AMLO, líder mundial

López Obrador está ya, ya, ya, en las grandes ligas… del mundo. “El país de un solo hombre” le queda chiquito. Digamos, el síndrome de Luis Echeverría Álvarez, José López Portillo y Carlos Salinas resucitan como fantasmas.

Echeverría. Con su famosa Carta de los Derechos y Deberes de los Estados, soñando con la secretaría General de la ONU, Organización de las Naciones Unidas.

López Portillo. Soñando con la encarnación de Quetzalcóatl en el continente americano.

Y Carlos Salinas. Soñando con México en el primer mundo.

López Obrador, por ejemplo, soñando con los siguientes ejes rectores:

Uno. “Tendido al piso” de Donald Trump, ahora reclama a Joe Biden apoyo financiero para el sur de México ante la migración y para América Central (Honduras, Guatemala y San Salvador) para arraigar en sus pueblos a la población migrante.

Dos. La compra de una refinería en Houston cuando, caray, los expertos dicen que salió más caro que construir Dos Bocas.

Tres. El reclamo a las naciones poderosas del mundo para regular el abastecimiento de las vacunas contra el COVID y auxiliar a los pueblos pobres, en la miseria y jodidos.

Cuatro. Su verdad al desnudo de que la mejor política exterior es la política interior, firme en su negativa de viajar al extranjero, pero al mismo tiempo, cabildeando posibilidades.

Cinco. Desafiando al país más poderoso de la tierra, Estados Unidos, cuando asilara a Evo Morales, el presidente de Bolivia que fue destituido.

México, entonces, como el hermano mayor de América Latina y en donde hacia 1800 Humberto de Humboldt aseguraba que se ubicaba (todavía hoy) la peor desigualdad económica y social, educativa y de salud, de seguridad y procuración de justicia… del mundo.

Echeverría, López Portillo y Salinas fracasaron en su, digamos, sueño imperial y faraónico.

SOCIALISTAS CONTINENTALES

López Obrador es socialista. Su héroe en el continente es, fue, Fidel Castro Ruz. Incluso, la fama pública que en tanto rechaza viajar al mundo, el único país que visitara años anteriores fue Cuba.

En el segundo tramo del siglo anterior, el continente estaba salpicado de presidentes socialistas.

Entre otros, los siguientes:

Salvador Allende. El único presidente que llegara al palacio de La Moneda por la vía de las urnas. Fue derrocado por su general Augusto Pinochet, a quien nombrara secretario de las fuerzas armadas. Lo traicionó.

Daniel Ortega. Con los Sandinistas derrocó al dictador de Nicaragua, Anastacio Somoza. Años después, se reeligió y se volvió un dictador. Incluso, comparte el poder con su esposa, quien se la da de poetisa y escritora y tiene fama pública de cuestiones esotéricas, una bruja, digamos.

Hugo Chávez. Presidente de Venezuela, el cáncer acabó con su vida. El chofer de autobuses de pasajeros urbanos, Nicolás Maduro, entró al quite. Ha convertido a Venezuela en una parcela de poder dictatorial.

Néstor Kirchner. Presidente de Argentina, falleció. Su esposa tomó el poder. Nunca fue reelegida. Anda en la nostalgia de volver.

José Mujica. Fue presidente de Uruguay. Su fama mundial del presidente más austero, franciscano, jesuita, honesto y modesto. Se fue y Uruguay agarró camino por otro lado. “Un rayito de esperanza” que fue. Simplemente.

Rafael Correa. El académico universitario que se volvió presidente en Ecuador. Tuvo espacio y tiempo constitucional. La calidad de vida de la población siguió, está, igual de jodida. Venta burda y barata de esperanzas.

Evo Morales. El indígena cocalero que gobernara Bolivia. Caray, se reeligió durante catorce años. Y perdió las elecciones en las urnas por nueva reelección. Le pasó lo mismo que a Benito Juárez, quince años perpetuado en el poder dictatorial, la mitad que su paisano Porfirio Díaz Mori.

Luiz Inácio Lula da Silva. El obrero metalúrgico que en cuarta ocasión ganara la presidencia de Chile. Heredó el poder a su discípula, Dilma Roussef, gran dirigente opositora, incluso, encarcelada. Después, la oposición los derrotó. Caray, Jair Bolsonaro en el poder. Ahora, sueñan con volver.

Michelle Bachlett. Gobernó Chile. Levantó esperanzas, hija de un general asesinado por Augusto Pinochet. Cumplió el tiempo constitucional.

Fidel y Raúl Castro Ruz, en Cuba, ejercieron el poder durante unos sesenta años, más, mucho más que Fulgencio Batista. En Cuba, la fama pública en el tiempo de Batista, las mujeres, las jineteras más famosas y sabrosas y encendidas del continente. El gran logro, ajá, de la revolución cubana.

López Obrador, pues, como líder continental y mundial que se mira y sueña.

TRASCENDER A LA CORTINA DE NOPAL

En México, los sueños políticos duran un sexenio. Y si bien te va, impones a cuatro presidentes de la república como Plutarco Elías Calles a Emilio Portes Gil, Abelardo L. Rodríguez, Pascual Ortiz Rubio y Lázaro Cárdenas del Río.

Lázaro Cárdenas lanzando a Manuel Ávila Camacho de candidato presidencial y el día de la elección cuando la oposición denunciara fraude electoral y hasta muertos se registraron, Cárdenas prefirió guardar silencio y hacerse el omiso y el occiso.

Miguel Alemán Valdés, heredando el poder presidencial a su cuate Adolfo Ruiz Cortines.

Ruiz Cortines lanzando a Adolfo López Mateos. Y López Mateos a Gustavo Díaz Ordaz. Y Díaz Ordaz a Luis Echeverría. Y Echeverría a su cuatísimo José López Portillo. Y López a Miguel de la Madrid. Y De la Madrid a Salinas.

Y Salinas a Luis Donaldo Colosio… y que se lo matan.

En el camino, únicamente Echeverría soñó con la gloria y la inmortalidad en el mundo. Presidente “en la cortina de nopal” quiso alcanzar la dimensión, por ejemplo, de Charles de Gaulle.

Luis Echeverría llegó más lejos que todos. Por ejemplo, lanzó promotores en el mundo de su Carta de los Derechos y Deberes de los Estados. Dante Alfonso Delgado Rannauro caminó en América Latina acompañado de montón de jóvenes mexicanos. Incluso, se entrevistó con varios presidentes de América Latina, entre ellos, Salvador Allende, y que muchos años después sirviera para alardear de su tiempo a su amigo José Luis Feijoo.

“El país de un solo hombre” queda chico a López Obrador. Desde la aldea tropical sueña con el liderazgo mundial. “Ta’güeno”.