Añoranzas, Por: Elgie Cameron Calo

¿Para qué más?

El sol tropical se oculta en la playa, un banquero contempla el muelle de un pueblecito costero y ve llegar a un pescador, que trae en su pequeño bote, varios peces de buen tamaño.

El banquero pregunta:

—¿Cuánto tiempo te llevó pescar esos peces?

“Un par de horas señor” –responde el hombre–

            —¿Porqué no permaneciste más tiempo en el mar? Hubieras pescado más.

            El pescador asegura, que tiene lo suficiente para satisfacer las necesidades de su familia.

            ¿Y qué haces con el resto el tiempo? –Pregunta el banquero–

“Bueno, duermo hasta la tarde, pesco un poco, juego con mis hijos, hago la siesta y voy todas las noches al pueblo a tocar guitarra con mis amigos, tengo una vida ocupada y amena”.

El banquero le aconseja:

“Soy consultor financiero, y creo que deberías invertir más tiempo en la pesca: con los ingresos comprarías un bote más grande, con los ingresos de ese bote, podrías comprar varios botes, entonces tendrías una flota de botes. En vez de vender el pescado a un intermediario, lo podrías hacer directamente a un procesador, después podrías abrir tu propio procesador, controlar la producción, el procesamiento y la distribución; salir de este pueblecito e irte a una ciudad grande en fin”…

—¿Y cuánto tiempo tardaría eso? –Preguntó el pescador–

“Entre quince y veinte años”

—¿Y luego qué?

—Podrías vender las acciones de tu empresa. ¡Te volverías rico, tendrías millones! –Sonríe el banquero–

—Millones…y luego qué?

—Luego te podrías retirar, irte a un pueblecito en la costa, donde podrías dormir hasta tarde, pescar un poco, jugar con tus hijos, hacer la siesta, ir todas las noches al pueblo, tocar guitarra con tus amigos, libre de preocupaciones…

¿Acaso no es lo que tengo ahora?      

Esta, no es una invitación al conformismo, ni a la mediocridad, sino a la evaluación del ritmo de tu vida: ¿Trabajas por necesidad o por obsesión?, ¿Tienes tiempo para Dios y para la familia o vives sólo en función de hacer una fortuna?

No salgas hoy, sin recordar lo que él Apóstol San Pablo, le escribió a su discípulo Timoteo: “Así que teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto”.