Chon Pueblo.—Los niños y los jóvenes son como las plantas; por los primeros frutos se ve lo que podemos esperar para el porvenir.
Algunos son producto de esa vitrina de costumbres que no enseñan precisamente arte, ciencia, paz, honradez, sino la violencia en todas sus formas, manifestaciones y sofocamiento, ya que en ciertos hogares existe descomposición social sin limite, perdida de valores, desintegración familiar; por lo que una gran crisis moral pesa en esos niños y jóvenes.
Sin intentar ser pesimistas, hoy en día muchos expedientes de casos delincuenciales cometidos por “menores de edad” han llevado a reflexionar a las más altas autoridades judiciales y es que en ocasiones es tal el desprecio por la vida humana de una buena parte de la juventud que vive un mundo aterrador, ya que muchos han ido tan lejos de su aventurerismo y frivolidad que les da por mesclar droga, sexo, dinero, violencia, agresividad; convirtiendo todo vicio objeto de mercado y lucro o en venta inagotable para el chantaje, extorsión, intimidación y amenaza; hasta llegar a actos más horrendos.
Y, todo por vivir su pequeña gloria. La falta de identidad, la carencia de un patrón firme de valores de referencia moral y social, aunada a ellos la debilidad extrema de un sistema educativo amoral y finalmente la secuela de la crisis económica, orillando tal vez a muchos adolescentes a desviar el camino a buscar parapetos exhibicionistas como forma burda para llenar su vacío existencial y su total despersonalización.
Aun en el caso de quienes han optado por preferencias sexuales distintas al estándar de la heterosexualidad o una conducta sexual dentro de los límites de la normalidad, se constata tal denigración de hábitos y patrón de conducta que ni siquiera saben conducir con ética humana, forma legítimas de opción y libertad. Quizás, aquí o más preocupantes sea el panorama, sea el hecho de una desbordante violencia de ciertos jóvenes. Violencia demostrada en actos de vandalismo, pillaje, amenazas, robos, intimidaciones, perpetuadas sin freno alguno, causado daños inconmensurables a la sociedad,
Destrozando vidas inocentes, haciendo pedazos en ocasiones el porvenir y destino de sus semejantes con tal de vivir su pequeño egoísmo y resentimiento. ¿Cómo es posible que esto suceda? ¿Cómo es posible que en muchos hogares se viva con tal desintegración familiar, al grado que los padres ignoren el desplome espiritual, psíquico, moral y ético de sus hijos? ¿Qué ha llevado a que la responsabilidad de los padres se diluya al extremo del abandono de sus hijos en la cadena de vicios, y corruptelas incalificables?
Aun se pueden salvar muchos jóvenes que han caído en las redes de la delincuencia; aun en estos tiempos de crisis moral y económica. En la familia está el marco y patrón de valores que una sociedad reclama; los padres son cimientos y raíces. Deben encauzar a sus hijos por la senda del bien y del estudio; que es la mejor herencia que les pueden dar. Ama a tu hijo, como a ti mismo, y veras que ese árbol que no cultivas dará muy buenos frutos el día de mañana.
