Continuamos…
La salvación de Moreno, consistió en que Franyuti amonestó duramente a los tres presos hasta con insultos soeces, previniéndoles su inmediato alejamiento definitivo no solo de ahí, sino del contorno; porque de verlos otra vez, podían prepararse a morir “como perros” si no respetaban sus intereses.
Moreno interpretó bien, la orden de alejamiento inmediato insistiendo en que debían marcharse enseguida, pero los otros se fueron a las tiendas a comprar lo que llevarían para conocer en su caminata a pie con rumbo desconocido. Alguno de sus esbirros avisó que no se habían ido los amenazados y temeroso del ascendente de Rodríguez Clara en la gente del campo, ordenó de nuevo su aprehensión y los sacrificó.
Los cadáveres quedaron tirados varios días, con la amenaza de sufrir la misma pena quien se atreviera a sepultarlos; más no se supo como probablemente de noche, alguna persona humanitaria se atrevió a recoger los despojos y le dio sepultura.
Juan Rodríguez Clara, a pesar de su humilde origen por su talento natural se ilustró como pudo, aún cautivo en San Juan de Ulúa, por su afición a la literatura, leyó autores españoles; franceses; mexicanos e indostánicos de preferencia a Tagore, por la circunstancias de su muerte se ignora a donde quedaron sus libros y su producción literaria, pues por su trabajo visitaba distintos lugares, donde se complacía en platicarles lo que sabía y leía.
A raíz de la restauración del Gobierno Constitucional, el Gobernador Tejeda que tenía en alta estima a Rodríguez Clara por su firmeza de convicciones, borró el grotesco nombre del “El burro” para que por decreto especial de la Legislatura impusieran el honroso nombre de “Juan Rodríguez Clara” a la floreciente población que por la primera lucha armada se congregó allí a la margen de la vía, y al comenzar la penúltima por la misma causa se tiñó y consagró su suelo con la noble sangre del mártir agrario “Juan Rodríguez Clara”…
