Día de Muertos por Ana Josefa Carrión

TODOS   SANTOS   O   “DÍA   DE   MUERTOS”
Mucho tiempo ha, el hombre ofrendado a sus muertos. En este acto se conjuga, factores mágico-religiosos, el natural miedo a lo desconocido, lo no explicado y más que nada el

cariño con que se recuerda a los seres queridos.

Fue el papa Gregorio IV en el siglo IX quien institucionaliza el culto a los católicos, por esta razón el acto es común en casi todas las sociedades, independientemente de las

características que lo tipifican en cada región.

Actualmente, el culto que se rinde a los muertos en nuestro país debe sus raíces a tradiciones prehispánicas, pero sincretizadas con algunas traídas de la península Ibérica en

el siglo XVI. Según George M. Foster (1962), en esa época era costumbre llevar a las misas ofrendas consistentes en trigo, pan y vino las que después de bendecidas, eran

llevadas a las tumbas, y en algunos lugares (Castilla la Vieja y Aragón), tenían tan firmemente arraigada la idea de la llegada de los muertos, que en la víspera de las ánimas

la gente no dormía en sus camas para que los parientes fallecidos pudieran descansar -si así lo deseaban-, y una de las actividades tradicionales era tocar las campanas durante

el día por los jóvenes solteros, y en la noche por los matrimonio.

El maestro Melgarejo Vivanco menciona refiriéndose a ciertas costumbres entre los huastecos: «existía la creencia de que cuando una persona moría… el alma como un aliento, se

desprende para volverse mariposa (mujeres), colibríes (hombres), que se alimentaban de las flores y ponen la ofrenda de todo lo cosechado, para que las almas de sus antepasados

gocen contemplando el producto y tomen para su alimento -a las horas pesadas que son 12 de la noche y 12 del día-, de la sustancia, como el perfume de las flores, dejando

intacto lo material.

Tal vez sea necesario explicar un poco el simbolismo de Todos Santos, en el que sin lugar a dudas honrar a tos muertos es el objetivo general. Aunque es una ceremonia llena de

espiritualidad y misticismo, es también una celebración alegre en ¡a que participa toda la familia, tanto en los preparativos como en la elaboración del altar.

En España la festividad e Todos Santos y el día de los difuntos  1° y 2 de noviembre, respectivamente, se acostumbra visitar el cementerio para rendirles homenaje a los muertos.
 
En las aldeas pequeñas se acostumbraba mayor solemnidad en este acto: las lamparillas de aceite y las velas, iluminaban el panteón. Con crisantemos adornaban las tumbas, no

porque fuera una flor sacra sino porque en ésa época abunda, concepto deferente al de cempasúchil en México, aquí la flor si tiene un significado místico incluso hoy día en las

comunidades indígenas, los collares de cempasúchil son exclusivamente para la gente más notable por su bondad, por su autoridad, por su estatus. En Cataluña se usa la

siempreviva -flor pequeña y amarilla muy parecida al cempasúchil, Foster (1962)-, motivo por el cual seguramente no se combatió la flor de muerto en México.

Hoy, la festividad de muertos en nuestro país está cargada de misticismos, con una mezcla muy grande de elementos naturales. En algunas regiones prevalecen remanentes

prehispánicos, en otras no, pero independientemente del contenido religioso, esta ceremonia lleva implícita un importante contenido social.

Con la llegada de los españoles el rito católico se suma a las prácticas antiguas, pero en esencia continúa el culto. Para los antiguos mexicanos lo importante era asegurar la

continuidad de la vida; el sacrificio permite la salvación eterna del mundo; con el advenimiento de la religión cristiana tanto el sacrificio como la idea de la salvación se

vuelven personajes, 1 individuo es el que cuenta. Para el mexicano moderno la muerte no carece de significado, por eso la frecuenta, se divierte, la festeja, la escarnece y se

burla de ella. Podría decirse que al realizar el culto de la muerte realiza al mismo tiempo, el culto a la vida, y es que ambos acontecimientos son inseparables; negar la muerte

es negar la vida. Por eso cuando asiste a cementerios, lleva los elementos vitares en forma de alimentos y ofrendas florales para demostrar la ineludible fusión entre la muerte

y la vida.

