«Culera»

La grandeza moral, social y política de las diputadas federales de MORENA y PT puede calibrarse a partir de los siguientes adjetivos calificativos a sus homólogas opositoras del PAN expresadas en el Congreso de la Unión cuando discutían el presupuesto de egresos de la Federación del año entrante: «¡Putas! ¡Brujas! ¡Aborteras!».

Y, bueno, en el decálogo de las buenas maneras una diputada del PAN se refirió a la oposición como “narcomorenos”, “narcosatánicos”, “rémoras” y “resentidos”.

Luis Velázquez

Se ignora si en el Congreso federal de la Reforma con Benito Juárez, el más grande Constituyente de que se tenga memoria, también así se llevaban, de piquete, los diputados federales, Conscriptos de la Patria, todos hombres, y algunos «hombres que parecían gigantes».

Incluso, una diputada morenista, más Morenista que López Obrador, paseó en la Cámara con un esqueleto con túnica negra, casi casi, como los Klux Klux Klan en el tiempo de la xenofobia, el racismo y la segregación racial en Estados Unidos y que tanto describe William Faulkner, Premio Nobel de Literatura, en sus novelas.

Y es el esqueleto con túnica negra anunciaba, claro, lógico, obvio, la muerte a las legisladoras de los partidos opositores.

Groserías, descalificaciones, golpes de pecho y echada de culpas como la más alta expresión del pensamiento.

Nada que ver con la pulquería de la esquina.

Ni con el molino de nixtamal y el salón de belleza con tanto arguende y diatribas.

«Va mi espada en prenda y voy por ellas» dirían todas.

Nada que ver con la república amorosa.

Las Narciso Mendoza del siglo XXI.

En todo caso, el folklore y el pitorreo.

Todas, acusándose de pillas y ladronas.

¡Que honrados nos sentimos los ciudadanos con tantos argumentos de peso y con peso erguidos por las diputadas para debatir en la máxima tribuna parlamentaria!

Caray, la actriz Marisol García, Marisol Gasé, declarada fan de López Obrador, el presidente, militante de MORENA, escribió en un pizarrón una palabra para referirse a una diputada del PRD: «Culera”.

Otra legisladora reviró de la siguiente manera: «¡Verduleras, verduleras, verduleras!».

El idioma español, uno de los más bellos del mundo, el más rico en palabras y significados, achicado en las cañerías del estercolero.

Todas, en el país de la discordia.

«¡Al diablo (diría López Obrador) con la concordia!».

Los maestros de gramática de las diputadas estarán sorprendidos, atónitos, perplejos.

¡Ay, la disputa por el poder!

¡Ay, la grandeza social, ética, moral y política de las políticas!

¡Hosanna, hosanna, y porfis, que sirvan igual para todos!

 

PUDOR Y RUBOR FEMENINO

 

¡Qué espectáculo tan deprimente!

Y más porque son mujeres, las más inteligentes, las más prudentes, las mesuradas, el pudor y el rubor por delante, el respeto a los otros, los próximos y los prójimos.

Más porque antes que mostrar las neuronas, la experiencia y el fogueo en el campo de batalla política, mostraron el hígado.

El hígado virulento.

La pasión descarrilada.

Una diputada del PRD, Elizabeth Pérez, levantó la Magnum y tronó contra el sexenio obradorista.

Lo definió de la siguiente manera: “Patriarca, macho, misógino, opresor, falócrata, sexista, homofóbico, todo eso significa este gobierno, pero también significa quienes las y lo acompañan”.

Caray, por el Congreso de la Unión han caminado todos los ismos del mundo.

Socialismo, comunismo, capitalismo, liberalismo, conservadorismo, chairismo, peñismo, felipismo, foxismo, zedillismo, salinismo y etcétera, etcétera.

Y muchos sexenios después el resultado es concreto y lacónico:

Seis de cada diez mexicanos, en la miseria, la pobreza, el desempleo, el hambre y la jodidez.

Uno de cada tres jefes de familia lleva el itacate y la torta a casa, si lo llevan, con el ingresito obtenido en el changarro en la vía pública.

Doscientas familias concentran el 60 por ciento de la riqueza nacional.

Una nación pródiga en recursos naturales y habitada por gente jodida.

Así, las diputadas federales diciéndose de todo con insultos, groserías, descalificaciones y majaderías.

El supremo arte del debate público reducido y achicado a un patio de vecindad.

 

AMARRARSE LA LENGUA…

 

Dicen por ahí que cada pueblo tiene los políticos que merecen.

Pero, bueno, caray, las mujeres diputadas podrán tener posgrados y hasta en universidades extranjeras…

Hablarán quizá varios idiomas…

Habrán recorrido el mundo en cruceros turísticos conociendo, ajá, otras culturas…

Se habrán fogueado en la arena pública electoral y social…

Pero el chamán cuide a los mexicanos de la lengüita de todas ellas.

Bien valdría la pena regalarles una biblia en navidad para que lean aquel capítulo donde el profeta aconseja «amarrarse la lengua» antes de hablar.

Caray, besar una boquita así se corre el riesgo de cuando Casandra aceptó el besito de Apolo y que le pasa salivita y luego que lo chupa y le extrajo la facultad superior de la profecía.

Pero una profeta que siempre, siempre, siempre, adivinaba la desgracia hasta que de plano la mataron en la calle frente al palacio de gobierno.

¡Qué honrados se sentirán sus electores!

«¡Culera, putas, brujas!».