El antiguo panteón catemaqueño…

Sabido es que los diversos pueblos prehispánicos rendían culto a sus muertos…La conquista y la iglesia los desterró para imponer los ritos judeo cristianos…

Así en la Colonia, los entierros se efectuaban dentro de los templos o en el espacio del atrio destinado para ello. Camposanto era llamado. Y en las antiguas iglesias incluyendo el primer templo catamarqueño, diversas lápidas señalaban el sitio donde reposaba un difunto…Muchas lápidas de difuntos de familias conocidas, con el correr del tiempo, se quitaron, fueron robadas; o tal vez se destruyeron al construir la basílica…

Pero ¿cuál fue  el primer panteón civil de la Villa de Catemaco?  ¿Dónde se localizaba?

La costumbre de sepultar en el interior de los templos se conservó en los pueblos de Nueva España durante todo periodo colonial. Fue en los años del gobierno juarista, durante la República restaurada, cuando las leyes de Reforma ordenaron la desamortización de los bienes clericales y se clausuraron las sepulturas dentro de los templos. Las autoridades destinaron terrenos del fundo legal para establecer los cementerios civiles.

En charla sobre el tema con el anterior Cronista, el culto médico y primo Héctor Cárdenas Escobar (Q.E.P.D.) cuya memoria honramos- ; aseguraba que cumpliendo las leyes de Reforma, a finales del siglo XIX, el panteón fue establecido en terrenos baldíos, de labranza, donde actualmente se ubica la esquina de las calle Madero y Democracia, al oeste de la entonces pequeña villa.  Le llamaban “Panteón viejo”, sin el calificativo de “campo santo”.

Sin embargo, las pesquisas del cronista Cárdenas Escobar no lograron establecer cuándo y por qué fue suspendido ese panteón y trasladado a otro lugar. Creemos que seguramente fue establecido en otro sitio empujado, tal vez, por alguna mortal epidemia o por el natural crecimiento urbano, que en el tiempo que nos ocupa no rebasaba la actual calle Abasolo

De acuerdo a testimonios, revisando  actas de defunción, algunas esquelas y lápidas, inferimos que en el transcurrir de la primera década, del siglo XX, el “Panteón viejo” fue trasladado al sitio que ocupa actualmente. El terreno, propiedad de don Pedro Turrent Hernández, era campo de labranza. Fue adquirido en la tercera década del siglo XX por el alcalde Donato Castillo a los descendientes de señor Turrent. Igualmente se realizó la compra a la familia Rodríguez de un extensión colindante  para anexarlo al fundo legal, previendo el crecimiento de la población, y finalmente fue destinado como panteón, dada su relativa lejanía…

Por los años 20 o 30 se construyó a la entrada de panteón una la capilla de calicanto, que en su fachada lucía dos columnas neoclásicas que soportaban un frontispicio…La techumbre era de tejas a dos aguas, luego sería de lámina.

En la fachada de la capilla destacaba la frase: “Descúbrete mortal, la frente inclina, que el orgullo mundano aquí termina”, pensamiento atribuido al olvidado poeta catemaqueño Juan Santos Solórzano, aunque hay quienes asegura que el autor fue Feliciano Lucho Leal.

Ignoramos el motivo por el cual el panteón, desde sus inicios, careció de columbarios, serie de tumbas construidas una sobre otra y alineadas a la barda, típicos en casi todos los cementerios de esa época; pensamos que se debió a que, entonces, se contaba con gran extensión de terreno…

Dentro del cementerio se prologaban alineadas calles y veredas. Las tumbas, alineadas a cordel, eran generalmente   túmulos o de bóvedas de calicanto con su respectiva cruz y lápida de mármol. Destacaban algunas sepulturas, verdaderos monumentos, con pasajes o figuras religiosas talladas en mármol. Entre ellas sobresalía varias pertenecientes a familias de ascendencia extranjera; seguramente gente que se avecindó aquí desde pasadas época.

