Editorial

Los pretextos de fin de año.

Estamos próximos al 31 de diciembre, y con ello finalizar la primera década del segundo milenio.

Y como siempre, surgen los buenos propósitos, de buenos deseos, de salud, de prosperidad y de éxitos, los que al final sólo son deseos, porque quienes logran cruzar un año más de vida, se encuentran que no se hizo nada, y que todo quedó en quise hacer pero no se pudo; no tuve tiempo, no tuve dinero, y el fracaso se llena de pretextos interminables.

Cierto es que tuvimos crisis; pero fue en el 2009; en el 2010, no hubo repunte pero la economía se mantuvo, y sólo se alteró en algunos puntos.

También cierto, que hay que destacar es que los sueldos no han aumentado, y sí la canasta básica sigue en ascenso; hoy día ya no se logra el ahorro deseado, porque los productos consumen el mísero sueldo que se percibe, siendo la mayoría de los mexicanos que vivimos sobregirados, pues cuando se reciben los sueldos o los honorarios por servicios prestados, éstos ya están comprometidos.

El problema que sigue persistiendo es que no hay autoridades que defiendan los buenos propósitos y los líderes de trabajadores se han convertido en cómplices de patrones o jefes corruptos, de ahí tanta inconformidad del sector laboral.

Y esto sí es una causa poderosa por la cual no se logran muchos de los buenos propósitos que se fijan los hombres y las mujeres para el futuro, o para el año que viene; pues se requiere de productividad pero los empresarios no quieren aumentar los sueldos, ni quieren cubrir las prestaciones a sus empleados, siempre pretextando que “la crisis les afecta”, pero si observamos son empresas que tienen años subsistiendo, ¿entonces, realmente les afecta la crisis, ó solo buscan acaparar mayores riquezas?

La continuidad de las empresas tiene mucho que ver con la visión de quienes están al frente, ya que muchos han venido a encontrar fábricas, negocios o empresas ya encaminadas, y sólo se han dedicado a sobrellevarlas, no han destacado más, pero hay que tener en cuenta que los tiempos han cambiado y que así mismo, al interior de cada una de ellas es urgente el cambio radical; de ahí la reflexión “renovarse o morir”.

Dios mediante, esperamos que surja el optimismo en todos los sectores; desde cada uno de los rincones donde prestemos un servicio laboral, sea cual sea y que este año 2011, sea de logros y de cambios, y cómo decían los viejos en el pasado, “lo que no produce hay que desecharlo y buscar nuevos horizontes”, porque las oportunidades afuera existen y sólo es cuestión de buscar las herramientas para ser mejores, felices y por lo mismo emprendedores.

Un fin de año siempre es un bueno pretexto para reflexionar.

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