Añoranzas, Por: Elgie Cameron Calo

El nombre de Jesús

 

Creo en los milagros. A lo largo de mi vida los he presenciado muchas veces, desde vidas transformadas, hasta enfermos curados por Dios, cuando la ciencia dictamina que no había más posibilidad de recuperación.

Nos preguntamos por que hoy Dios no sigue operando milagros como en los tiempos apostólicos. La verdad es que si.  Los sigue operando hoy como ayer, sólo que en los tiempos apostólicos la iglesia necesitaba más de ellos, por que representaban una especie de credencial de poder, para establecer la obra del evangelio.

En los tiempos apostólicos, los grandes milagros ocurrían “en el nombre de Jesús”  mirando hacia aquellos tiempos, el pueblo cristiano corre el peligro de banalizar el nombre de Jesús, creyendo que es una especie de fórmula mágica para resolver todo tipo de problemas.

En la biblia, el nombre de una persona simbolizaba su carácter. Hacer las cosas en el nombre del señor, es vivir la vida que el vivió. Reflejar su carácter y andar sus caminos.

Cuando Jesús estuvo en esta tierra, advirtió que en el día final, muchos que estarán condenados a la muerte eterna se presentaran a él, alegando que habían hecho milagros en “su nombre”. Y la respuesta del maestro será: “Yo no os conozco, apartaos de mi, obradores de maldad”.

¿Puede un obrador de mal hacer milagros en el nombre de Jesús? ¡Evidentemente si! Lo vemos entre personas que comercian con la religión, esas personas se limitan a mencionar el nombre pero se resisten a reflejar el carácter del salvador.

Hoy es un día, para meditar ¿hasta qué punto el carácter de Jesucristo se refleja en mi vida? Vamos a Jesús esta mañana y permitamos que el conduzca nuestros caminos. Y prepárate para los grandes milagros que el señor está dispuesto a obrar en la  ida de los que lo buscan de todo corazón y con toda humildad.

                “Sea notorio a todos vosotros y a todo el pueblo de Israel, que en el nombre de Jesucristo de Nazaret a quienes vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de los muertos, por él este hombre está en vuestra presencia sano”; Hechos 4:10.