Mié. Jun 17th, 2026

El origen precristiano del árbol de navidad…

En muchas partes del mundo, el siempre verde árbol de Navidad es uno de los símbolos más característicos de las fiestas y el comercio navideño su origen. Profundamente religioso, se remota a épocas muy lejanas de la historia.

Prueba de ello se encuentra en la provincia de Bohuslan (en la costa occidental de Suecia) y en la cercana provincia de Osfol (Noruega). Allí, repartidos en unos cinco mil sitios, se han hallado más de setenta y cinco mil grabados rupestres prehistóricas en los muros y paredes de cuevas, algunos de los cuales representan árboles siempre verdes, según los arqueólogos, muchos de los grabados datan de entre los años 1800 y 500 antes de nuestra era cristiana.

Estos grabados dan a entender que el culto al árbol siempre verde empezó antes del nacimiento de Cristo. Este excepcional conjunto de grabados en roca nos da una idea sobre las creencias de pueblos que vivieron mucho antes del nacimiento de Jesús de Nazaret.

Por ejemplo, hay investigadores que opinan que antiguamente en los territorios que hoy conforman Suecia y Noruega, se consideraban símbolos sagrados a los árboles siempre verdes, como el abeto.

¿Por qué harian grabados de abetos los habitantes de estas lejanas costas del Norte? Algunos especialistas dicen que se debió en parte a la extrañeza que estos árboles causaban en la gente en tiempos precristianos cuando se realizaron los dibujos. Es comprensible que un árbol que no pierde su verde follaje, que se mantiene “vivo” cuando los demás parecen morir en el frío, encerrara un ciento misterios.

Los árboles han sido desde siempre símbolos de vida, súper vivencia, e inmortalidad en muchas culturas. Esto también ayuda a explicar por qué los grabados d Bohuslan y Ostfold en Noruega, contenían figuras de árboles muy parecidos al abeto siglos antes de que este se hiciera común en el sur de estos países nórdicos.

El libro Rock Carvings in the Borderland (Grabados rupestres en las regiones fronterizas) editado en colaboración con el Consejo del Patrimonio Nacional Sueco, dice: “Los grabados de árboles son un indicativo de que ya en la Edad de Brone, la región sur de Escandinavia formaba parte de un contexto religioso y cultura mucho más amplio que abarcaba toda Europa y grandes partes de Asia.

La religión y la cosmología fueron adatadas por los pueblos que vivían de la agricultura y la cría de animales. Estos adoraban mayormente a los mismos dioses que los demás, aunque con nombres distintos”.

El folleto titulado The Rock Carving Tour (De gira por los grabados rupestres) editado por el Museo Bohuslas, comenta a este propósito: “Los grabados no se proponían reproducir imágenes de la vida cotidiana, más bien sus figuras eran a nuestro entender, una forma de invocar a los dioses” y añade “sus creencias giraban en torno al eterno ciclo de la vida, la fertilidad, la muerta y el renacimiento”.

Al describir una singular colección de arte pictográfica, creado mucho antes de que el arte de la escritura penetrara en el norte de Europa, NationalencyKlopedia (la enciclopedia nacional sueca) dice: “La marcada presencia de imágenes con gran carga sexual de muestra la importancia que tenía el culto a la fertilidad en la religión de los pueblos nórdicos durante la Edad de Bronce”.

Es obvio que las costumbres relacionadas con los árboles de hoja perenne se difundieron hasta convertirse en parte de la vida en muchos lugares. La enciclopedia Británica dice respecto al árbol de Navidad: “El culto a los árboles era común entre los europeos paganos y sobrevivió a la conversión de estos al cristianismo. Lo hizo bajo la forma de diversos ritos y costumbres como la de colocar un árbol de Navidad a la entrada en el interior de la casa durante la fiesta invernal.

El árbol siempre verde cobro mayor popularidad a partir de 1841, cuando la familia real de la Gran Bretaña utilizó un abeto decorado en sus celebraciones navideñas. Hoy, el árbol de Navidad es conocido en todo el mundo y la demanda de incontables millones de ejemplares –naturales o artificiales- parecer no tener fin.

Entre tanto, los grabados escandinavos son testigos mudos literalmente tallados en piedra, del origen no cristiano del árbol de Navidad.

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