Pero la tragedia humanitaria alcanza otras dimensiones. Por ejemplo, 500 (quinientos) cuerpos de desaparecidos en fosas comunes.
Y sin exhumarse.
Y los 500 en Xalapa, la capital, la sede de los tres poderes, la sede de la Universidad Veracruzana, el centro neurálgico del poder público.
Y simplemente, “por falta de voluntad política” (y social y humanitaria) de la autoridad de acuerdo con la mirada, el dolor y el sufrimiento del Colectivo Familiares Enlaces Xalapa, Carlos Saldaña, el vocero.
Por ejemplo, y entre otros:
Unos 185 (ciento ochenta y cinco) cadáveres en el panteón Palo Verde, de Xalapa.
Más 29 (veintinueve) cuerpos en el panteón El chico.
Más 6, en el panteón de Coatepec.
Más 15 (quince) en el cementerio de Emiliano Zapata.
Todos los cadáveres enviados a las fosas comunes.
Y allí continúan, sin identificarse.
Desidia pública.
Más, porque tienen presupuesto. Y el apoyo de la Comisión Estatal de Búsqueda. Y de algunas ONG.
Y, sin embargo, las semanas y los meses van caminando sin ningún resultado concreto y específico.
Por el contrario, el terror y el pánico multiplicados.
Y multiplicados por lo siguiente:
Uno, la versión de inhumaciones clandestinas.
Y dos, que en vez de fosas comunes sean fosas clandestinas porque “los delincuentes operaban con los policías y los policías los entregaban para que los inhumaran” (Ariadna García).
Nunca, jamás, ni el oráculo de los Llanos de Sotavento vislumbró la posibilidad de que en Veracruz los agravios a los derechos humanos alcanzaran el rincón más arrinconado del infierno, allí de donde ya nadie sale a la vida.
NIÑOS HUÉRFANOS. PAREJAS VIUDAS
Hay pendientes sociales que pueden resolverse con una cosita llamada “fuerza de voluntad”. Voluntad política y voluntad social también le denominan.
Por ejemplo, los quinientos cuerpos de desaparecidos que no han sido exhumados.
Hay presupuesto oficial. Hay materia prima. Hay recursos humanos.
Y, sin embargo, y como dice Carlos Saldaña, del colectivo Familiares Enlaces Xalapa, ni un paso pa’lante y muchos pasos pa’atrás.
La desidia como eje rector y vaso comunicante. La indiferencia. La apatía. El desdén.
En la lógica oficial, estando bien con el chamán, el jefe máximo, el tlatoani, allá que los ángeles y querubines se indignen y encorajinen.
¡Qué terrible desencanto!
Valen el dolor y el sufrimiento de los familiares de las víctimas (sus hijos, primos, tíos, padres, hermanos, etcétera).
Niños huérfanos. Parejas viudas. Padres seniles a la deriva económica y social y que habrían dependido del hijo secuestrado y desaparecido.
Un enorme, inmenso, gigantesco, dolor que con nada se cura.
Más, cuando son tratados desdén los familiares, declarados personas no gratas, indeseables, incómodas, que únicamente perturban la paz de las oficinas y dependencias.
Dice el integrante del Colectivo Familiares Enlaces Xalapa:
“Es lentitud oficial Desde hace mucho hemos pedido apoyo. Y ni así hemos tenido respuestas”.
LOS ÚLTIMOS DESAPARECIDOS
De entrada, quinientos cuerpos de desaparecidos que sepultados en fosas comunes significan quinientas familias.
Niños. Parejas. Hermanos. Tíos. Primos. Amigos. Vecinos. Conocidos.
Una comunidad bastante considerable y que, caray, la mayoría de seguro ciudadanos que también ejercen el legítimo derecho a votar en las urnas en cada proceso electoral.
Pero ni así la autoridad se vuelve humana. Y cumple con su deber y obligación.
500 cuerpos de desaparecidos únicamente en Xalapa y alrededores significan un daño a los más elementales derechos humanos.
El legítimo derecho a vivir. El derecho a existir. El derecho a la coexistencia familiar y a la convivencia con los demás. El derecho a soñar. El derecho a estar y ser. El derecho a vivir sin sobresaltos ni miedos. El derecho a un pedacito de felicidad y dicha. El derecho a procrear una familia. El derecho a querer y amar a la pareja y a los hijos y a los padres y a los tíos y a los primos y a los abuelos.
Pero ni hablar, el peor y más feo rostro social de la vida en los últimos tres años.
Ninguna realidad tan deplorable como unos padres de familia integrados en Colectivos y buscando a sus hijos secuestrados y desaparecidos, quizá asesinados, en fosas comunes y fosas clandestinas.
Únicamente en la última semana, seis desaparecidos más en Veracruz.
Eva Choque, de 33 años, en Orizaba.
Ilse Aguilar, de 22 años, en Tezonapa.
Alejandro Osorio, de 19 años en Córdoba.
Wendoley Bravo, de 19 años, en Maltrata.
Dihlan Jacob, de 26 años, en Amatlán.
Y Luis Alberto Núñez, de 18 años, en Córdoba.

