Mar. Jun 9th, 2026

POR ARMANDO RAMÍREZ RODRÍGUEZ.

Capítulo 35.

Soteapan que significa en el agua o en el rio de cacaracoles; y que abraza las laderas del volcán de San Martín. Forma parte de la región olmeca, existiendo pobladores que hablan popoluca y náhuatl. Soteapan se ubica en medio de un conjunto montañoso alto tropical perennifolio, donde hay variedad de flora nativa, como la caoba, rosa morada, palo de agua, zapote de agua, entre muchas otras que se han conservado. Incluso se encuentra una gran fauna donde aún corren los conejos entre las laderas, sintiendo la extraña libertad.
Deseábamos llegar tambien a las poblaciones de La Magdalena, Benito Juárez y Tebanca. En toda esta zona tuvimos algunas contrariedades que advertían el peligro que se podía presentar; camino sinuoso y alguna vez hizo la lluvia su aparición de manera sorpresiva. En nuestro trayecto a Sogotegoyo improvisamos una mesa para comer siendo nuestros invitados unas personas que tienen una casa con vistas a una zanja inmensa rodeada de majestuosas montañas. El día transcurrió de manera alegre, disfrutamos unas exquisitas enchiladas y carne encebollada preparada en la casa de nuestro amigo y colega caminante Coquis Martínez.
En una segunda caminata pasamos nuevamente por los municipios de la Sierra de Soteapan, Mecayapan y Pajapan, rodeando el volcan de San Martín, donde el ambiente oscurece y se muestra a cada instante con una tonalidad distinta. En el lugar solo existía el silencio de lo mundano y el sonido de las hojas al crujir bajo nuestros pies acompañado de la música de las diversas aves que parloteaban entre los árboles.
Esta zona cuenta con una altitud de 1720 metros sobre el nivel del mar, lo que hace que se presenten condiciones climatológicas cambiantes, resultando propicio para que exista gran diversidad ecológica. Gracias a este sin número de especies de flora y fauna fue nombrada área natural protegida. Tristemente dicha mención no la protege de la codicia rapaz de unos cuantos que han permitido los incendios y la tala
inmoderada, cambiando el paisaje de manera dramática en el transcurso de los años.
Mis amigos y compañeros en estas andanzas por las zonas, Coquis, Felipe, y Gustavo; fuimos los iniciadores de las primeras caminatas que se realizaron. Alguna de las caminatas las habíamos iniciado por la playa de La Barra de Sontecomoapan donde subimos en una camioneta de tracción total, que nos llevaría en un trayecto por El Carrizal, para llegar finalmente a Piedra Labrada. La cual es una pequeña población rural donde se encuentra una piedra de 2 m de altura y 40 cm de ancho;
sobre su superficie se encuentran inscripciones labradas presumiblemente de la primera escritura precolombina. La original se encuentra en el museo de antropología de Xalapa, Veracruz.
Cuando llegamos a El Carrizal organizamos en una pequeña palapa de paja para poder comer; Coquis nos sorprendió gratamente con una buena comida, un digno manjar entre la naturaleza. Tristemente pudimos observar una región desértica, gran ausencia de fauna y de muchas poblaciones de plantas; resultado de la avaricia e ignorancia humana. Hoy en día no se pueden ver especies de animales andando por el lugar como se veían algunas décadas atrás, ya que han sido perseguidos y cazados. Afortunadamente en la bocana del rio aún se observan peces en abundancia.
Otra caminata que realizamos fue atravesando varias comunidades, iniciamos en Tebanca donde nos esperaba Enrique Álvarez con su primo Fallin Silva, quienes amablemente nos invitaron un buen café, cosechado y producido en la región; junto con una inigualable vista frente a la orilla de la laguna. Grandes anécdotas acerca de la travesía fueron nuestras charlas aquel día, pasamos un grato momento. Hasta que llegó la hora de despedirnos y continuar, aún teníamos un buen trayecto por andar.
Nos dirigimos a la Benito Juárez, La Magdalena, Úrsulo Galván, Tecuanapa, Sochiapa, Tuilapillo, Tulin, La Barra y Zapotal. De pronto nos dimos cuenta de que Braulio Quinto se adelantó en el camino siguiendo un peculiar aroma; encontró una casa con fogón humeante, donde la señora del hogar nos preparó unas tortillas a mano con caldo de camarón y nosotros les compartimos un guisado de res. La cocina mexicana es la esencia de nuestro pueblo; muchos platillos a través de los años se han ido modificando conforme se adaptan nuevos modos de vida. Con esta galopante aculturación, esperemos no lleguen a desaparecer muchos platillos típicos con sus sabores y aromas característicos, que representan todo un simbolismo cultural y social.
Cuando entendemos todo el bagaje cultural que pareciera haberse esfumado a través de los paisajes naturales de la región, podemos llegar a comprender que ha sido un gran error de los gobernantes en turno no implementar políticas públicas para preservar toda esta riqueza histórica y ecológica. Sin embargo, a parte de la desidia del aparato gubernamental sobre temas ambientales, también existe un silencio cómplice de parte de la población por el ecocidio imperante que es cada vez más catastrófico. Bastaron 40 años para destruir la selva de Montepío y la Sierra de Santa Martha; preservaban poblaciones de flora y fauna endémicas, las cuales muchas de ellas se han perdido, y algunas se encuentran en grave riesgo de la extinción. Hoy hay un terrible enmudecimiento sobre la eminente perdida.
La corrupción, la irresponsabilidad y la complicidad están presentes en cada uno de los rincones de esta mágica región. La urgencia por buscar un proyecto de desarrollo sustentable y un adecuado control demográfico son temas urgentes por tratar que deben ser priorizados por los legisladores, con el fin de no seguir dañando y explotando lo que aún se puede rescatar de las aéreas naturales. Nuestro futuro está en riesgo, y la desvalorización del medio ambiente es preocupante.
La primera vez que subí al volcán de San Martín, lo hice por San Simón, la segunda por Tapalapan y la última fue por la Col. Ruiz Cortínez. Estar en la cima es alcanzar los 1.680 m sobre el nivel del mar. Casi podía palpar el cielo…El nombre original del volcán es de origen prehispánico, Titépetl, cerro de fuego. Su nombre actual se remonta a la época de la conquista, cuando en el proceso de catequización los evangelizadores modificaron las designaciones de varios sitios a lengua castellana. Actualmente el San Martín es uno de los volcanes que se encuentran activos; aunque su última erupción fue en el siglo XVIII.
La sierra del volcán de San Martín, está tapizado por el verde follaje donde reina una eterna penumbra que hace propicio el crecimiento y muitiplicación de plantas y animales; la vegetación emerge imponente sobre el paisaje, encontrándose colosales troncos propicios para el crecimiento de hermosas parasitas que se alimentan del néctar leñoso.
En la cúspide del volcán existe un clima templado con constantes días de lluvias. Esto origina que la naturaleza forme un bosque tupido y exuberante, manteniendo su verdor todo el año y apreciándose infinidad de bejucos y hierbas. Hay manantiales de aguas cristalinas que forman riachuelos transformándose en hermosos ríos con aguas frías y transparentes. Los más conocidos son los ríos Maquina o el Cold. Los cuales desembocan en las playas de Montepío y sobre la Laguna Escondida.