Es importante señalar que a pesar de haber sido uno de los tres panteones principales del prehispánico nuestra región no tiene mucho arraigo en sus tradiciones. En

Saltabarranca, Lerdo de Tejada, Ángel R. Cabada y Santiago Tuxtla, únicamente asisten las familias a depositar ofrendas florales a las tumbas de sus deudos los das 1° y 2 de

noviembre, las que pueden ser naturales o artificiales.

En Catemaco, es e! único que mantiene en cierto modo algo de la tradición de las pequeñas aldeas de España, pues noche del 1° de noviembre, acuden a poner flores, lámparas y

velas y amanecen con sus muertos.

En San Andrés Tuxtla, el día 1° se depositan las flores en tas tumbas de los niños y el día 2 en las de los adultos, también se adornan las mismas partiendo de la cruz a la

lápida, en forma de abanico con tiras de papel crepé semejando chícharos. Antiguamente cuando no había afluencia de flores en tantas diversidades y colores, como las hay

actualmente, sólo se usaban tas moyas, en sus diferentes colores, así como la siempreviva; eran muy usuales las coronas hechas en armaduras de alambre forradas con hojas de

apixi y verdes espárragos, intercalándoles rosas de papel crepé; las tradicionales que aún se usan son en alambre forrado, con flores de papel florete y enceradas, se efectuaban

y se efectúan rezos y misas, esto en lo que se refiere a la celebración religiosa.

Hará unos 60 años uña persona Hamada Gregorio Onorio, conocido como Don Goyito, preparó unos rúmenes curtidos en alcohol, los cuales expuso a la venta en la puerta de su casa

que se ubicaba exactamente en la esquina de las calles Hernández y Hernández y Vallaría. Dicen quienes aún viven que fue en cantidades pequeñas en un solo trasto los cuales

despachaba con una cuchara en hojas de beríjao; de ahí nació la idea que adoptaron Don Francisco Motera y actualmente sus hijas, así como las señoras Tomasa Antele e hijas,

Manuela Mendoza, Elvira Ixtepan, Hermanas Cota, Etc. Esto ha dado una visión festiva a la celebración de todos santos o día de muertos, pues se ven por toda la calle que lleva

al cementerio, de lado y tacto puestos donde se expenden en pequeños y grandes botes, así como aguas frescas, dulces caseros y fritangas.

Esta tradición por demás hermosa por su significado, se debe conservar, pues debemos pensar que: esta penetración de rasgos ajenos a nuestra cultura, es una forma más de

dominio, pues en la medida en que nuestros valores se pierdan, desaparecen también los vínculos que nos identifican como mexicanos, y poco a poco viene el rechazo cultural y la

atracción por otras formas de vida que nada tienen que ver con nuestro pasado histórico.

Fuentes de investigación: Boletín Instituto de Antropología
De la Universidad Veracruzana. Antropólogo Fernando Bustamante R.
Sra. Ana Josefa Cadena Carrión.
Profra. Reyna Elvia Cadena de M.

1 COMENTARIO

  1. Estimada Señora Cadena Carrión, en primer término quiero felicitarla por su tan detallado, breve, histórico y substancioso reportaje respecto del Día de Muertos. Como se dará Usted cuenta, mi nombre es Gregorio Onorio Cárdenas, motivo más que suficiente para decirle que Don Goyo Onorio, persona que Usted menciona, es mi abuelo paterno, quien vivió y tuvo una tienda de abarrotes entre el Panteón y la Escuela Primaria Pastor Torres. Su reportaje me llenó de nostalgia al recordar la niñes y adolescencia que viví en el siempre paradisiaco San Andrés Tuxtla. Con mis respetos y admiración.

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