Alborotada gallera de la 4T

De 45 años de edad (12 de julio de 1976), originario de Minatitlán, abogado de la Escuela Libre de Derecho, gente del líder nacional de MORENA, Mario Delgado (gente, a su vez, del presidenciable Marcelo Ebrard Casaubon, secretario de Relaciones Exteriores), elegido presidente de la Mesa Directivo de la Cámara de Diputados con 491 votos a favor y una abstención, Sergio Carlos Gutiérrez Luna está “en los cuernos de la luna”.

Y desde hace ratito ya levantó la mano para encartarse en la sucesión gubernamental de Veracruz en el año 2024.

Primero, se paseó en los medios de la Ciudad de México.

Después, gigantesca comelitona, desayunazazo parece, en Minatitlán, con líderes sureños de MORENA, presidentes municipales electos, funcionarios públicos y dirigentes regionales.

Luego, tiró las mieles del poder a Cuitláhuac García Jiménez, y de quien los observadores aseguran en ningún momento es de su palenque.

Entonces, viajó a Xalapa y sostuvo reunión estelar con la prensa de la capital.

De entrada, destapó a Rocío Nahle García, secretaría de Energía, como una mujer extraordinaria.

Con gran trabajo.

Y quien “puede ser gobernadora de Veracruz o presidenta de la república”.

Un reportero perspicaz le lanzó la pregunta de si soñaba con la candidatura de MORENA a gobernador en el año 2024.

Respuesta: “Ahora… no está en mi mente”.

Fue cuando “tiró la piedra y escondió la mano” y dijo, por ejemplo, frase bíblica, indicativa y significativa, con el doble, triple lenguaje de los políticos:

“Quiero ayudar a López Obrador en la Cuarta Transformación”.

Así, “dejó la víbora chillando”.

“Está güeno”.

Ni se encarta ni se descarta para la candidatura a gobernador de Veracruz. “Ahorita… no está en mi mente”.

Y al mismo tiempo, con el marrullero lenguaje priista de todos los tiempos, juguetea con las circunstancias y arroja el incienso del mundo a la Secretaria Rocío Nahle.

Puede ser, dijo, gobernadora.

Pero también, presidenta de la república.

Claro, quizá lo dijo porque antes, mucho antes, López Obrador destapó a Nahle como presidenciable, luego de que también incluyera a la secretaria de Economía, Tatiana Clouthier, y también, y en primerísimo lugar a la Jefa de Gobierno en la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum Pardo.

Y es que a estas alturas, en el palenque político hay dos tendencias claras y manifiestas:

Una. López Obrador, con Sheinbaum como favorita presidencial, en cuyo grupo están Rocío Nahle y, se afirma en el trascendido, Cuitláhuac García.

Y dos. Marcelo Ebrard Casaubon soñando con la candidatura presidencial, con Mario Delgado, su alfil en el Congreso de la Unión, y si se entiende si se entiende bien, el diputado federal, presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, el morenista Sergio Carlos Gutiérrez Luna.

Pero, bueno, “en el país de un solo hombre”, el país del chamán, el tótem, el gurú, el mero mero, el jefe de jefes, López Obrador es mano en las decisiones superiores, la más importante de un sexenio, la sucesión presidencial, primero, y luego, la elección de los candidatos a gobernadores.

“NO SE HAGAN BOLAS”

Con su periplo político intenso y volcánico, el diputado federal por Minatitlán tenía, parecía tener mucha, demasiada, prisa por irrumpir en Veracruz y encartarse al lado de Rocío Nahle y el alcalde electo de Xalapa, Ricardo Ahued Bardahuil, para el año 2024.

Coordinador de asesores del Senado que fuera, representante de MORENA en el INE, Instituto Nacional Electoral, recordó al presidente Luis Echeverría Álvarez con su incontinencia verbal y que sirviera, incluso, para defender a su colega en la Cámara Baja, Rafael Hernández Villalpando, de quien exaltó su papel relevante en el Congreso de la Unión. “Es mi amigo y merece todo mi respeto”.

Pero de que se cree y siente con méritos suficientes para la nominación guinda y marrón a gobernador, ni duda cabe, aun cuando quizá habría cumplido órdenes superiores de Mario Delgado y hasta de Marcelo Ebrard para asestar calambre en Veracruz.

Tanta que, por ejemplo, hasta anunció millonaria inversión extraordinaria… como si él, solito, por su cabildeo, la hubiera logrado.

Incluso, y así como en otros tiempos, muchos políticos gritoneaban que “era la hora del norte de Veracruz”, ahora, Sergio Carlos Gutiérrez gritoneó que “hoy es el tiempo del sureste”.

“Tiempo del sureste”, quizá por Rocío Nahle, avecindada en Coatzacoalcos desde hace muchos sexenios.

Y/o tiempo del sureste… por él mismo, digamos, de Minatitlán y el Congreso federal al palacio de gobierno de Xalapa.

Tiempo del sureste en el siglo pasado con los gobernadores Miguel Alemán Valdés (Acayucan) y Fernando López Arias (Jáltipan).

Es más, tiempo del sureste con Sebastián Guzmán Cabreras como líder nacional del sindicato petrolero en el salinismo.

Por lo pronto, el diputado federal de Minatitlán ya se encargó de hacer ruido, tiempo, cuando, caray, ha de convocarse la frase bíblica de Carlos Salinas de Gortari con su favorito Luis Donaldo Colosio Murrieta:

“No se hagan bolas. Es Colosio”.

Tal cual, entonces, que nadie “se haga bolas”.

Es Rocío Nahle.

Nahle, gente de López Obrador.

Gente de Sheinbaum.

TODOS HABLAN DE LA SUCESIÓN, MENOS DE CUITLÁHUAC

Más allá de la danza del palabrerío y hasta la danza de los billetes federales para Veracruz (que más de 120 (ciento veinte) mil millones de pesos), la críptica y polisémica jugada y pichada de Gutiérrez Luna fermenta las aguas políticas por una razón:

Faltan unos dos años y medio para la elección del candidato de MORENA y los otros partidos a la gubernatura.

Y Cuitláhuac García todavía gobierna con MORENA por delante.

Y es tanto como desdibujar su trabajo.

Borrarlo del mapa.

Evidenciarlo.

Desde luego, las tribus políticas dirán que el año 2024 está lejos, pero al mismo tiempo, vaya paradoja, cerca, considerando, incluso, que ninguna candidatura se cocina de la noche a la mañana.

Con todo, en la agenda setting la sucesión del góber ocupa los titulares y cada parte hace apuestas.

Y el góber jarocho de López Obrador hecho talco.