Mié. Jun 3rd, 2026

“Cuidado con las engaños y timos, que se ofrecen a través de Internet. Estamos asistiendo al desarrollo de máquinas que trabajan y toman decisiones por nosotros, que llegan a predecir nuestros comportamientos, que además responden a nuestras preguntas con encantamiento seductor”.

 

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Víctor CORCOBA HERRERO/ Escritor

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 En un momento en el que estamos cada vez más inmersos en territorios de dominación, empedrados por la imperio de la frialdad de las autopistas tecnológicas, nos conviene despertar, porque cuando las personas no se tratan entre sí como seres con corazón, sino como meras expresiones interesadas, en lugar de propiciar el encuentro, para que se promueva el hermanamiento y la paz entre pulsos distintos, lo que suele activarse es la polarización y el extremismo, con lenguajes de indiferencia y abecedarios absurdos. Así pues, es cada vez más urgente y preciso hacer de la complacencia digital una prioridad nacional de salud pública, regulando el diseño de las plataformas para limitar las funciones adictivas y nocivas, capacitando al personal sanitario para orientar a la ciudadanía sobre un uso seguro.

Justamente, un informe reciente publicado por la OMS, subraya como un riego para la salud mental, sobre todo en niños y adolescentes, tanto las redes sociales como las plataformas impulsadas por la inteligencia artificial. La exposición al ciberacoso, los estándares corporales poco realistas, los contenidos dañinos y el marketing maléfico están ahí, cada día más extendidos y poco regulados. Los diversos análisis indican que, aunque se están tomando medidas, hay poco acuerdo sobre quién debe asumir el compromiso. Quizás deba ser conjunto, iniciándose en el propio hogar, pero incluso oyendo a los jóvenes y al sector industrial, exigiendo responsabilidades a los intereses comerciales. Asimismo, la violencia es algo que nos afecta en línea, pero a la par en el día a día.

Cuidado con las engaños y timos, que se ofrecen a través de Internet. Estamos asistiendo al desarrollo de máquinas que trabajan y toman decisiones por nosotros, que llegan a predecir nuestros comportamientos, que además  responden a nuestras preguntas con encantamiento seductor. Será saludable, por consiguiente, para toda la humanidad, hacer un llamamiento a los gobiernos, así como a todos los sectores implicados, que den un paso hacia adelante, en la creación de entornos digitales que cuiden, en lugar de abandonar o descuidar, el bienestar de nuestras generaciones más jóvenes. Activemos los espacios físicos, no únicamente los digitales. Jamás borremos de la memoria, la necesidad de mirarnos frente a frente, para redescubrirnos y evitar trampas.

No hay otra forma de aprender, que tomar como referente aquel que tuvo compasión con nosotros. Sin duda, las personas más pobres son las más desatendidas; de ahí, la importancia de reorganizar los entornos con la clemencia necesaria, como las moradas, las comunidades, las escuelas, los lugares de trabajo, los servicios de atención a la salud o el medio natural. Por otra parte, la brecha de las redes sociales se ensancha cada día más. Las plataformas que prometieron hacer familia y conectar más a la gente, han acentuado diversas formas de división. Para humanizar los ambientes digitales, no debemos arrinconar tampoco a los que se quedan atrás. Ojalá aprendamos a ser comunicadores de encuentros, nunca de encontronazos, pues todo comienza con la capacidad de atender y entender.

Desde luego, si tenemos presente que nos estamos conectando con otras personas detrás de la pantalla, o con programas automáticos que operan llevando a cabo programas asignados, la práctica de la escucha puede extender la acogida a las crónicas de los demás y comenzar a fraguar pertenencias, desde el discernimiento. Reconocer a nuestro prójimo digital es descubrir que la vida de todo ser humano nos concierne, lo que nos demanda no sólo a compartir ideas, a concretar acciones igualmente, que son las que en realidad nos fecundan. Es lógico, en consecuencia, activar el signo de la evidencia como tejedores de aproximación física o anímica; poniendo en común nuestros talentos, de buen fondo y de igual forma, pero también haciéndolo cuerpo a cuerpo y mirándonos a los ojos.

              Víctor CORCOBA HERRERO/ Escritor

_____________________________REFLEXIÓN POÉTICA—————————————————————————————————————————————

 

COMPARTIENDO DIÁLOGOS CONMIGO MISMO

 

LA MORADA DE DIOS ENTRE LOS HOMBRES

 

UN SIGNO HACENDOSO DE ESPERANZA: Este Dios-Trinidad, lo es todo en nosotros, vive a nuestro lado y convive con el fuego del amor, que es lo que nos transforma y nos forma existencialmente. Además, la certeza es lo que nos amanece y reverdece, con un proceder fraguado de místicos anhelos y un ceder para renovarse, brillante de gracia y deslumbrante de alegría.

 

I.- EL ALTÍSIMO ES EL CORAZÓN DEL MUNDO

 

Todas las criaturas avanzan sin cesar,

hemos de hacerlo en unión y unidad,

hacia el término común que es Dios,

en una plenitud de acordes piadosos,

donde el Resucitado nos irradia savia.

Su cruz es la cruz que nos emancipa,

que nos rescata de todas las ofensas,

que nos redime de la masa de penas,

que nos exime de todos los dolores,

pues su voz en el silencio es poesía.

Sin un poder que se adueñe de nada,

pues todo se hace corazón a corazón;

el mundo se vuelve más compasivo,

más armonioso y más providencial,

pues su generosa paz es alegría pura.

II.- LA PROMESA DEL ALTÍSMO ES DAR VIDA

Jesús declara que vivirá en nosotros,

que habitará a nuestro lado siempre;

sí guardamos su Palabra en el obrar,

y sí resguardamos en nuestro andar,

su cercanía transformadora de bien.

El Maestro se arriesga a habitarnos,

a encauzar nuestro despertar diario,

a tramar en nuestra vida su morada,

sólo hay que seguirle y responderle,

reconocer su amor y conocer su luz.

No cerremos los ojos a su evocación,

sigamos noche y día el llamamiento,

vigilemos y sin revelarnos por velar,

pongámonos a disposición de querer,

que darse a Dios es ungirse de gozo.

III.- EL ALTÍSIMO NOS LLENE DE SU PAZ

 

Señor dame tu paz, provéeme dichas,

abastéceme de armonía los lenguajes,

súrteme de energía fraterna cada día,

reúneme junto a ti en espíritu orante,

y vísteme de simpatía los momentos.

Necesito secar mis lágrimas contigo,

enjuagar las pupilas de mis adentros,

rociar mis preocupaciones de tu paz,

absorber mis deseos de tu clemencia,

pues sin ti nada soy y debo serlo todo.

Me desvelo por ser la balada gloriosa,

porque la placidez que Cristo nos da,

es el don de sí mismo para salvarnos,

para llevarnos y elevarnos al Creador,

y no volver a tropezar en lo mundano.

 

Víctor CORCOBA HERRERO

[email protected]

24 de mayo 2025.-