Mié. Jun 3rd, 2026

El padre de la menor fue el que pidió el auxilio de los cuerpos de seguridad para apoyar en la localización de la menor, luego de que se confirmó que ya no estaba en la escuela. Se desconocen los detalles de la manera en la que pudo darse su desaparición tras ingresar como regularmente lo hacía a la secundaria.

La Comisión Estatal de Búsqueda de Veracruz (CEBV) emitió una ficha oficial para su difusión y la Fiscalía General del Estado (FGE) activó un Protocolo Alba; esta misma autoridad confirmó que la menor ya fue localizada con vida y ahora está de nuevo en casa con su familia.

Sin embargo, debido al aprecio que vecinas de la colonia El Coyol, donde Salvador vivía, le tenían, su destino fue otro.

Con la aprobación de sus familiares, Madahi Leyva acudió al Ayuntamiento de Veracruz para tramitarle una constancia de identidad y poder reclamar su cuerpo, puesto que Salvador carecía de documentos oficiales.

La intención, explica, es velarlo en su domicilio en compañía de aquellos que alguna vez le dieron un vaso de agua o algún alimento para «alivianarle» el día.

La vida de Salvador: un hombre que vivía en las calles

Alejandro Vázquez, amigo de «Wachis» – como él y sus amigos le decían a Salvador – lo conoció sin querer hace 15 o 20 años, cuando llegó a pie al puesto de antojitos de su mamá ubicado en el Médano del Perro.

Ahí Salvador solía pedir agua, café o picadas, según se le antojara. Era atendido por su mamá y procurado ocasionalmente por su hermano, quien le solía lavar las manos si se las veía muy sucias.

Su ruta, explica Alejandro, consistía en caminar desde el Coyol hasta el centro de Veracruz, donde atravesaba calles como Galeana, Sugasti y el Infonavit Médano del Perro, donde lo conoció.

En ocasiones, explica, caminaba por la avenida Xalapa y se sentaba en la central de autobuses ADO o en la Cruz Roja. Luego caminaba por Miguel Alemán y llegaba a la calle Campero, donde visitaba a Alejandro y sus amigos en el gimnasio.

De ahí, se dirigía al centro, donde trabajaba ocasionalmente como acarreador de bolsas. Su «fama», añade, llegaba hasta el callejón Reforma.

Las conversaciones con él eran complejas, ya que debido a los problemas mentales y a los ataques de epilepsia que Salvador enfrentaba, su habla no era clara. Sin embargo, eso no le impidió de hacerse de amigos que disfrutaban su compañía y que hasta selfies se tomaban con él.

Marco es otro de los amigos que tenía Salvador, quien lo recuerda con alegría y tristeza por su muerte.

A lo largo de 5 años en visitas diarias, Marco llegó a conocer que, después de visitarlo, Salvador caminaba hacia el Malecón y pasaba las tardes en la playa.

Su comida favorita, recuerda con emoción, eran los tacos que solía acompañar con agua de limón, horchata o jamaica. «Fue un gusto conocerlo y poderle servir en algo en su corto camino», dice con alegría.

Cuatro días después del accidente, el chofer que conducía el camión que atropelló y provocó la muerte de Salvador, continúa prófugo y sin identificación.