Aun no existen las condiciones de la conciencia de clase magisterial para dirigir una lucha transformadora a la vida general del magisterio veracruzano.
Una lucha si no es bien enfocada y organizada en sus cuadros, corre el riesgo de caer solo en el fundamentalismo patológico y protagónico de líderes oportunistas.

Hermilo Coto Xolot / San Andrés Tuxtla, Ver.—El acontecimiento que vive hoy día la entidad veracruzana en el contexto magisterial y la lucha que el sector ha emprendido por abrogar y/o derogar artículos y leyes secundarias comprendidos en la Reforma Educativa, que dicen inciden en la eliminación de derechos laborales de los maestros, dando con ello un duro golpe jamás visto en la historia de la política educativa gremial en nuestro estado, derivando también la paralización casi total del servicio educativo en una buena porción de la geografía veracruzana, entre otras manifestaciones morales y espirituales que ha tocado fondo no solo al nivel de las conciencias de las grandes masas que comprenden el magisterio estatal, regional y nacional, sino a los demás sectores sociales involucrados como padres de familia, autoridades, comerciantes y grandes y medianos.
Asimismo, dicha situación magisterial, ha originado una serie de actos trascendentes que dada su magnitud, -y aun cuando los medios de comunicación han callado en gran parte- ha impactado considerablemente en todos los órdenes de la vida social, cultural y económica. Pero más en la actitud que ha adoptado el magisterio veracruzano, en torno a su modesta percepción y conceptualización de juicios y paradigmas respecto a la politización e ideologización de su lucha, y su postura en el marco del cambio estructural que exige la política educativa popular y democrática en el país.
Marx, decía que “la maduración de la conciencia de clase de un grupo social o sector, se debía en gran parte por la maduración de las situaciones de explotación del patrón en relación con las clases asalariadas o también llamadas clase proletaria”, que hace alusión a la clase trabajadora asalariada donde se halla el trabajador de la educación.
Así pues, tomando como fundamento la premisa de la maduración de la conciencia, en este marco histórico y la situación que vive el magisterio en Veracruz, dista mucho de la toma de conciencia de clase. El magisterio está actuando en este momento, no por el reclamo de un justo incremento a sus salarios y sus percepciones; ni por buscar mejorar radicalmente sus condiciones de vida más equitativa y digna, ni por la liberación del yugo explotador en relación a sus explotados. Ni por reivindicar sus valores genuinos ante la sociedad. Está más bien sobre una situación de “pleito legal”, con el estado con el objeto de exigir la abrogación de las leyes secundarias de la Reforma Educativa, misma que en función al concepto legal, el sector lo considera como una imposición por parte del estado con mira de suprimirle parte de sus derechos laborales.
Es bien sabido que el magisterio, en este marco veracruzano aunque su percepción económica en relación con otros trabajadores asalariados o aun de los que dependen del estado, vive “gozando de algunos privilegios”, que no tienen otras clases o grupos asalariados, campesina u obreril. Esta clase social o sector se da el lujo de considerarse en el marco pequeño burgués, no vive la expoliación ni la explotación como lo viven los obreros en otro marco histórico, de supresión de sus derechos elementales, o de la férrea manipulación ideológica, política y aun física de los patrones y gobiernos autoritarios y dictatoriales que existen en el contexto mexicano y latinoamericano, como los campesinos, los obreros, los desempleados, etc.
Y en torno a la situación beligerante desatada, en estos días en el marco de la lucha de sus derechos laborales, no es una guerra física y cívica, que enfrentan los maestros. Aquí lo que se vive, es precisamente, un movimiento legal en y de reconocimiento, de defensa de sus llamados legítimos intereses. Y por ello se ha enfrascado en una batalla sin control, donde existe más de un protagonista en el escenario: magisterio contra el estado, estado contra magisterio, maestros contra gremio; gremio contra maestros, maestros contra maestros, padres contra maestros, etc. Y el gobierno sabe a ciencia cierta que la guerra del magisterio es una guerra acabable, vencida, desgastada y convencida, y hasta cierto punto negociada. Por determinados factores objetivos y subjetivos que circunscriben al trabajador de la educación (prejuicios, miedos, intereses, disciplina, condicionamiento social, inexperiencia, cultura política etc., etc.,) No hay antecedentes en el estado donde el magisterio constituya una fuerza de lucha sin tregua, radical y hasta sus últimas consecuencias.
