El equipo asiático vence 1-0 al conjunto africano de Samuel Eto’o

Japón sorprende a Camerún.

BLOEMFONTEIN, SUDÁFRICA.-Camerún se sobrevaluó a sí misma y a la hora de volverse moneda de cambio contra Japón, se llevó una bofetada que le ha regresado de la peor manera a la realidad.

No es que los asiáticos tuvieron una revolución futbolística. El orden y la solidaridad le bastaron. Ya no es el futbol vertical, de pulmones e intento ofensivo permanente, se acabó.

Takeshi Okada, su director técnico, acomodó un medio campo con hasta cinco elementos, más los cuatro defensores, que hicieron el circular de la pelota para los africanos tan difícil como el pasar una cuerda de marinero en el ojo de una aguja de abuelita.

Ni siquiera el futbol siempre esforzado de Samuel Eto’o, que aquí como en el Inter de Mourinho también cumplió labores defensivas y se sintió desperdiciado, y la potencia de Webó consiguieron hacerse un hueco en la disciplina samurái que con sables futbolísticos los detuvo algo más de 90 minutos.

Pero tampoco del lado africano hubo el desborde anímico ni de esfuerzo que cabría esperar de un cuadro que en el nombre se entendía superior al rival y que espera mucho de sí mismo.

Tras que Japón trabó el partido en el medio campo y prefirió atacar en veloces ráfagas antes que controlar el balón, Camerún vivió engañado con el balón en los pies, pero sin profundidad ni espacios y siempre hubo dos o tres asiáticos dispuestos a atorar, y detener su accionar.

Fue tan efectiva la fórmula de Okada que el primer tiro a puerta de los africanos se dio hasta los 37 minutos, ellos tampoco habían tirado mucho al arco contrario, pero tampoco les interesaba demasiado, cuando Eyong hizo un disparo que atajó sin problemas el arquero Kawashima.

El gol vino de inmediato tras esa jugada. Matsui centró por derecha, brincaron dos defensas a destiempo y no alcanzaron la pelota, el esférico llegó a Honda que controló y fusiló a la salida de Souleymanou. Fue un golpe de efecto tan efectivo como sorpresivo que duró hasta el final del partido.

El escenario no cambió demasiado para la segunda mitad y aunque Samuel Eto’o intentó ponerse de líder frente a sus compañeros con un par de jugadas, no tuvo eco su decisión ni su empeño en sus compañeros, aunque también se perdió jugando demasiado tiempo en el lado de su cancha.

Sólo se pudieron quitar los hilos en un par de jugadas cuando Mbia se desató por un instante de sus captores y estrelló un balón en el travesaño, y Webó conectó un balón que Kawashima atajó sobre la línea de gol, cuando ya había pitado el árbitro una falta previa. 

Japón ganó por primer vez en un Mundial fuera de su territorio y dejó al desnudo las carencias futbolísticas y anímicas de Camerún, a un equipo fácil de controlar y predecible, hasta vulgar.