Vie. Jun 5th, 2026

ALGO MÁS QUE PALABRAS

  “Será saludable iniciar la transformación de los ánimos, las mentes y las estructuras hacia un nuevo modelo de desarrollo que prepare un mañana más sistémico e integral para todos”.

Detesto este entorno que globalmente se funde y se confunde, que no respeta su propio latido natural y se encierra en sí mismo, que tampoco comparte nada y que todo lo aglutina para sí. Sean pueblos o ciudades, la pertenencia ha de ser inclusiva y el vocablo a utilizar, un abecedario de cariño entre sus moradores. Juntos es como nos rehacemos, ofreciendo lumbre de parentela y esperanza. Repruebo totalmente la compraventa absurda de sueños, el interés mundano, que lo único que genera es inestabilidad y absurdas contiendas. Las diversas poblaciones, han de generar espacios de concordia, sostenibles y cohesionadas; no es suficiente con dar ayuda de emergencia, se trata de ofrecer abrazos resolutorios que beneficien tanto a quienes llegan como a las comunidades que los reciben.

El objetivo es sentirse genealogía para estar próximos con el prójimo y, bajo esta cercanía, es como se planifican espacios integradores, garantizando moradas dignas y servicios esenciales para no alimentar más barrios marginales, respetando la identidad de cada cual y la solidaridad global. Lo que no es de recibo, es la pasividad a la hora de abordar las múltiples crisis que nos afectan, incluidos el clima y los conflictos, que contribuyen a la desigualdad. Esto me hace pensar en tantas gentes migrantes, que en vez de hallar ese cobijo acogedor, más bien se tropiezan con infinidad de aprietos y desavenencias que se alzan como un lobo contra ellos. Ojalá aprendamos a querernos, eliminando de nosotros aquello que nos lo impide.

Un hábitat con entrañas, siempre tiene algún rincón donde uno es esperado. Por desgracia, la inhumanidad del momento es tan fuerte que hay grupos que se mueven sin nervio, con un latir empedrado de difícil curación, sino aprendemos a reprendernos. La desesperanza e inseguridad, el rápido cambio social y los riesgos de violencia, unido a los problemas que afecten a la salud física, factores y experiencias personales, la interacción social, valores culturales y experiencias hogareñas, también las escolares y laborales, son algunos de los muchos componentes que afectan a la salud mental. Por ello, será saludable iniciar la transformación de los ánimos, las mentes y las estructuras hacia un nuevo modelo de desarrollo que prepare un mañana más sistémico e integral para todos.

Desde luego, a mi juicio es crucial avivar la corresponsabilidad y el protagonismo de las estirpes en todos los espacios, promoviendo su valiosa contribución a la comunidad, con su aporte de cátedras vivientes y usanzas para el bien colectivo. Nunca olvidemos que la persona feliz, es aquella que sea lo que sea, encuentra paz en su nido. Vivir, no meramente requiere desvivirse por vivir, también pide descanso y hospitalidad. Por tanto, en este confuso medio en el que nos movemos, ya sea con los demás o incluso con la naturaleza, se necesita rehacerse uno como huésped y caminante, tanto para acoger a los demás como para recogerse y dejarse amparar. Ciertamente, tenemos mucho que recibir y no sólo que dar, lo importante es estar en guardia con la vida y dejarnos sorprender por ella.

Nuestro horizonte humanístico es vinculante al ambiente natural, raíz de la visión contemplativa y tronco común de fortaleza, ante un porvenir incierto, que requiere de individuos con corazón y sin coraza, para transfigurar los lugares en motores de oportunidad. Sea como fuere, precisamos salir de este orbe tentador a más no poder, que únicamente sabe navegar por la superficie y no mar adentro, vivir corriendo sin saber para qué, convirtiéndonos en consumistas insaciables y esclavizados por los engranajes del poder de un mercado sin escrúpulos, al cual no le interesa el sentido de nuestra existencia, sino el dominio y la dominación. Sin duda, florecemos con el calor de hogar; allí nos advertimos, hallándonos y aprendiendo a cautivarnos, para considerarnos del universo su óptimo verso.

 

_____________________________REFLEXIÓN POÉTICA————————————————————————————————————————————–

 

COMPARTIENDO DIÁLOGOS CONMIGO MISMO

 

SEÑOR JESÚS:

¡ACRECIÉNTANOS LA FUERZA DE LA VIDA!

 

UNO VIVE PORQUE CREE EN ALGO: El espíritu orante del alma con Dios, es un respiro de confianza y una aspiración de esperanza, que perdura en el amor. Realmente, todo se conjuga con el amar y es la fe, que nunca es inútil, la que nos vierte la facultad de mirar con ilusión los dilemas de la vida. También nos ayuda a aceptar incluso los fracasos y las angustias, sabiendo que el mal jamás tendrá la última palabra, porque la certeza mueve montañas y remueve pulsos.

 

I.- LA SANACIÓN DEL CORAZÓN COEXISTE

 

Dios cambia este mundo injusto,

trasformando nuestras entretelas,

cambiando nuestro modo de ser;

sólo hay que ponerse a sus pies,

dejarse querer e ir a su llamada.

 

Hallemos su camino en nosotros,

el que buscamos y rebuscamos,

con la fe como verdad y bondad.

Abrámonos a su tañer incesante,

acojamos su entrada en el alma.

 

No hay mejor curación mística,

que la corriente radiante del sol,

pues todo lo ilumina de dulzura,

que proviene del cielo como luz,

esplendor que nos alaba y eleva.

 

II.- EL CORAZÓN DE LA FE NOS MORA

 

Todo tiene su pulsación métrica,

que con su mística nos reafirma,

en el firme designio de la prueba;

pues aquel que cree, reconsidera;

existe y se asiste, piensa y rumia.

 

La convicción de uno comienza,

donde termina el nefasto orgullo,

una forma de egoísmo que mata,

que nos deja el corazón desierto,

y la mirada en eterna desolación.

 

Ominoso el que no cree en nada,

porque uno es para la confianza,

tanto en los demás como en uno,

pues la fuerza de la vida es la fe,

y si vivimos es porque creemos.

 

III.- CORAZÓN A CORAZÓN SE VIVE

 

Vivir en la fe es avivar el verso,

volverse poesía y mudar pasos,

reanimarse y animarse a existir,

siempre enamorados y gozosos,

de ser para Dios y a Dios amar.

 

Labrar la virtud de la gratuidad,

aunque el mundo no lo entienda,

y no nos lo condecore con vivas,

es un buen modo de glorificarse,

pues la fidelidad no se mercadea.

 

Los latidos de la lealtad son aire,

franqueza de níveas vibraciones,

altruismo y humanidad oferente;

pues si somos un regalo de Dios,

seámoslo similar para los demás.

 

Víctor CORCOBA HERRERO/ Escritor

[email protected]

05 de octubre de 2025.-