La conciencia y esencia del ser padre

“El gran vacío que hay en mi corazón, en mi conciencia y en lo más profundo de mi alma tiene en realidad, la forma de mi padre, que ya no está conmigo”: H. Norman Wright 

Artículo de Hermilo Coto Xolot.—La conciencia y esencia del ser padre, es un fenómeno inherente a los tiempos y a los espacios, a las ideas y las culturas de la humanidad; a la creación de la naturaleza y del universo. Congruente con la vida y con la formación biológica y psicosocial del ser humano. Es la parte vital, inherente, compensatoria, aleatoria, necesaria y contradictoria. Es el basamento, el alma, la columna vertebral y la universalidad del espíritu. Del cuerpo perenne o fortuito del tejido estructural físico, afectivo lúdico y moral de los hombres. Génesis del amor, de la comprensión y la incomprensión, del atributo intrínseco, de la tolerancia y el perdón infinito e incondicional.

Si falta esta concepción (SER PADRE) como un ente físicamente natural, social, moral y humano responsable, la familia se colapsa, se desmembra, se desequilibra, queda “bailoteando” en el tiempo, y por ende, queda supeditado a patrones muchas veces ajenos a la esencia de los roles familiares. Asimismo se presenta un vacío físico, espiritual, moral, sentimental, emocional indemoniadamente doloroso; interno, quemante, insoportable; externo y mostrable, visible e invisiblemente cargado hasta los tuétanos de cuestionamientos inherentes, inevitables e insalvables, incontestables y abismales. Una llaga lacerante, una herida difícil de cicatrizar en el tiempo y en el espacio suficiente o permanente, el cual nunca serán sanadas ni llenadas, mucho menos compensada, por más que la nodriza mater familia, en su doble acepción (padre y madre) se disponga a continuar con la ruda, difícil y aventurada tarea de cumplir con los roles específicos que posee el padre y, el poder del padre en el núcleo familiar.

La conciencia del padre, es sin más, parte inherente de la omnipresencia universal, del pensamiento generador hacia la materia integradora, del egocentrismo inmanente en el género humano, del orgullo y de la sencillez innatos; del sentido más sutil, más rutinario, más simple que forma el concepto niño, el concepto joven, el concepto adulto, hasta el concepto senecto. El padre responsable, es sin duda el verbo hecho sujeto, el sujeto hecho hombre de verdad, en la dialéctica misma de la práctica de la responsabilidad social suprema. Parte de la voluntad, del ser que integra el universo natural y su participación en la conservación y defensa de los hijos. Viene aparejado por su vocación, su entrega, su instinto perdurable e inmanente. Su don inacabable, e incansable que se aferra ante el mundo objetivo y subjetivo, de lo visible, de lo tocante, de lo posible hasta de lo imposible, ante cualquier eventualidad, guerra, azote, agresión o flagelo. Que aseste contra la integridad física y moral de sus hijos. Sin más, el ser padre lo ubica en el contexto de un ultradefensor empedernido, nato, ecuánime, irredento e incansable de sueños y esperanzas para sus hijos. El que se entrega totalmente, se desvela, piensa, se hace pedazos otorgando sus lágrimas, sus pensamientos, su tiempo, su sacrificio, su esfuerzo, hasta dar gota a gota su vida, gota a gota su sangre, su ilusión y/o su frustración, su triunfo o su derrota.

La esencia del padre es su don, su estirpe, su poder, su imagen mítica, su imagen idílica, su imagen suprema parte integrante del universo.

Su ausencia sin embargo, es un mundo vacío, es un mundo sin voces, sin ilusiones, sin sentido, sin melodías, sin cantos y sin encantos; no existe la familiar ideal, completa sin esa parte vital, esencial. No tiene un papel que lo escenifique como un protagonista exacerbado, estoico, único; que lo conciba como el mito ideal, de lo existente y lo no existente, que lo haga formar parte inmanente de esa cuestión ilustrada, clásica y esencial del mundo familiar.

Un padre, es el que está pendiente en las necesidades generales de sus hijos, el que se desvela…El que no obstante de que los hijos son hechos adultos, viejos y canos, siempre estará ahí apoyando, aconsejando, dando su opinión, su punto de vista, hasta “sermoneando” y reprendiendo. No cabe duda que la concepción de padre, es un término realmente complejo y contradictorio en el contexto de la formación humana, tangible y aventurado; concreto y abstracto, fútil y elocuente; moderno y obsoleto, suave y rústico; altivo y cansado.

En los términos bíblicos, el padre creador de lo existente, es dios, luego nuestro primer padre Adán, padre de la humanidad, análogo pues, a los padres comunes, porque ellos también emergen del “de la nada”, de lo significante o de lo intrascendente; juego o accidente natural y social y en la génesis de un ser humilde, simple y bondadoso que vino al mundo a servir sin esperar nada.

Padre sin más, no es sinónimo de progenitor, de agente biológico engendrador, de “dador de vida”; del simple y llanamente llamado semental que inyecta su líquido seminal… el que cree “que hace”, que inicia que, concibe y que comparte el juego natural de la pasión matrimonial; del disfrute del instinto, de la accidental concepción y nacimiento de un ser natural social e íntegro llamado hijo. Padre, es el término superior, por ende irrebatible, incomparable, infinito, profundo trascendente; que va más allá del rubro del convenio legal o no legal de la relación sexual. Es un individuo racional y sutilmente dispuesto a compartir desde el fondo de sus entrañas, de su corazón, de su vocación, de su coraje, de su egocentrismo, de su soberbia y de su sencillez, de su humanidad y su responsabilidad, de su sufrimiento, de su amor, de su disposición, de su voluntad, de su convicción y de su instinto permanente, fuerte, seguro y natural, para proteger y desarrollar a sus vástagos completa, sana, armónica e íntegra.

…Padre es el que indica, el que supedita de manera lógica y racional a los patrones de la vida… Padre es aquel que sabiamente “regaña”, que sabiamente coerciona; el que hace del consejo una dureza inteligente, justa, necesaria y responsable, apta y adecuada a sus hijos. Pero ama e idolatra infinitamente a sus hijos. La reprensión y de la represión son justamente parte del amor, porque indica y guía. El que siempre estará con el hijo, en las buenas y en las malas; en la alegría y el dolor, en el regocijo; en la angustia, en la soledad, en la aflicción. Si llora el hijo, llora el padre; si ríe el hijo, también el ríe; si el hijo fracasa, también lo es para el padre el fracaso. Es y será siempre el padre, aunque los amigos, los cuates, los camaradas y los comparsas ye abandonen; aunque el esposo o la esposa te abandonen. Pero el padre, sea quien sea ahí estará con su hijo día y noche, tarde o mañana, todo el tiempo, todo su consejo, todo su espacio, toda su ocupación y su preocupación hasta las últimas consecuencias, hasta el último instante de sus días, él no te abandonará.