“Aquí mando yo”

AMLO, el presidente, estuvo en Córdoba. El martes 24. El gabinete legal y ampliado del gobierno de Veracruz, pasando lista. Entre ellos, la Fiscal General, blindada por ocho escoltas. Todos, claro, armados.

Hay quienes, por ejemplo, evidenciaron el operativo de la Fiscal General para proteger y garantizar su vida.

Más, cuando ese mismo día, en la montaña negra de Zongolica, tres policías fueron emboscados. Dos perdieron la vida. El tercero, grave, en el hospital.

Más cuando a un ladito, en Ixtaczoquitlán, hay desaparición forzada, hija de la alianza entre políticos, jefes policiacos, policías y malandros para desaparecer personas.

Más, cuando el 19 de agosto del año que camina, en Ixtac fue asesinado el cuarto reportero del tiempo de la 4T en Veracruz. Jacinto Romero Flores.

Más, cuando el Colectivo de la señora Aracely Salcedo, madre de Fernanda Rubí, secuestrada en el Duartazgo, descubrió fosas clandestinas en Ixtac, conocido como Campo Grande, y al momento llevan más de cuarenta cadáveres localizados.

Entonces, resulta, digamos, lógico y natural, necesario incluso, que la Fiscal General asistiera al evento conmemorativo de los Tratados de Córdoba custodiada por ocho escoltas, todos en rombo cuidándola, la misma estrategia con que Luis Donaldo Colosio Murrieta, candidato presidencial priista, fuera asesinado en Lomas Taurinas en 1994.

Además, ni duda cabe, la pasarela política es así. Llena de vanidad.

El blindaje aparatoso para hacer sentir la importancia, más que de la persona, del cargo. En todo caso, primero el cargo y después el titular.

Tiempo atrás, en otro evento en Xalapa, la Fiscal General apareció como una Gatúbela, con blusa de manga larga y pantalón negro ajustado, con botas, y en donde únicamente faltó colgar la pistola, parece.

Deseó quizá así manifestarse, a tono cuando en su tiempo fuera reina de la belleza en su pueblo, Santiago Tuxtla, digamos, “la flor más bella del ejido”.

El tiempo de la aparatosidad dura, en su caso, 9 años, si bien le va. Por lo general, un sexenio. “Aquí mando yo” exclamó cuando tomara posesión del edificio de la Fiscalía General.

“La generala” … que María Félix quedó chiquita, una caricatura, un remedo.

TORERO EN TARDE DE LUCES…

La silla embrujada del palacio, decía Eufemio Zapata, el hermano menor del Caudillo del Sur, Emiliano, embruja y marea a todos.

Por ejemplo, cuando Jorge Wínckler Ortiz era Fiscal General también andaba blindado por varios escoltas que lo cuidaban “a sol y sombra”.

Más, mucho más todavía custodiado el Fiscal General de Javier Duarte, Luis Ángel Bravo Contreras.

Incluso, cuando salía de girita a uno que otro pueblo, adelante, a los lados y atrás montón de escoltas, todos, con las escopetas y los rifles y las R-15 listos para jalar el gatillo… por si las dudas. Bravo Contreras, en medio de todos ellos.

Algunas veces, el Fiscal General duartista llegaba al café “207 años” de Boca del Río.

Y la estrategia era la siguiente:

Primero, aterrizaba par de escoltas y se colocaba vigilante, a la defensa y contraofensiva, en la puerta principal.

Minutos después, otro par en la puerta colateral.

Luego, otro par en el lado lateral, que sin puertas únicamente da a la calle con vidrio transparente.

Entonces, aparecían unos escoltas reservando una mesa.

Era cuando Bravo Contreras hacía aparición triunfante como torero en tarde de luces.

Y mientras el señor tomaba café con canilla y desayunaba, los escoltas en pie de guerra, sonando y resonando los ojos como tambores de guerra, listos para detectar sospechosos.

Entonces, nada raro ni extraño que la Fiscal General de la 4T sea como sea y ande como anda y camine como camine.

De entrada, y como premisa universal, los carteles y cartelitos, malosos y malandros, sicarios y pistoleros, también a la defensiva en la rebatinga por la jugosa plaza Veracruz.

Y en un Veracruz en el primer lugar nacional en secuestros, caray, el plagio de la Fiscal sería tamaño escándalo, reality-show.

NECESITADAS DE UN BLINDAJE

En cualquier aparato gubernamental en una entidad federativa hay funcionarios necesitados de un blindaje.

Entre otros, el gobernador, el secretario General de Gobierno, el secretario de Seguridad Pública y la Fiscal General.

Incluso, en algunos estados, cuando el cuarteto deja de serlo, digamos, por el fin del sexenio, la ley los protege para otorgarles escoltas pagados con cargo al erario y hasta gasolina durante un tiempo determinado, mientras sus vidas regresan a la normalidad de un ciudadano de a pie que vive con sencillez y modestia.

Además, cada político tiene estilo personal de ejercer el poder como, por ejemplo, Óscar Aguirre con Dante Alfonso Delgado Rannauro y Reynaldo Escobar Pérez y Felipe Amadeo Flores Espinoza en el Duartazgo, y que, como procuradores de Justicia, apenas, apenitas caminaban de norte a sur y de este a oeste de la entidad jarocha con el chofer y uno o dos escoltas en la misma unidad.

En todo caso, “el miedo (ya se sabe) no anda en burro”.

Más cuando si Veracruz ascendió al primer lugar con candidatos y aspirantes a una presidencia municipal asesinados en la campaña electoral de este año, nunca en los últimos treinta meses, los malandros han intentado secuestrar a un funcionario del gobierno del Estado…

Se han ido, claro, en contra de la población civil…