El juego sucesorio

La sucesión presidencial del año 2024 se está repitiendo como decían Carlos Marx y Federico Engels. Como una comedia y una tragedia.

Incluso, el lunes 12 de julio, el secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard Casaubon, tan experimentado, pero también, ansioso y nervioso, acuñó frase bíblica luego de su girita en Europa donde fue enviado exprofeso para que las candilejas del tercer aniversario del triunfo de López Obrador en las urnas fueran para Claudia Sheinbaum: “Me dan por muerto; sigo vivo”.

Antes, el senador Ricardo Monreal, jefe de la bancada de MORENA en el Congreso de la Unión, también se desesperó y se encartó pues el presidente de la república lo ha excluido.

Nunca antes en la historia nacional un destape presidencial anunciado con tanta anticipación. Mejor dicho, en el carril “la caballada gorda” de MORENA, girando todos alrededor de la Jefa de Gobierno en la Ciudad de México, la preferida del Edén.

Todo, sin embargo, se encarta en un reality-show según mira el politólogo Carlos Ernesto Ronzón Verónica.

Primer reality-show:

La caída del Metro de la Línea 12 en la Ciudad de México. De pronto, dos presuntos responsables o culpables. Uno, Marcelo Ebrard. Y dos, Sheinbaum.

Luego del fuego cruzado entre las partes en los medios, Carlos Slim, el hombre más rico del país y una de cuyas empresas, Carso, estuviera a cargo de parte de la construcción de la Línea 12, compareció en Palacio Nacional, y aceptó reconstruir el Metro… y sin cobro alguno para el gobierno defeño.

Hecho indicativo y significativo porque Slim se la juega con Ebrard para la candidatura presidencial.

López Obrador, blindando más a Sheiunbaum.

Más todavía cuando le enviara al senador Martín Batres como secretario General de Gobierno.

TRAIDORES EN MORENA… QUE DICE AMLO

Segundo reality-show:

López Obrador tronó en contra de la clase media en la Ciudad de México porque MORENA perdió seis alcaldías el 6 de junio.

Y antes de inculpar o exigir cuentas a Sheinbaum, prefirió señalar con “índice de fuego” a la clase media.

Pero entonces, apretó tuercas en algunas entidades federativas donde la oposición ganara la gubernatura a MORENA para la impugnación.

En la tablita, por lo pronto, el gobernador electo de San Luis Potosí, a quien ligan con los malandros.

También Michoacán y Campeche…, en la mira.

Tercer reality-show:

El senador Ricardo Monreal ha sido borrado de la lista presidencial del 2024 porque en el trascendido aseguran que jugó las contras a Rosario Padierna, esposa de René Bejarano, para la presidencia municipal de Cuauhtémoc.

Además, de que Monreal se habría aliado con Alejandra Barrio, lideresa histórica del PRI, para tumbar a Padierna.

Por eso, López Obrador habló de traidores en MORENA y también los suyos.

Cuarto reality-show:

Marcelo Ebrard en Europa, excluido del evento partidista de MORENA por el tercer aniversario de López Obrador en las urnas, resulta indicativo y significativo, dice Ronzón Verónica, que de pronto, la empresa internacional de medicina, Pfizer, anunciara el recorte de vacunas COVID a México.

Fue, dice el politólogo, una operación subterránea de Ebrard en contra de López Obrador.

Digamos, el desquite, la venganza, el ajuste de cuentas… en donde más duele.

Quinto reality-show:

En el día con día, López Obrador ha multiplicado la baraja de los presidenciales.

Además de Sheinbaum y Ebrard (en su momento) también al ex rector de la UNAM, representante de México en la ONU, Juan Ramón de la Fuente.

Y al embajador de México en Estados Unidos, Esteban Moctezuma.

Y a las secretarias de Economía, Tatiana Clouthier, y de Energía, Rocío Nahle.

Hay más, anunció Sheinbaum.

Se trata de un juego sucesorio distractor. Entre más encartados incorporen, más, mucho más se oculta y protege y blinda o quisiera blindarse a la jefa de Gobierno en la Ciudad de México, su favorita.

El hecho singular sería que al ratito también incorpore a la secretaría de Educación Pública, Delfina Gómez, y al director general de la Comisión Federal de Electricidad, Manuel Bartlett Díaz, en la lista 2024, y con lo que Bartlett podría repetir la frasecita de don Adolfo Ruiz Cortines de que nadie lo contrató para semental, sino para candidato presidencial.

LA PRIMERA PRESIDENTA EN EL PAÍS

Sexto reality-show:

El profe dice que a un presidente de la república nadie nunca, jamás, le gana una jugada.

Es el jefe máximo. El tlatoani. El chamán. El gurú. El mero mero. “El país de un solo hombre” lo definió el investigador Enrique González Pedrero a propósito de su libro monumental sobre Antonio López de Santa Anna.

Más, cuando de acuerdo con Porfirio Muñoz Ledo, ex de todo, menos de presidente de la república, López Obrador y MORENA durarán dieciocho años seguiditos en el poder.

Ninguna duda de que hacia el año 2024 se la está jugando y jugará por Sheinbaum.

Y es que, además, significaría la posibilidad de que López Obrador heredara el poder a la primera mujer presidenta de la nación.

Únicamente un milagro, dice Ronzón, tumbaría a Sheinbaum del caballo para dar paso a Ebrard y/o a Monreal.

Incluso, los dados están o parecieran estar demasiado cargados a favor de la jefa de Gobierno.

Por eso la desesperación de Ebrard y Monreal para ser encartados.

La frase bíblica lo dice todo: “Me dan por muerto; sigo vivo”.

En el año 2006, para distraer a Vicente Fox Quesada con su candidato favorito, Santiago Creel, Felipe Calderón “El hijo desobediente”, López Obrador acuñó frase bíblica más menos parecida (para que lo dejaran de fregar): “A mí que me den por muerto para las elecciones presidenciales del 2006”.

Y aquel indio muerto llegó a Palacio Nacional doce años después…