En la década 70, muchas de esas tumbas desaparecieron, destruidas por el abandono y el tiempo; fueron robadas las grandes y pesadas lápidas de mármol que serían una valiosa fuente de información para la historia de nuestro pueblo…Y los espacios fueron vendidos nuevamente, así como las áreas comunes veredas y callejuelas; y  comenzaron a surgir las “capillas”,  actualmente abundantes, en variados estilos…

Los días dedicados a los “fieles difuntos” o “días de muertos” el panteón se colmaba de gente que llevaba sahumerios y ofrendas de cirios y flores… No velaban la noche del día primero de noviembre. La costumbre era ir la madrugada del día dos a visitar los difuntos, rezarles, alumbrarlos con cirios y veladoras, sahumarlos con incienso y copal…Las sepulturas se cubrían con flores naturales o coronas de flores de papel enceradas; por cierto una artesanía muy nuestra y popular, que el plástico vino casi a desplazar…

En el panteón, a la par que recogimiento había jolgorio con antojitos, comilonas, traguitos de “fuerte” y en ocasiones hasta música y baile. Y por supuesto, no podían faltar los manches curtidos propios de la temporada y los cartuchos de doraditos cacahuates…Y abundaban vendedores de otras golosinas como gaznates, merengues, besos de dama, dulces de coco y leche, pan de niño envuelto, y los tradicionales tamales de frijol…

Y circulaban las tradicionales y chuscas “Calaveras”, con versos satíricos o de humor negro, dedicados a personajes públicos. Eran muy codiciadas las que vendía Crescencio, “Chenchano”, Brígido- “el vate comoapeño”- redactadas por él miemo e  impresas en hojas de papel de china. Se vendían como pan caliente…Y hablando de pan, el “pan de muerto” es costumbre no catemaqueña que alguien trajo a nuestros  pueblos…

Porque, seguramente, con el correr de los años, gente llegada del sur de la república, del norte del estado o del altiplano trajo e implantó ritos que el pueblo catemaqueño adoptó, como velar la noche del día primero, el mencionado “pan de muerto” y las ahora tan populares “altares” u “ofrendas” de muertos.

En el caso de las ofrendas. Esta tradición ancestral y de gran significado, originaria de la región huasteca y del altiplano, era desconocida aquí. Recordábamos con el primo y cronista  Héctor que la primera ofrenda que vimos en Catemaco, allá por los años 50, la instalaba una señora arribeña, doña Altagracia, por cierto vecina de Héctor..

Doña Alta  se dedicaba al comercio de golosinas , juguetes y artesanía de temporada, manufacturado en estados del centro de la república; juguetes , muñecas y máscaras de cartonería, frutas de la estación dulces arribeños, imágenes religiosas y figuras de barro para el nacimiento y pirotecnia.

En los primeros días de noviembre, doña Alta ponía en su hogar una sencilla ofrenda: Sobre una mesita cubierta de papel china recortado colocaba una amarillenta foto de algún antepasado, rodeada de dos o tres tacualones con alimentos y frutas, las consabidas veladoras y un humeante y aromático incensario…

Fue en el año 1975 cuando el gobierno del Estado, a través de la Secretaria de Educación y Cultura, fomentó en todo el territorio veracruzano los “Altares y ofrendas de muertos”, originales de las cultura totonaca y huasteca, como expresión cultural de toda la entidad veracruzana…

Y se impulsaron en el ámbito escolar, a través de concursos, desfiles y exposiciones. Y tomando como motivo la Calavera Catrina, de José Guadalupe Posada, de pocos años acá esa tradición de los altares y ofrendas de muertos, que sincretiza aspectos prehispánicos y cristianos, ha cobrado gran relevancia; sobre todo a partir de que la UNESCO declaró la “Fiesta de Muertos” como Patrimonio Intangible de la Humanidad.

Volviendo a nuestro camposanto, durante la presidencia del ingeniero Salvador Guerrero capilla fue remodelada, siguiendo el modelo antiguo…Pero no ordenó el caos en que se encuentra el área de sepulturas, que han invadido las necesarias calles y veredas, obstruyendo el paso…

En reciente administraciones municipales se ha ampliado el panteón, con la compra de terrenos aledaños…Aun así, el crecimiento poblacional pronto requerirá abrir un nuevo camposanto…

“Descúbrete mortal, la frente inclina, que el orgullo mundano aquí termina “…

Reza el sentencioso lema, en el sitio santificado por las raíces y el polvo de nuestros antepasados. Sitio que nos congregará, temprano o tarde, a todos… Sitio que como todos años se colma de gente que, entre devoción y diversión, en los días señalados en calendario para horrar a los fieles difuntos.

(shg)