Animales en el holocausto

Establecido en 1953 como centro mundial de documentación, investigación, educación y conmemoración del Holocausto, Yad Vashem es por hoy un sitio dinámico y vital de encuentro internacional e intergeneracional que divide su trabajo en cuatro pilares: conmemoración, educación, documentación e investigación.

Como bien resume esta organización en su sitio, el Holocausto fue el asesinato sistemático de cerca de seis millones de judíos a manos del régimen nazi alemán. Las persecuciones antijudías comenzaron en la Alemania nazi ya en 1933; la matanza organizada y masiva fue ejecutada durante la II Guerra Mundial. Durante cuatro años y medio a los nazis y sus cómplices asesinaron a seis millones de judíos. La mayor eficacia fue demostrada entre abril y noviembre de 1942. En esos 250 días asesinaron a cerca de 2.500.000 judíos. Nunca demostraron ningún tipo de limitaciones, aminoraron cuando ya no había suficientes judíos para matar y sólo se detuvieron cuando los Aliados los derrotaron.

No había escapatoria. Los asesinos no se contentaban con la destrucción de comunidades; también seguían la pista de cada judío escondido y perseguían a cada fugitivo. El crimen de ser judío era tan grave que cada uno debía ser eliminado, los nazis no se tentaron el corazón para matar niños, mujeres, mujeres embarazadas, jóvenes, ancianos y enfermos. Aquellos sobrevivientes se enfrentaron al desplazamiento forzado a otros países pues debido al saqueo impune que los nazis hicieron en sus propiedades y negocios, se encontraron sin familia y sin recursos para reconstruir sus vidas.

Los animales también fueron víctimas colaterales en esta contienda y como en cualquier conflicto bélico, por ejemplo, los ejércitos aún contaban con un importante censo de caballos para el transporte de armas y soldados, pero muchos murieron despanzurrados en los campos de batalla. Los perros de Pavlov, adiestrados para buscar un bocado debajo de los tanques alemanes morían despedazados al activarse los explosivos que llevaban adosados.

En Inglaterra, un país que siempre se ha caracterizado por lo vanguardista de sus leyes en protección animal y el trato ético hacia éstos, se vivía una auténtica histeria en la primera semana de la segunda guerra mundial. Los ingleses sabían que con la guerra llegarían los bombardeos de las grandes ciudades, para ello el 26 de agosto de 1939, el gobierno británico aconsejó a la población que mandase a sus mascotas al campo si tenían casa o familia allí o bien sacrificarlos, este anuncio fue publicado en todos los periódicos e incluso difundido también por la BBC de Londres.

Cuando el conflicto alcanzó su peor momento, las autoridades de Reino Unido declararon a los animales domésticos como enemigos pues limitaban los ya muy escasos alimentos. Dar una galleta a un perro, pan a las palomas o una cucharada de leche a un gato se convirtió en un delito. Se calcula que tan solo en Reino Unido más de 750,000 animales fueron sacrificados al inicio de la guerra y el número aumentó significativamente con el transcurso de la misma.

El cariño de Hitler por los perros fue un rasgo muy explotado por la propaganda nazi, los historiadores mencionan que era en realidad una pose para avalar así la superioridad moral del pueblo alemán. Tuvo al menos una docena, siempre pastores alemanes, raza criada exprofeso desde el año 1899 para encarnar las virtudes que exaltaba la ideología nacionalista. A comienzos de la década de 1930 había ya más de 400.000 ejemplares, incluyendo los de Hitler, que casi siempre se llamaban ‘Wolf’ cuando eran machos y ‘Blondi’ cuando eran hembras.

A pesar de que en Alemania ya existían leyes de protección animal desde mediados de los años 30´s , mismas que estuvieron tan bien diseñadas para su época que no fue hasta hace poco que fueron actualizadas y las cuales veían a los animales como completos sujetos de derechos, los perros pastor alemán fueron usados como armas letales contra los judíos, existe una historia sobre un personaje llamado Charlotte S., una de las más de 3.700 mujeres que, durante la Segunda Guerra Mundial, se unieron a las filas de las SS (las tropas más ideologizadas del Tercer Reich) y terminaron trabajando en las decenas de campos de concentración como guardianas. Se sabe que esta mujer entrenó a su perro pastor alemán, del que nunca se separaba, para torturar judíos; Los ponía desnudos por largas horas en filas en épocas heladas y si alguno se movía le lanzaba al perro para que le arrancara los genitales.

Claro que también hay historias positivas, se sabe de otros perros pastor alemán que hicieron amistad con prisioneros judíos y que estos animales les compartían su perrera o su comida. Existió una niña (Nina Dinar), hoy una linda ancianita, que ha dejado que el mundo conozca su historia gracias a la investigadora Tammy Bar-Yosef quien documenta este lado poco explorado de los animales del Holocausto.

Nina nació en Varsovia en 1926 y cuando estalló la guerra fue llevada muy pequeña con su madre al campo de concentración Skarzysko-Kamienna en la Polonia ocupada por los nazis, ahí conoció al perro gran danés blanco con manchas negras de un oficial nazi, el Dr. Artur Rost, hicieron amistad durante los dos años que Nina fue prisionera compartiendo varios momentos lo que conmovió al oficial Rost. Cuando el ejército ruso estaba por derrotar a los nazis y salvar a los judíos de ese campo los oficiales ordenaron la matanza masiva de los pocos sobrevivientes, pero el oficial Rost mandó a su perro a buscar a Nina, encontrándola y sacándola de la fila lo que salvó su vida. Testimonios y evidencias de los horrores que significaron los campos de concentración para los sobrevivientes abundan y aún con ello hoy en día hay negacionistas del Holocausto que argumentan con fundamentos absurdos que esto nunca ocurrió. Lo más importante de la historia es conocerla para no volver a repetirla, en especial episodios de la humanidad tan oscuros como éste.