Batalla panista

La guerra nunca acaba. Por eso, quizá, Mac Arthur lo dijo: “Volveré”. Volvieron, por ejemplo, y en 4 ocasiones, Luiz Inácio Lula da Silva y François Mitterrand y ganaron las presidencias de Brasil y Francia. Nunca pudo en tres ocasiones Cuauhtémoc Cárdenas. Pero dio la batalla.

Es la historia, entre otras, hoy, con la disputa por el CDE del PAN Veracruz. Joaquín Guzmán Avilés, presidente, soñando con reelegirse, y enfrentándose, una vez más, a su examigo, Miguel Ángel Yunes Linares y sus huestes. El clan de los Kennedy de Boca del Río.

Incluso hasta manotazo que ya asestaron. Una especie de albazo. Madruguete, pues. Los yunistas, encabezados por Pepe Mancha, derrotado como candidato a la alcaldía de Tuxpan, y la senadora Indira Rosales, yunista por todos los poros, exigiendo a “El chapito” la publicación “ya, ya, ya” de la convocatoria.

Ellos, los Kennedy, tan seguros de que ganarán la jugada y lanzarán a Guzmán Avilés del trono imperial y faraónico del partido azul, a quien el filósofo José Vasconcelos Calderón impuso el apodo de “Los místicos del poder” porque nunca ganaban una elección en el siglo pasado.

Según trascendidos, Fernando Yunes Márquez, el presidente municipal de Veracruz, suspiraría por la presidencia del CDE del PAN para tener boleto de cara a la elección del candidato panista a gobernador en el año 2024.

También se afirma que su hermano, Miguel Ángel, se anota.

El padre, Miguel Ángel Yunes Linares, en la mira por cierto del obradorismo, quizá puros calambres, pareciera haber cerrado su historia, aun cuando, y como dice el priista Jorge Uscanga Escobar, “ningún político está muerto”, es decir, y como en el caso, ningún político se retira.

Con todo, Yunes padre es la brújula orientando en el tiempo de los vientos huracanados.

DISPUTA POR EL PODER PARTIDISTA

En el lado de Joaquín Guzmán, su tribu familiar de Tantoyuca. Los hermanos, primos, sobrinos, en cargos públicos.

Además, el Grupo de los 5, mejor dicho, el G3, todos, y por ahora, leales y fieles. El senador Julen Rementería, examigo y exaliado de Yunes Linares, con su hijo, Bingen, todavía diputado local. Víctor Serralde, otro ex amigo de Yunes. Germán Yescas, compadre de “El chapito”.

Y en el lado de Yunes padre, los ex Chapitos, Tito Delfín y Enrique Cambranis, quienes desertaron de su grupo porque en el camino descubrieron mayor lealtad, o quizá vieron más futuro a Yunes Linares.

Y desde luego, sus hijos Miguel Ángel y Fernando. Y sus aliados históricos, entre otros, Indira Rosales San Román, Pepe Mancha, Sergio Hernández, el He Man, y Juan Manuel Unanue, alcalde electo de Boca del Río.

Dos grupos azules atrás del poder. La elección será hacia finales del mes de noviembre o diciembre, si se cargan.

Y juegan encartados en la sucesión nacional donde el presidente del CEN, Marko Cortés, busca de igual manera reelegirse.

El PAN es el partido político opositor número uno en el país. El único que puede dar la pelea a MORENA. Aliadas las dos partes con los suyos. PAN con PRI y PRD. MORENA, con el PT y el PVEM.

El 6 de junio del año desventurado que camina con su epidemia significó un descalabro para el PAN en Veracruz y el país.

De las quince gubernaturas, MORENA quedó con once. En Veracruz, MORENA ganó más de cien Ayuntamientos. Además, 18 de las veinte diputaciones federales, una para el PRI y otra para el PAN. Y 26 de las 30 diputaciones locales.

Entonces, el desafío en el año 2024 está canijo. “Hueso difícil de roer”. Tanto que, por ejemplo, estamos en el tercer trienio de 2021, y el ex diputado federal, Ricardo Exsome Zapata ya destapó a la secretaria de Energía, Rocío Nahle García, como inminente candidata de MORENA a la gubernatura de Veracruz.

De por medio, un chanfle indicativo y significativo. Alguna razón poderosa tendrá.

Cierto, habrá quienes, robaleando en la superficie, dirán que Exsome destapó a Nahle en gratitud a que ella antes, mucho antes, lo destapó como candidato a presidente municipal de Veracruz y cuya elección tiene impugnada.

Pero con todo constituye apenas la punta del iceberg.

Con todo, y de las cenizas partidistas y electorales del 6 de junio emergió un PAN en el número uno de la oposición, lejos, demasiado lejos de sus aliados, el PRI y el PRD, y quienes como en la canción de la Martina, “ni el polvo vieron”.

Y, bueno, si hay contienda interna en el PAN Veracruz nada más esperanzador que terminen pactando, conciliado, negociando, porque de por medio está, más que el liderazgo, la gran disputa del 2024.

Una ruptura prolongada, una cizaña partidista con heridas sangrando, dejará un PAN más partido que nunca, con limitada posibilidad de ganar la gubernatura en las urnas.

OPOSICIÓN FRAGMENTADA

Poco a poco, el PRI y el PRD fueron hundiéndose. Hoy, son un remedo, una caricatura, una vacilada de lo que fueron.

En el caso del PRI, la fama pública de la corrupción y la impunidad insaciable.

Cada tribu ascendiendo al trono partidista ajustó cuentas. Eliminó a los adversarios y enemigos. Los excluyó y refundió por ahí.

Y cuando lo advirtieron era demasiado tarde. El año 2000, por ejemplo, con el triunfo del panista Vicente Fox ante el priista Francisco Labastida Ochoa y el perredista Cuauhtémoc Cárdenas.

Por eso, y como dice el avisito parroquial, “quienes ignoran la historia cometen el riesgo de repetirla”.

La historia sórdida, como el flautista de Hamelin, arrastrando al CDE del PAN Veracruz al fondo del precipicio en vez, digamos, de que las elites “fumen la pipa de la paz” y pacten acuerdos.