Añoranzas, Por: Elgie Cameron Calo

¿Para qué vives?

“No se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa.”

Hay dos pensamientos en el versículo de hoy, del libro de Mateo. El primero es que todos venimos a este mundo con un propósito. “No se enciende una luz y se pone debajo de un almud” la luz existe para alumbrar, no puede permanecer oculta.

Si por algún motivo pierde su propósito, de manera natural pierde también la razón de su existencia.

Si esto es verdad con relación a la luz, lo es mucho más con relación a ti. Tú eres la luz del mundo, lo dijo el propio señor Jesús, por tanto, a fin de que puedas ser feliz y estés realizado en la vida, necesitas descubrir para qué viniste al mundo. Nadie nace por coincidencia, si estas vivo, tienes una misión que cumplir.

El segundo pensamiento es que el cumplimiento de tu misión requiere dedicación. No es implemente, por que tu vida tiene un propósito, que ese propósito será alcanzado, hay que colocar la luz sobre el candelero.

En cierta ocasión, preguntaron a Tomás A. Edison, en que radicaba el secreto de tanta productividad, “Diez por ciento de inspiración y noventa por ciento de transpiración”. Fue la repuesta.

Edison, no se conformó con ser la luz, sino también puso la luz sobre un candelero, el cumplimiento de cualquier propósito.

El cumplimiento de cualquier propósito requiere esfuerzo; nada que valga la pena sucede por coincidencia. Detrás de cada victoria existen horas de preparación y ejecución.

¿Cuál es el propósito de tu vida? Jamás lo sabrás, si no vas a al apalabra de Dios; ella es la fuente de la sabiduría. La biblia te muestra de donde viniste, por que existes y a donde vas, ve a ella en busca de inspiración, Dios te infundirá fuerza y valor a través de su lectura. Pero, después atrévete a pagar el precio de tus sueños. Coloca tu luz sobre el candelero.

¿Y si no hay candelero? Búscalo, invéntalo, fabrícalo. No lo se´. Lo único que no puedes hacer es quedarte de brazos cruzados, esperando que las cosas caigan del cielo.

Con estos pensamientos en el corazón, sal esta mañana a buscar  el candelero, seguro de  que Jesús  está a tu lado, pero recordando el consejo del maestro: “No se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa.”