Añoranzas, Por: Elgie Cameron Calo

Herencia

A Marcelo no le gusta esperar, creo que a nadie. El ser humano es apresurado por naturaleza. La paciencia es virtud de pocos; y sin embargo, Dios desea desarrollar en sus hijos, la paciencia, el arte bendito de esperar. 

Las mejores cosas de la vida, no las encuentras en un par de días. Si plantas una semilla de naranjero, tendrás que esperar tres o cuatro años a fin de saborear su delicioso fruto.

Marcelo cree que la vida es corta como para “desperdiciarla” esperando. Vive una vida alocada y sin restricciones, anhela devorar con los ojos todos los placeres del mundo y sufre porque la vida está hecha de tiempo, y el tiempo demora en pasar.

Piensa en el amor con que la madre espera ansiosa la llegada del hijo que carga en su vientre. Hablamos con él o ella, como si ya pudiera entender las cosas, dialogamos, le pedimos entender las cosas, dialogamos, le pedimos opiniones, como si el bebé fuese un adulto, que pudiera responder. Es que, para la madre el niño ya existe, aunque todavía no haya nacido, de hecho su vida ya palpita.

Eso es justamente, lo que Dios desea que suceda con los seres humanos. Nos habla de herencia, algo que no se deteriora, no se contamina y no se acaba jamás, pero que todavía sesta en los cielos.

No la puedes tocar, pero, la puedes ver con los ojos de fe. A puedes imaginar, añorar y esperar, sabiendo que las promesas divinas nunca fallan.

Dios sabe que la fuerza de la esperanza es la que da valor al ser humano, para enfrentar los peligros del camino mientras todavía no llegamos al hogar.

Por eso, has de hoy un día de esperanzas, cierra los ojos e imagina esa herencia incorruptible e inmarcesible que como te dice San Pedro, en 1 Pedro 1:4, “Te espera en los cielos”.

Marcelo dice: ¿Para qué quiero cielos si estoy en la tierra? “Sí, Marcelo, tú estas en la tierra; pero aunque no lo creas esta tierra pasajera; acaba como acaba el día. Se va, como se van los años y la juventud. Y ¡Ay de aquel que sólo vivió para el presente!”.

El futuro puede parecer distante…pero llega. Escríbelo en las tablas de tu corazón y, mientras ese día no llega, recuerda que es necesario prepararse “para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros”.