Añoranzas, Por: Elgie Cameron Calo

Las joyas

Sabiduría del Medio Oriente

 

Un sábado, mientras el rabino Meir estaba en la casa de estudio, sus dos hijos cayeron dentro de un pozo y se ahogaron.

Desconsolada su esposa Beruriah los cargó a su aposento y los cubrió, por la tarde cuando el rebino Meir regresó, Él preguntó:

“¿Dónde están los niños? Los extrañé en la casa de estudio”.

En lugar de responder, Beruriah le entregó en la mano un cáliz de vino para el recital de las oraciones de la tarde.

El rabino Meir bebió del cáliz y de nuevo preguntó, “¿Dónde están los niños?”. “Los veras pronto”, dijo Beruriah y colocó los alimentos enfrente de él.

Después de dar gracias por los alimentos Beruriah volteó para mirar a su esposo para decirle: “No hace mucho tiempo algunas joyas preciosas fueron confiadas a mi cuidado. Llegue a estar tan adherida a ellas que las consideraba como propias. Ahora el propietario ha llegado a reclamarlas”, ¿Qué debo hacer?

“Estoy sorprendido que tú que conoces la ley hicieras tal pregunta” –dijo el rabino Meir—.

“Naturalmente la joyas perecen a su dueño y deben ser devueltas”.

Beruriah luego llevó a su esposo a su aposento y levantó las sabanas que cubrían los cuerpos de sus hijos muertos.

                “¡Mis hijos… Mis hijos!” Exclamó el rabino Meir.

                Llorosa, Beruriah le recordó:

                “¿No dijiste que debemos restaurar al propietario aquello que Él ha confiado a nuestro cuidado?. Nuestros hijos eran las joyas que Dios había dejado con nosotros”.

                Ambos lloraron juntos y ellos dijeron “El señor ha dado, el señor ha quitado; bendito sea el nombre del señor”.