Por Salvador Herrera García.
Capítulo 18.
LOS PUENTES CATEMAQUEÑOS
A mediados del siglo xIx, botecillos y grandes piraguas impulsadas por remos surcaban el lago, por los cuatro puntos cardinales, comunicando a la Villa de Catemaco con los poblados situados en la ribera opuesta y más allá… Así se realizaba un incipiente transporte y comercio de satisfactores básicos.
Por esos años empezó el auge de actividades agropecuarias y pequeñas industrias colaterales impulsadas por europeos, llegados huyendo de la convulsa Europa o atraídos por la riqueza y facilidades que ofrecían estas tierras. Surgieron los extensos sembradíos de tabaco y, en menor escala, de caña de azúcar, café, maíz y frijol… Se establecieron beneficios de tabaco, alambiques, fábricas de panela, aserraderos. Se fundaron grandes haciendas que después fueron poblados como Maxacapan, La Victoria o La Margarita… Todo ello hizo indispensable una comunicación y transporte más prácticos y fluidos…
Hacía falta un puente que allanara tiempo y distancias… Y el lugar adecuado para ello era la desembocadura del lago, conocido como «la corriente», al pie del cerro de Tío Luz o de Cacahuateno, donde tomaba el nombre de Río Grande que, a pocos metros, formaba la bella cascada de lepetapan, ya desaparecida; y kilometros mas alla, formaba el rio San Juan, que desperia en el Salto de Eyipantla y va a desembocar en los meandros del Papaloapan…
EL PUENTE DE TABLAS
Fue así que en el año de 1887 el alcalde don Tiburcio Sánchez se propuso satisfacer esa necesidad de comunicación y establecer un puente de madera o de tablas sobre «la corriente», donde desemboca el cauce del lago… Antiguas fotografías recogieron vistas de ese primer puente, cuya construcción -creemos— habrá sido titánica. Debió ser trazado y realizado por conocedores de esos menesteres, empleando recia madera de chicozapote -caracterizada por su dureza-, cortada en los bosques aledaños…
Y efectuaron la proeza de plantar la fuerte y extensa estructura sobre el lecho fangoso del lago, desafiando la impetuosa corriente… Luego de meses de trabajo quedó listo el puente, capaz de resistir el embate de la corriente Y, además, soportar el constante tránsito de gente, hatos de ganado y carretas con pesadas cargas. Pareciera algo sin importancia, pero ese puente de tablas representó el esfuerzo y deseos de progreso de los lugareños de la época, y fue un detonante para impulsar el desarrollo de la comunidad.
Al paso de los años habrá sido objeto de muchas reparaciones, tomando en cuenta el deterioro natural del tiempo y del uso constante. Por cincuenta años fue esencial en la vida del poblado… y la expresión «allá abajo, por el puente.., se hizo coloquial. A mediados de los años veinte, con la llegada de los primeros automóviles y camiones de carga, se reforzó el puente para el paso de esos vehículos. Una postal de la agencia México Fotográfico inmortalizó el paso de un automóvil por el puente de tablas…
Para entonces ya había improvisadas brechas que comunicaban con Hueyapan de Ocampo, el ingenio de Juan Díaz Covarrubias (poblado que llamaban «San Juan Shugar») y Acayucan; tiempo después sería parte de la carretera 180, que uniría Veracruz con Coatzacoalcos, pasando por Los Tuxtlas…
EL PUENTE CANSECO
Por los años treinta o cuarenta llegó a avecindarse a la Villa de Catemaco don José Canseco, emprendedor veracruzano propietario, entre otros variados negocios, de una extensa hacienda, La Oaxaqueña, en los límites de los estados de Veracruz y Oaxaca. El señor Canseco, enamorado de estas tierras, adquirió un predio en la ribera del lago, donde construyó una casa de descanso que habitó por largas temporadas con su familia. La construcción, aún en pie sobre el malecón, se significaba por una placa con la frase: «Casa Canseco» y la figura de un pez…
«Don Pepe», como era conocido, se ganó el aprecio de los catemaqueños por su bonhomía y su espíritu emprendedor cuyos diversos negocios activaron el comercio en la villa… Estudió el caso del puente y concibió la idea de cambiar el antiguo y ya riesgoso puente de tablas por uno de sólido concreto; y con mayor razón cuando un patronato de ciudadanos, de los tres pueblos tuxtlecos, gestionaba que el trazo de la nueva carretera federal tocara las ciudades de la región…
El presidente municipal en el periodo 1944-1946, don Indalecio Moreno Armengual, acogió la idea del señor Canseco; se integró un comité ciudadano y se solicitó a los catemaqueños su cooperación voluntaria para realizar el proyecto. Y así, con la ayuda monetaria, de materiales de construcción y de tequio se inició la obra proyectada y dirigida por don Pepe. No precisamos cuánto tiempo duró la construcción, pero nada fácil sería con los escasos recursos técnicos con que se contaba entonces, vencer los problemas para colocar pilotes resistentes y dar cuerpo fuerte, seguro y resistente a la estructura planeada…
Antes de 1948 quedó concluido, el que se llamó desde entonces Puente Canseco, en honor a su impulsor y cons-tructor. Pronto, el puente se convirtió en un sitio concurrido. Los pobladores de la villa acudían a transitarlo como paseo, para admirar el paisaje del lago o la corriente, desde sus fuertes y seguras balaustradas.
