POR ARMANDO RAMÍREZ RODRÍGUEZ.
Capítulo 31.
Portugal cuenta con innumerables playas orientadas hacia el Atlántico. En Cascáis está La Boca del Infierno que son conjunto de formaciones rocosas de caliza erosionadas por mar durante siglos, donde el agua ha formado cavidades y se cuela creando un sonido infernal (de ahí proviene su nombre). Los colosales acantilados erosionados dan una impresión tenebrosa por estar en penumbras y tener similitud con la cueva del diablo. Paradójicamente con ese nombre a cuestas, es un rincón natural impresionante donde las olas rompen contra la costa escarpada.
Contiguo se encuentra Cabo de Roca, el lugar es el cabo salvaje que marca el punto de la Europa Continental; por muchos siglos estos acantilados y áridos parajes se creían marcaban el fin del mundo. Todavía hoy la región posee una atmosfera remota e indómita. En Cabo de Roca se experimenta una magia especial en el ocaso, cuando los tenues rayos del sol iluminan con sus destellos de oro el océano.
Al otro día visitamos la finca Maura propiedad de la Dra. Conchita, quien fue también mi compañera de estudios en el Instituto Barraquer. Conchita vive con su hijo y esposo, quien se desempeña como otorrinolaringólogo. En esta finca familiar poseen una gran y linda casa campirana, y una iglesia que ellos mismos cimentaron para orar entre el sonido del viento y el canto celestial de las aves. También nos llevaron a recorrer sus grandes bodegas donde almacenan aceite de oliva. La Dra. Conchita orgullosa nos enseñó un cuadro que colgaba de las paredes, haciendo constancia que su abuelo donó los terrenos del templo de La Virgen de Fátima. Después de caminar por la gran finca, la familia amablemente nos ofreció una auténtica comida portuguesa acompañada de un delicado vino blanco.
Al cuarto día de estar en Lisboa visitamos y recorrimos el emblemático parque Eduardo VII. Este famoso parque se fundó en 1903, y fue nombrado así en homenaje al rey Eduardo de Inglaterra, quien viajó a Lisboa en un gesto de acercamiento para sellar la alianza entre inglaterra y Portugal. Sin embargo, en el mirador donde se puede apreciar toda la ciudad, está erigida orgullosa la bandera portuguesa. El parque tiene largos jardines estilo francés y un jardín botánico. Al acercarse el ocaso, el parque fue cerrado para visitantes y nos fuimos hacia Buraka, un pueblo de pescadores alrededor de Lisboa, donde para terminar el gran día cenamos una fresca cherna que fue asado al instante.
La sorpresa al otro día fue ir a Cabo Espichel, en la desembocadura del río Tajo, donde encontramos impresionantes vistas de los grandes acantilados con un paisaje árido azotado por el viento. En lo alto de los acantilados hay un campo aislado que tiene una extraña atmosfera de misticismo; y un faro encima de las formaciones rocosas instaurado desde 1430; el farol se puede apreciar desde 35 Km a la distancia. En otro acantilado existe una pequeña capilla blanca con el océano azul acariciando la base del recinto sagrado. Es el santuario de Nuestra Señora de Cabo Espichel. En la entrada lateral del recinto hay celdas, casas u hostales que albergaban peregrinos.
Conocimos Sesimbre, una villa pesquera con arena fina y aguas de azul turquesa; un lugar que aún conserva el encanto de la sencillez observable en la arquitectura de sus casas, y la estrechez de sus calles que forman parte del paseo marítimo y tienen como ornamento las altas palmeras. Lo más importante es el exquisito róbalo preparado en el restaurant El Lobo del Mar, todos los pescados y mariscos son muy frescos, extraídos de sus aguas para los visitantes. Cansados pero contentos de estar en este maravilloso país, regresamos a Lisboa atravesando por el lugar donde se originó la batalla de aljubarrota, lugar donde perdieron los castellanos asegurando la independencia portuguesa. Llegamos por fin a descansar después de un gran día y asi prepararnos para irnos al amanecer a Nazaré.
En el trayecto hacía Nazaré pasamos por San Bartolomé de los gallegos, donde está una hermosa casa de la suegra de Joao quien amablemente nos invitó una comida típica portuguesa. Nazaré es considerada la villa más típica de Portugal. Cada villa que conocimos tuvo su encanto especial, pero en Nazaré se respira armonía con su clima templado y una delicada brisa marina. La gente es muy amable y las mujeres utilizan una vestimenta típica del lugar, algo que resulta colorido. Se practica la pesca como forma recreativa y de sustento. La villa es famosa por sus frescos y variados platillos extraídos de susaguas serenas; la calderita es su plato más especial y con orgullo se ofrece.
Para despedirnos de Lisboa fuimos al centro a comprar recuerdos. Freya quedó gratamente sorprendida por ser un comercio limpio, ordenado y seguro. Una grata experiencia. Nuestra última comida en Lisboa la hicimos en el restaurante Agostino, donde pedimos una buena comida tradicional portuguesa.
Del aeropuerto de Lisboa volamos por Air Europa al aeropuerto Adolfo Suárez de Madrid. Estuvimos dos días disfrutando La Plaza del Sol y los restaurantes que ofrecen comida gallega; no podían faltar los exquisitos pulpos, así como los callos madrileños, besugo y los dulces buñuelos. Nos hospedamos en el hotel Alambra, un hotel reformado situado en la calle Espoz y Mina, ubicado cerca de La Plaza del Sol. En la plaza nos sentábamos a mirar la gente pasar. Vimos una infinidad de personas caminando a prisa, o a paso lento; discursos políticos y ¡hasta mariachis! Muchas vidas confluyendo en aquel lejano instante.
Al otro día visitamos Segovia … junta de gente. La ciudad cuenta con importantes monumentos artísticos e históricos, así como bellas calles donde habitan edificaciones señoriales. La ciudad vieja de Segovia y su acueducto, agrupa una serie de monumentos excepcionales por su belleza y su realidad histórica compleja. El Acueducto de la ciudad fue uno de los más importantes del mundo romano, cuenta con 815 m, con 170 arcos de 29 m de altura. El conjunto fue incluido en la lista de Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. También es importante ya que es el paso obligado en la ruta del camino de Santiago donde muchos peregrinos no se van sin disfrutar un rato del lugar. Su gastronomía es excelente; los ríos serranos de las cercanas cumbres aportan una fresca trucha, así como las huertas sus frutos de temporada. Sin dejar de lado el tierno pan elaborado con el trigo de sus campos acompañado de un cochinillo asado, y un buen vino tinto de Valtiendas.

