Lun. Jun 8th, 2026

POR ARMANDO RAMIREZ RODRIGUEZ.

 

Capítulo 2:

 

La audacia y el valor eran motivos que me impulsaba para subir a escondidas a la torre del campanario de la catedral para ver de cerca las lechuzas, que se escondían en la parte más alta. A su vez, observar el maravilloso espectáculo de admirar San Andrés desde lo alto, con sus hermosas casas de teja. Estar sentado en el lugar más solemne y apacible del pueblo, me hacía imaginar a quienes alguna vez habían llegado del legendario Ixtlán a refugiarse de la sorpresiva erupción del Titépetl en 1532. El volcán está acompañado de una serie de cerros que forman una cadena; el Baxitepec, Tzompaxotepec, Matzaltepec y el Baxcaltepec, y los cerros menores que se observan en un hermoso valle donde se encuentra San Andrés, rodeado por arroyos, ríos y lagunas como Cuyuapan y Yambigapan; así como majestuosas cascadas como el Eyipantla, que arroja aguas que irisa el cielo y convirtiéndose en un fresco rocío.Desde la fundación de la población a lo largo de su historia, han existido ilustres y recordados personajes que aun hoy preexisten en la memoria colectiva del lugar. Los Sanandrescanos nos sentimos orgullosos de muchos hombre y mujeres valiosas, que han forjado generaciones de artistas, políticos, atletas, entre otras tantas actividades culturales y deportivas. Muchos de ellos llegaron desde tierras lejanas para habitar el poblado e impregnarlo de encanto.Vivimos nuestras raíces en la elaboración de alimentos típicos, ya que disponemos de plantas endémicas que encontramos en la región, y que nos apropiamos como una herencia natural para darle su particularidad a los platillos tradicionales; el toque especial de la tierra tuxtleca. Algunos son el epazote, otole, acuyo, chonegue, abasbabi, agotote, y bebidas como la chicha, el tepache, y el chagalapoli. El chagalapoli es una fruta característica de la región, con un color rojo intenso que se asemeja a la sangre. Y con la cual se preparan refrescantes bebidas y postres tradicionales. Así como un vino hecho con esta peculiar frutilla de la selva tropical.Con toda esta gama de flora y fauna propios del lugar, se creaban exquisitos platillos que adquirieron fama regional por su variada y colorida gastronomía. Como el tatabiguiyayo, acompañado de unos papayanes recién salidos del comal, o la iguana y garrobo, preparados con hierbas recolectados en los alrededores de los ríos y lagunas. Al caminar en los cercos podíamos disfrutar del totopotzin, pero ¡Cuidado con el chichicastle y el chilpaye!Mirábamos todos los días el correr de los teteretes y chiguipiles, quienes eran parte del pueblo, y los encontrábamos en cada lugar a donde íbamos. A veces llegaban a visitar a uno que otro poblador en sus casas. No muchas veces eran bien recibidos, aunque eran visitantes asiduos. Los amaneceres y atardeceres también tenían su singularidad, esos momentos eran engalanados con el vuelo de los chiguilines y chachalacas; quienes entonaban sus propias y peculiares melodías que se escuchaban por las calles. Sublimes cantos acompañaban el andar.