Mié. Jul 8th, 2026

“El futuro de la humanidad se proyecta en la familia, forjando comunión y comunidad entre sus miembros, hoy con frecuencia tentada por el desánimo y apenada por las dificultades”.

 

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Víctor CORCOBA HERRERO/ Escritor

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Pongámonos en camino, o sea, en el quehacer cotidiano. Naturalmente, todo esto debe tenerse en cuenta iluminando cada dimensión de la actividad humana, no desde el individualismo, sino desde el compartir, haciendo familia, que es como se custodian voces y rostros humanos. Hoy más que nunca, precisamos que la concordia como deseo y vocación, nos congregue a reflexionar, sobre lo que significa ser artífices de lo armónico en momentos muy complejos, conflictivos e inciertos. Para empezar, tenemos que avivar el encuentro, con el testimonio doméstico del calor de casa, el único capaz de enseñar muchas más cosas de las que pueden decir las palabras. No tenemos otro horizonte más sublime, que allí donde el ser humano viene a la luz.

En efecto, sin esa llama de auténtico amor, todo se desvanece y se derrumba. Son en las raíces de uno mismo donde se aprende humanidad, anteponiendo el auténtico amor, en continuo ofrecimiento natural, por encima de cualquier otro interés y pretensión. Está visto, que nuestra época tiene necesidad de esta sabiduría vinculante para humanizar los nuevos descubrimientos, y no tomar la vía inhumana, que nos deshumaniza por completo. Por ello, la tarea ahora fundamental, al habernos globalizado con lo que esto supone de universalización, es reconstruir pueblos y ciudades inclusivas, resilientes y capaces de proporcionar vivienda segura y oportunidades para todos, garantizando al mismo tiempo que nadie quede atrás. Sin embargo, cada día tenemos más desempleados, hambrientos o sin techo.

Indudablemente, el hogar es donde comienza la dignidad. No hay otra alianza más nívea que la mística cognición progenitora, la que por cierto, debe ser profundamente reconstituida en la cultura actual. Porque es desde este lazo familiar de sensatez y humanidad desinteresada, como podemos influir positivamente en la construcción de un orbe más justo y fraterno. Comencemos por poseer una vivienda adecuada, con acceso a agua limpia y saneamiento, con la energía suficiente para cocinar comida o calentar e iluminar. Se trata de dar, tenencia a lo básico. Sea como fuere, el futuro de la humanidad se proyecta en la familia, forjando comunión y comunidad entre sus miembros, hoy con frecuencia tentada por el desánimo y apenada por las dificultades.

Está bien que, ante los crecientes aprietos, miremos a las estrellas, pero no olvidemos de encender la lumbre en el nido. Seamos como llamas que enciendan otras llamas, en las relaciones familiares. Nuestra perspectiva es la morada, donde se ubica el amor y los seres que nos esperan, con la llave del corazón siempre abierta. Esto requiere el fermento de un espíritu humilde, tanto para acoger como para ser recogido. Al fin y al cabo, todos somos dadores y receptores, nos necesitamos entre sí, y estamos llamados a enriquecernos mutuamente. Recordemos que esto no sucede únicamente a través de los dones materiales, sino también vertiendo una sonrisa, echando una caricia en la mirada, o simplemente, poniéndonos en disposición de escucha.

Personalmente, confieso, que me entusiasma ponerme el oído hacia mí mismo. Hacer balance de lo vivido, me obliga a mantener largas conversaciones en la noche. Sea como fuere, entrar en sintonía con los pulsos y las pausas, que cada cual lleva consigo, es una de mis mayores satisfacciones, aunque no entienda ni una palabra de lo que me digo. Quizás sea, porque aunque uno viva aquí abajo, tenemos nuestros enraizados latidos en los de arriba. Tampoco tiene sentido alguno, constituirnos en amos de nadie ni de nada. Abramos los ojos y que sean las entretelas, las que nos reencuentren. Seguramente entonces, descubramos que el mejor cobijo está en las alturas y nuestra mejor residencia en lo que permanece como patria llena de esfuerzo y ternura, obviando ser alcoba de perversiones.

Víctor CORCOBA HERRERO/ Escritor

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24 de mayo de 2026.-

_____________________________REFLEXIÓN POÉTICA—————————————————————————————————————————————–

 

COMPARTIENDO DIÁLOGOS CONMIGO MISMO

 

EL DON QUE ABRE NUESTRA VIDA AL AMOR

 

LA FUERZA SUPERIOR QUE NOS MUDA DE ESPACIOS: Regresen a nosotros, los vientos curativos del Altísimo, soplen hacia nuestros interiores y háganse crónica viviente. Retorne su aura al ruedo del regocijo. Así, de este modo, todo se reaviva y se redime. El recorrido se vuelve digerible, haciendo que no nos cansemos de vivir. Salvados del maligno, el corazón palpita esperanzado, hace que renazca la alegría y que nazca la armonía entre sones diversos, floreciendo la paz en el alma.

 

I.- LA PUJANZA DEL ESPÍRITU SANTO:

ORIGINA UN RENACER NUEVO

Con la vuelta del Espíritu todo se vence,

se crea un mundo nuevo que nos recrea,

una nueva humanidad que nos hermana;

quitamos recelos e incluimos invención,

hasta estallar de risa y sonreír contento.

En Cristo Jesús, el ser humano se revive,

y puede ser lo que está convocado a ser;

sólo hay que proseguir en su evocación,

dejarse trasferir por su llamada cada día,

como aliento y alimento de subsistencia.

La brisa del amor divino nos reconforta,

nos vivifica interiormente y en relación;

es una llama que llamea sin consumirse,

son lenguas de fuego que nos encadenan,

a ser parte del poema que a Dios ensalza.

II.- EL ÁNIMO ORANTE REUNIDO:

SUSCITA UN INÉDITO RENACER

 

Todos unidos en rogativa nos apoyamos,

es el clima correcto para tomar la gracia,

para recibir mar adentro el don del Padre:

el estímulo de la esperanza como energía,

y el descanso eterno con la quietud santa.

Nunca es tarde para hablar con el Señor,

su verbo nos alienta a brotar como verso,

pues su aire vive en el origen de la vida,

como soplo de bondad y de viva verdad,

como vaho de ciencia con su conciencia.

Fusionados entre nosotros y con Cristo,

nada nos amedrenta y todo se estimula,

desciende un bullicio que nos despierta;

y, a la vez, un sosiego que nos asciende

a reconciliarnos entre sí y en comunión.

 

III.- UN PUEBLO EN CAMINO:

ENGENDRA ANDARES LOZANOS

Allá donde está el brío hay movimiento,

se rehacen caminos y se hacen visiones.

Marchar vale la pena, aunque te caigas;

y, sí me caí, es porque estaba paseando,

descubriendo y describiendo corrientes.

Lo sustancial es pasar haciendo el bien,

recolectando el ministerio de la entrega,

recogiendo y acogiendo el virtuoso latir,

que es lo que nos torna templo de Dios,

y viva morada de cualquier ser viviente.

Que la celeste sabiduría nos manifieste,

a ver todo con los ojos de la concordia;

a entrar en las evidencias de la caridad,

con la prudencia y la preferente piedad,

y bajo la reverencia a la venerable Cruz.

 Víctor CORCOBA HERRERO

[email protected]