, pero en 1968 ingresa a laborar en la biblioteca pública municipal donde de una manera atenta y amable atendió a muchas generaciones de niños y jóvenes que acudían a investigar, hasta el año de 1998 en que se jubila.

Fallece el 29 de junio de 2014 a los 98 años de edad, pero sigue viviendo en el pensamiento y los corazones de quienes acudimos a la Biblioteca Pública Municipal, situada en los bajos del palacio municipal para realizar alguna tarea, investigar o simplemente para escuchar sus relatos.