Mar. Jun 9th, 2026

POR ARMANDO RAMÍREZ RODRÍGUEZ.

Capítulo 37.

LA TIERRA DE LOS PIRATAS Y EL CARIBE
Nuestro viaje hacia el caribe mexicano lo planeamos por carretera; Freya, Maribel, mi hija Freya y yo. Realizamos el trayecto para visitar a mi hija mayor Bella María, quien radicaba en aquel momento en el idílico Cancún. La travesía resultaba larga y agotadora, así que optamos por descansar en Campeche. Después de todas las indicaciones pudimos llegar sin contratiempo a la tierra de piratas. Campeche nos recibió con una estampa particular, el sol se ocultaba tras las montañas que lo rodeaban, y soplaba el aire ventoso del sur. Ya se podía sentir un clima peculiar al que conocemos. Nos dispusimos a recorrer el lugar visitando su catedral, que cuenta con una hermosa arquitectura.
En la ciudad aún quedan restos de lo que fuera la zona amurallada Campeche había padecido de la presencia continua de piratas, especialmente cuando la vida marítima era un trayecto continuo de los habitantes asiduos del océano. Es por ello que era un imperativo de seguridad la construcción de dicha muralla. La fortaleza contra los bandidos del mar medía 9 m de altura por 2 m de espesor, con una enorme puerta que abría hacia el mar y otra dirigida a la tierra. Contaba con una serie de cañones alrededor de la muralla; algunos de los cuales han permanecido hasta nuestros días, y son fieles testigos de aquellos años truculentos donde se percibía el miedo de la población por ser sorprendidos en la oscuridad, cuando el mar se ennegrecía. Entre los que dieron por asalto la ciudad, se encontraba el célebre pirata Lorencillo, surgiendo con esto a través de los años mitos y leyendas de las guerras, robos y aventuras que se antojan hoy en nuestros días una ficción del séptimo arte.
El Puerto de Veracruz también fue tomado por los bandidos del mar, quienes impusieron su implacable ley de violencia y saqueo. Varios grupos se dispersaron por la ciudad, penetraban violentamente en las principales casas, y tomaron prisioneros a sus moradores, llevándolos ala iglesia de la merced. Lorencillo llenó de pólvora la iglesia y amenazó con volar todo si no entregaban el rescate de un millón de pesos en oro. Después de una semana de negociación, los cautivos descalzos levaron el botín a la Isla del sacrificio y posteriormente a los navíos.
Habían ganado la batalla los forasteros del océano.
Los piratas son tan antiguos como la misma historia del hombre; la figura del pirata está asociada intrínsecamente con la navegación y el mar. Desde que el hombre descubrió que podía navegar por los mares, otros tantos se dieron cuenta que podían asaltar a esos navegantes, así nació la piratería. Está práctica consistía en el saqueo organizado a otras embarcaciones, claramente su lugar de acción eran aguas libres de jurisdicción. Los piratas no solo saqueaban riquezas, también solian tomar a muchas personas como esclavos y rehenes.
Los primeros registros sobre la pirateria nos llevan al siglo V a.C., en la región del golfo pérsico. Especificamente en un lugar llamado La costa de los piratas. Sin embrago se sabe que se extendió prácticamente a todos los mares, las zonas más afectadas durante la antiguedad fueron el Mar Mediterráneo y el Mar de la China Meridional. Gracias a los mitos podemos apreciar que los griegos fueron buenos piratas, como el caso de Ulises, en este narra cómo realizaba actos de pirateria.
Durante la Edad Media los protagonistas de la piratería fueron los vikingos y los árabes. Poco después del año 1000, los pueblos del norte efectuaron todo tipo de incursiones en el Mar del Norte, el Cantábrico y el Mediterráneo. Sin embargo, la época más icónica empieza en la Edad Modema con el descubrimiento de América. Este hecho provoco un gran aumento de barcos navegando por mares y también una gran cantidad de riquezas circulando por agua. Las islas se habian convertido en el hogar de muchos piratas, bucaneros (su nombre deriva de su anterior actividad, que era cazar animales, la manera especial en que la preparaban se llamaba Bucan) y también estaban los filibusteros que en holandés significa el que va a la captura del botin.
Caminamos largo rato por el malecón, imaginando las historias que había traído el mar desde tiempos inmemorables. Cuando cayó la noche, decidimos entrar por los callejones para recorrer sus típicas calles. Una de las más conocidas es la calle 59 por sus casas y edificios; se ha convertido en patrimonio cultural de la humanidad. La iglesia también conserva una arquitectura barroca, y en su interior alberga un estilo neoclásico sobre todo en el recinto, donde se aprecian los años de construcción del templo. Ahí se han elevado miles de voces en oración al pasar del tiempo.
La segunda visita fue a los monumentos de la civilización maya. Civilización perteneciente a Mesoamérica que se remonta al año 1000 a.C., los mayas demostraron un enorme poder de difusión y su cultura descendió más allá del río Usumacinta por la región de Yucatán. Dejaron un legado de arte y enigmática arquitectura; donde se encuentran excelsos templos, palacios, un espacio donde se practicaba el juego de pelota y un magnificente observatorio astronómico.
Esta excursión familiar la realizamos en mayo de 2009, y cuarenta años atrás tuve la oportunidad de ir a Ezdna, una de las zonas mayas más relevantes, la cual tiene la característica de contar con un gran centro ceremonial, donde pudimos admirar la máscara de jade de Calakmul en el fuerte de San Miguel. Y una pirámide de cinco pisos, donde aún se pueden apreciar los símbolos de una cosmovisión religiosa.
Al otro día cuando apenas se asomaban los rayos del sol, decimos partir hacia Cancún; las ansias de llegar lo más pronto a nuestro destino hizo que despertáramos antes del alba. Después de haber transcurrido unos kilómetros, decidimos conocer un pequeño pueblo llamado Izamal. Cuentan los lugareños con aire de orgullo, que es la ciudad más antigua dentro de la cual existían cinco importantes pirámides. Cuando surgió la conquista territorial, así como la espiritual, lo primero que hizo Diego de Landa, fue quemar los escritos indígenas que contenían toda una cosmovisión plasmada entre cada una de las hojas.
La orden de los franciscanos levantó un monasterio encima de las pirámides con el fin de lograr aún más rápido el proceso de evangelización de los habitantes de la zona. Este monasterio aún conserva sus paredes de los siglos de esplendor y fue visitada en su momento por el Papa Juan Pablo II, ahí dio una conferencia donde paradójicamente solo llegaron indígenas.
Al llegar a Izamal, nos sentimos inmersos en una época distinta. La ciudad está pintada uniformemente de amarillo y blanco. Los mayas prodigiosos y científicos construyeron pirámides que aún siguen de pie en este sitio secularmente sagrado. Así, Imponente en el centro se encuentra la pirámide de Kinich Kakmann o guacamaya y fuego, la cual, junto con las otras tres pirámides, formaban una gran plaza inmensa donde llegaban los mayas con ofrendas al sol o al patriarca Zamna o izaman. Aquí era el centro donde confluían muchas ciudades.