Añoranzas, Por: Elgie Cameron Calo

Estaré contigo.

Nadie te podrá hacer frente en todos los días con Moisés, estará contigo; no te dejaré, ni te desampararé. Josué 1:5.

Moisés había muerto, y su cuerpo había sido, enterrado. La despedida había sido, a la vez, dolorosa y dulce; reflexiva y estremecedora. ¡Inevitable!.

Cuando un líder muere, el pueblo se ve desorientado. Pierde su punto de referencia, vacila a veces; mira al futuro con temor. Fue en esas circunstancias que Dios se digirió a Josué, el nuevo líder, y le manifestó las palabras, mencionadas en el versículo de hoy.

La promesa involucra relación. Dios estaría con el joven líder, no lo dejaría, ni lo desampararía. Dios siempre está con quienes reconocen su fragilidad y lo buscan. La pregunta es: ¿Esta el ser humano con Dios?

Dios nunca abandona a sus criaturas. Es la criatura, en sus locos arrebatos de independencia, que abandona al dolor de la vida. Al principio, todo le parece fascinante; vivir sin reglas y correr por los engañosos pastosa del existencialismo le parecen la aventura que siempre soñó.

El tiempo, sin embargo, se encarga de mostrarle la insensatez de su decisión. En lugar de encontrar las montañas deseada de la victoria, desciende a los abismos oscuros y solitarios de la derrota. Se asusta, e intenta inútilmente encontrar la salida.

Dios sabía que Josué corría el riesgo de conducir al pueblo a la muerte. Por eso, se le presentó una noche y le recordó que la condición para conquistar los grandes desafíos de la vida esa estar en él.

Tal vez, este consejo te llega mientras saboreas el gusto amargo de la derrota; lloras las lágrimas de los sueños frustrados. Los castillo que construiste se desmoronaron en un instante; vinieron las ondas de la crisis, y descubriste que habías edificado en la arena. Miras a todos lados, y tratas de descubrir que es lo que salió mal.

Vuelve tus oídos al consejo de hoy. ¿Está Dios contigo? ¡Tienes la seguridad que el brillo seductor del éxito no te llevó a abandonarlo? Luchaste sólo; corriste solo, y cuando el enemigo apareció, no pudiste hacerle frente.

Por eso hoy, no salgas de casa sin recordar la promesa divina: “Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida; como estuve con Moisés, estaré contigo, no te dejaré, ni te desampararé”.