POR ARMANDO RAMÍREZ RODRÍGUEZ.
Capítulo 18.
Llegar a Los Llanos fue extraordinario, percibimos un fresco aire del mar, mezclado con aromas de huertos frutales y radiantes colores sobre el césped. Era un ambiente de sutil andar, quizá por eso las personas nos resultaron amables y sonrientes. ¿Te da la felicidad la fragancia de las flores y la brisa del mar? La primera persona que nos ayudó fue Remedios, quien nos apoyó en todas nuestras dudas e inquietudes que nos surgían. Nos presentó con la Sra. Arcilda y esta a su vez nos llevó con el sacerdote del lugar. Quien fue una persona bastante amable y estaba emocionado de conocemos y saber un poquito de la vida en territorios tan distantes.
Después de nuestras primeras impresiones, recibimos una invitación de la señora Nieves a su casa, donde nos ofreció un rico vino casero. La familia de Nieves resultaron ser personas sumamente agradables. Platicamos largas horas sobre nuestras primeras anécdotas del lugar, y sobre auténticas y positivas impresiones del paisaje y el afable clima. Nieves tuvo a bien darles un lindo detalle a Freya y Palmita, unos pañuelos tejidos por ella. Cuando caía la tarde, debíamos despedimos ya que habíamos hecho planes con anterioridad. Germán y su esposa nos invitaron a cenar a un conocido restaurante del hotel de la playa, La Nao. Su especialidad es la cocina canaria con bebidas frescas que se convierten en un buen manjar con bellas vistas.
Recibiendo la mañana con enorme entusiasmo por nuestro itinerario de viajeros, nos dirigimos nuevamente con Arcilda, quien nos había invitado a estar un rato en su casa. Ahí mismo planeamos juntos ir por la noche a Tazacorte. Tazacorte está a 3 Km de los Llanos por carreta, así que debíamos visitarlo. Es un bello pueblo pesquero; cuenta con un conjunto histórico de casonas solariegas de los siglos XVI. Sus bellos callejones conservan la arquitectura típica del renacimiento, con amplios balcones donde cuelgan floridas macetas. En Tazacorte hay un gran barrio pesquero que es aromatizado por las aguas saladas del mar y las dulces aguas de los ríos.
Al día siguiente Meme y Arcilda nos invitaron al restaurante Salta si puedes… ahí probamos un dulce típico llamado biemesabes. Este postre es un manjar que data del siglo XV, surgido a raíz de las tradiciones árabes, las cuales fueron extendidas por el territorio español cuando fue la ocupación musulmana. Este postre es elaborado principalmente a base de miel, yema de huevo y almendras molidas. Después visitamos una exportadora de plátano llamada Compañía Marriño. Nos explicaron que el plátano se introdujo a tierras españolas a través de las expediciones de portugueses. Y hoy representa uno de los principales sustentos económicos de Canarias.
Para corresponder a sus amables atenciones, las invitamos a comer a un restaurante llamado Alfo del Rey. Donde nuevamente degustamos una deliciosa comida típica de la isla. Esa misma noche nos despedimos; aunque Meme y Arcilda nos comentaron que tenían datos sobre la Familia Rodríguez. Mi tatarabuela estaba en el árbol genealógico de los Wanguemer, eso despertó mi curiosidad lo cual me hizo tratar de investigar aquellas ramas perdidas en la historia de los fantasmas de mis antepasados.
Arcilda me dio bendiciones en una forma espontánea, sincera, y quizá nostálgica. Sentí una gran emotividad; son amigas que viven en mundos tan distantes, ¿cuándo podría la vida volvernos a encontrar en este incierto camino que es la existencia? Arcilda me obsequió unos libros de Las Canarias y Meme de La Palma. Los guardé celosamente en mi maleta. Nos dormimos temprano, ya que debíamos madrugar, iriamos a visitar La Isla mi lanzarote. Cabe señalar que Lanzarote no fue se nuestro total agrado. Había un clima muy seco y desértico, tornándose el ambiente de forma árida. Sin embargo, siempre existe la emoción de conocer nuevas tierras.
Al día siguiente volamos hacía Madrid en una compañía local. Aterrizamos alrededor de las 3 de la tarde, y teníamos que trasbordar inmediatamente para viajar hacía Lisboa. Pisando tierras portuguesas, tomamos un camión que nos llevaría hacía una calle céntrica llamada Libertad. Cuando llegamos buscamos donde podríamos hospedarnos. No habíamos caminado mucho cuando encontramos un buen lugar con vistas a La Plaza Rossio. Sin sentir cansancio (sobreponía la emoción), nos preparamos animosos para salir a cenar. Encontramos una alegre calle con muchos y diversos restaurantes. En el menú había principalmente langostas vivas, pero optamos por mariscos, tortilla francesa, calamares fritos, arroz con mariscos, y una buena botella de vino portuguesa.

