Clemente Campos Carvajal | San Andres Tuxtla, Ver.- En la época prehispánica existían 4 mansiones, donde iban los muertos, dependiendo de la forma en que morían, la primera mansión era el «chichihuacuauco», donde iban los niños fallecidos, en esta mansión había un árbol de cuyas ramas goteaba leche y ahí se amamantaban los niños.
La segunda mansión era el Mictlán, en que reinaba Mitlantecutli y su mujer Mitlancihuatl, el muerto tenía que hacer un largo y penoso viaje que duraba cuatro años en llegar a donde estaban los dioses.
Primeramente el muerto tenía que pasar el rio el «Apanoayan», montado en un perro de color bermejo, y otros lugares peligrosos.
La tercera Mansión era el Tlalocan, un lugar de regalo y contento, fresco y ameno, en el que siempre reverdecían las ramas, ostentando copiosos frutos, lugar donde residía el dios de las aguas.
La Cuarta Mansión era el «Hihuicatonatiu», donde iban los difuntos en el cielo, donde vive el sol. En este lugar el gozo no tenía fin y las flores nunca se marchitaban, este lugar iban los que morían en la guerra y los cautivos que morían en poder de sus enemigos.
Lo mismo pasa con la religión católica de la misma manera existen cuatro mansiones que es: el cielo, el purgatorio, el infierno y hasta hace poco el limbo, donde iban los niños que morían sin ser bautizados, en este lugar no existía el sufrimiento, pero, nunca veían a dios, el santo papa Juan Pablo Segundo, propuso que los niños fallecidos, debían estar donde se encuentra dios, Benedicto XVI, retomo el caso y ahora los niños van a la mansión, donde se encuentra Dios.
A habido un cambio, como en todo, bastante sensible, antes cuando había dioses de la muerte, habían panteones, donde se pensaba, que iba el alma, toda aquella esencia del individuo al morir, unos de acuerdo en la forma en que morían, eran guerreros o eran mujeres que morían de parto, las Cihuateteo, que permitían, salir el sol al día siguiente, que iban al sol, que volvían a los cuatro años, los hombres convertidos en Colibrí y las mujeres en Mariposa.
Todas estas ideas, llega el momento, en que cambian, en que deja de existir la idea de que el entierro primario y secundario, el de llevar un cadáver, después de su forma anatómica, que fue enterrado en unos grandes Apastles o a una cueva, las cuevas siempre han sido un refugio de huesos, desde la época de java, donde se agarraban las cabezas de los individuos y los llevaban a una gran cueva, la cueva como una reminiscencia de esa dualidad vida y muerte, la muerte siempre dando vida y la vida dando muerte, que se llevaban a una caverna a donde posiblemente se entendía como la vuelta al claustro materno es decir los huesos que vuelven a la vida.
Pero llega un cambio, la gente deja de pensar en sus dioses prehispánicos y nos traen los dioses cristianos,, donde la muerte tiene otro significado, en las dos grandes religiones, la musulmana y la cristiana, el alma, el numen del difunto, va a ser premiada o castigada de acuerdo en la forma en que se comportó en este mundo, luego nos llega la época de la revolución, donde se hace una mofa de la muerte, aquí en México, ya no es el zompoantli, aquel de los 400 cráneos, que se tenían en la cultura maya o en la cultura mexica, sino que comienzan a hacer una mofa de la muerte, se usa como elemento político, para criticar al gobierno de Don Porfirio Díaz, de Don Francisco I. Madero.
Cuando llega Posadas, empieza hacer figuras fabulosas de la muerte como: La Catrina, el borracho, el valiente, entre otras que ya están también en pie de extinción.
Todo esto cambia el concepto anterior de muerte.
La gente sigue pensando en sus muertos para llevarles coronas, para llevarles flores, para rezarles, para hacerles ofrendas, es totalmente distinta a las ofrendas de aquellos tiempos, que enterraban en un montículo, donde eran las cámaras mortuorias a donde se llevaba al individuo y se le ponían como acompañantes las cosas en relación a su dignidad, se le colocaba en la boca una piedra verde, que era el jade, si el individuo era importante o de chalchihuite o cualquier piedra verde se era un macehual.
Todo esto va teniendo una evolución, estamos viviendo momentos de grandes cambios, donde el muerto, ya se lleva al crematorio, donde se está volviendo una ceniza, donde se está perdiendo el numen, donde el alma ya dejo la esencia del individuo, ya poco pensamos en esto, cuando alguien muere, simplemente sus cenizas se desparraman donde el señor quiso o se guardan en un botecito y todo esto tiene forzosamente que irse transformando.
En el año 2000, me toco junto a otras personas, servir como jurados de altares de muertos en la Universidad del Golfo de la ciudad de San Andrés Tuxtla, en ella hubo una muy interesante muestra de altares, donde se vio a los jóvenes, poner imágenes del Che Guevara, un sarape, una camisa y un chaleco de mezclilla, para hacer un homenaje a los muchachos muertos en Tlatelolco en 1968, todo ello también, ya es un a concepción totalmente actualizada de lo que fue antes tradicional.
Todas estas cosas tienen un cambio en la idea de la muerte prehispánica, va quedando en un capitulo histórico muy interesante, muy descriptivo de como pensaba la gente de aquel entonces, como había dioses en los tres planos principales que son: el cielo, la tierra y el inframundo, todo una magia alucinante de como Vivian ellos, pero también debemos de ver de cómo vivimos nosotros y como pensamos, se debe llevar la idea de verlo con los ojos de hoy y no con los ojos del pasado, no podemos pensar que cada uno de los altares estén apegados estrictamente a la expresión prehispánica del altar, sino a la forma moderna.
La cremación, ya la es aceptada por la iglesia católica y desde el momento que se pierde la esencia física del muerto, ya se acabaron los entierros secundarios, ya todo desaparece y al desaparecer aquello se va diluyendo, como se va perdiendo paulatinamente, la idea de lo que era la muerte, antes cuando escuchábamos hablar de la muerte, sentíamos miedo, un gran temor, porque pensábamos en un gran esqueleto, que nos iba a corretear o que nos iba a llevar, pero ahora los niños de hoy, la muerte , les da risa, ya dejo de ser la imagen que se tenía y estos cambios nos llevan indudablemente a un nuevo, estatus mental y cultural de la gente.
Ahora la juventud, principalmente, acepta más la presencia de una influencia extranjera, que la propia.
Todo va evolucionando y nos está tocando, vivir una etapa, en que la evolución, la estamos viviendo a grandes saltos.
Diversas regiones del mundo, se han ocupado del terrible paso de la muerte, algunas le han dado al hombre la posibilidad de creer que renacerá y/o resucitara o se integrara a la naturaleza, mientras que otras las consideran como el final del hombre.
Hay diversas versiones sobre el origen de esta tradición, prevalece la idea de que fueron los mexicas, los que marcaron la pauta dominante en el tratamiento de los muertos de la época prehispánica, para otros historiadores, este festejo llego al continente americano con los españoles, quienes con la conquista, influyeran, para que esta celebración, se estableciera en la nueva España y otras partes llamadas nuevo mundo.
Para los nahuas, el termino morir, no existía y tenían la concepción de que el deceso, era el sueño definitivo. Mientras que en la civilización Maya, prevalecía la idea de la reencarnación.
Son los mayas, quienes llevaban ofrendas a sus difuntos, en el mes décimo cuarto de su calendario.
Los Mexicas, dentro de su cosmovisión, concebían la dualidad, vida o muerte, como un periodo cíclico, es decir, pensaban, que el hombre vivía para morir y morir para vivir.