No obstante de la resistencia que ha mostrado el magisterio para conseguir sus objetivos (no ideales), hay un magisterio en este momento cansado, fraccionado, manipulado. Existe un magisterio aun mediatizado, imberbe, aun controlable por el miedo. Aun no existe la experiencia de otros órdenes en algunas partes focalizadas del país y lugares latinoamericanos, donde realmente se perciben los movimientos revolucionarios, reales.
Ojalá y esta lucha, sea realmente de todos y para todos, de los del grueso del magisterio que dicen sufren la expoliación de sus derechos laborales a través de “los aparatos controladores y/o represivos del estado” como ellos llaman. Y que no sea una lucha dirigida por líderes que muchas veces distan de tener una real y objetiva cultura política, y una gran responsabilidad social y ética ante quienes los apoyan e impulsan, a los que según Marx catalogaba como líderes luchadores con profunda conciencia de clase y, no líderes luchadores ambiciosos, coyunturales y oportunistas, con conciencia arribista pequeño burguesa, los cuales cuando logran el poder, hacen como que van a ser honestos y después se confunden y corrompen, como ha sucedido con casos tan conocidos en la historia.
Esta lucha que ha emprendido el Movimiento Magisterial Popular Veracruzano que como se observa en la óptica del panorama general, no es la lucha de todos, ni siquiera del 90 por ciento de la clase magisterial que lo sustenta como lo dicen. Ojalá y no sea parte de un grupo que se rigen bajo la consigna de un fundamentalismo hasta cierto punto enfermizo, y que no sean, más bien levantamientos movidos por la parafernalia del ruido, del espanto, de la ignorancia, de la emoción y de la cerrazón.
Porque en esta lucha, muchos dicen que no se ha visto nada concreto, ni objetivos concretos. Porque los grupos bien formados, deben tener poder de organización, de formación de cuadros, de educación política y concientización, y sobre todo un grupo con una plataforma ideológica de principios y objetivos históricos bien definidos en la consecución del poder y ejecución de la democracia magisterial por los maestros, y para los maestros veracruzanos.
Porque es inobjetable, que el magisterio veracruzano “ante las imposiciones”, sean estatales gremiales, siempre había adoptado una actitud sumisa, borreguil y esclavizante. Y lo sigue siendo ante las condiciones de poca o nula cultura política, y “desconcientización social” de los mismos.
En esto, corrobora que el llamado grito a la lucha del magisterio, aquí no peligra con la llamada radicalización del mismo, (como ya existen brotes pequeños como en otras partes del país), porque, aun no existen en nuestro estado las condiciones sociales, proclives para estos movimientos. El maestro en este contexto todavía está circunscrito en la enajenación y con el prejuicio de la mente burguesa o del pequeño burgués. Todavía no existen en ellas condiciones de explotación, la madurez política y la concientización social y de lucha de clases, respectivamente.
Marx también decía que para la concientización de la conciencia de clase, la base objetiva de este proceso es la producción, el proceso inherente de la formación de la conciencia social “… porque en la producción social de su vida, los hombres contraen determinadas relaciones necesarias e independiente de su voluntad, que corresponden a una determinada fase de desarrollo de su fuerza productiva materiales. El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política a la que corresponde determinadas formas de la conciencia social.”
Por tanto, “la existencia de la conciencia proletaria implica un cambio cualitativo para la clase. Su función histórica es la transformación de la clase en sí, en clase para sí, no solo frente al capital sino frente a sí misma, y a la actitud adoptada, a los cambios que merece la base”. Este cambio cualitativo se expresa, o expresará cuando el magisterio como clase social asalariada y explotada, tome realmente su verdadero papel histórico en la lucha auténticamente política y revolucionaria, como verdadero agente necesario del cambio social. Y no solo por abrogar leyes que minimizan su participación laboral, sino en una lucha general, integral, global, en la búsqueda de su reivindicación en la historia y su postura de calidad de vida digna, democrática y justa.