También fue punto de reunión para dar la bienvenida a personalidades de la política o del clero que arribaban a Catemaco procedentes del sureste… Y en el paisaje, hacia el este del lago, se destacaba la estética línea del puente, que siempre lucía pintado de blanco…
A pocos años de su conclusión, en 1953 se completó el tramo Villa Lerdo de Tejada – Acayucan, de la carretera federal, que aprovechó el paso por el nuevo puente. Era presidente de Catemaco don Rubén Brizuela Moreno.
El antiguo primer puente de tablas fue desmantelado; sólo quedaron algunos pilares de recia madera, como mudos testigos de la que fue la primera ruta que propició el paso sobre la corriente. La nueva construcción, con su estructura de concreto y acero, permitió que por más de una década rindiera un eficiente servicio de enlace, sobre la impetuosa corriente lacustre. Soportó no sólo el paso de grandes contingentes y hatos ganaderos, sino también el tránsito frecuente de camiones de carga de gran tonelaje y pesadas unidades del servicio de pasajeros. Recordemos que en esos años todo el tráfico hacia y desde el sureste era por la carretera federal 180 o «del Golfo», que pasaba por la región y transitaba por el Puente Canseco.
Fue a finales de los años cincuenta cuando la Comisión Federal de Electricidad (CFE) inició la construcción de la planta hidroeléctrica de Chilapan, la compañía constructora Río Bravo se encargó de construir la compuerta reguladora de «la corriente» y el canal que conduce el caudal a las turbinas, obra que destruyó el famoso salto de Tepetapan, llamado el «Pequeño Niágara». También, arrasaron las playas de la villa, con su arboleda centenaria, y sus bellos parajes. Y pretendieron resarcir el invaluable e irreversible daño ecológico con un malecón, nada comparable al bello paisaje destruido…
Al término de las obras mencionadas se ajustó el trazo de la carretera federal 180 y la entonces Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas (scop) construyó un nuevo puente, más corto, sólido y práctico, con las especificaciones necesarias para el pesado tránsito de una carretera federal… El Puente Canseco quedó al lado… Se pensaba que no sería tocado, que quedaría como paso peatonal, lugar de paseo y testimonio de lo logrado, construido por el pueblo con sus propios esfuerzos y recursos, impulsados por un amigo de Catemaco, don José Canseco…
Y un mal día, por la década de los años sesenta, una cuadrilla de trabajadores inició la demolición del puente. No recordamos qué razones «de peso» habrán justificado su destrucción. El pueblo, impasible como siempre, consintio ese nuevo atentado… Sólo algunos ciudadanos progresistas levantaron sus voces de inconformidad y dirigieron protestas a las instancias respectivas… Pero al fin la destrucción se consumó.
Dos puentes han enmarcado el devenir de la villa catemaqueña en distintas épocas… El Puente de Tablas de 1887 cumplió su cometido, y al fin de madera deleznable, era imposible su conservación… El Puente Canseco, terminado en 1949, mismo que hubiera podido ser conservado como un bello paseo y paso peatonal, símbolo orgulloso de la tenacidad de una generación de catemaqueños amantes del progreso, fue destruido sin razón o explicación alguna… Así los pueblos van perdiendo su identidad y patrimonio…

