La tradición de “El Viejo”, aún persiste en la región

“El Viejo”, elaborado con ropa vieja, cartón o papel; relleno de paja, aserrín, papel y hoja de plátano.

Redacción, San Andrés Tuxtla, Ver.- La Quema del Viejo es un acontecimiento lleno de alegría y entusiasmo, al mismo tiempo que hay un poco de nostalgia por el término del año y en Veracruz es un evento muy especial y significativo.

Se cuenta que nació en el puerto de Veracruz, por una manifestación de unos trabajadores del muelle, quienes comenzaron a hacer escándalo con latas y cencerros pidiendo aguinaldo, al principio, el líder fue sancionado pero al año siguiente lograron obtener algunos beneficios de sus patrones, con tal de evitar que los trabajadores hicieran mucho ruido.

También se dice que la tradición del viejo nació de la caracterización que hicieron de un coreano que tenía un parecido con una imagen del año viejo que aparecía en uno de los almanaques japoneses que llegaban a Veracruz. Este coreano vestido como año viejo y un niño que lo seguía, desfilaron por las calles y el último día del año se organizó una fiesta con música hasta muy entrada la madrugada y así, la fiesta del coreano se hizo una tradición en el puerto.

Las coplas que se añadieron al paseo del “Viejo” aún se conservan y se cantan acompañados de instrumentos de percusión, la mayoría improvisados.

 “Una limosna para este pobre Viejo, que ha dejado hijos, que ha dejado hijos, para el año nuevo…

“A don (….) lo llevan a enterrar, porque los villistas lo quieren matar…

“Ya se va el Viejo muriéndose de risa porque esta noche lo vuelven ceniza”.

Hoy en día, la fiesta del año viejo varía un poco de acuerdo a la región, por ejemplo, en el Sur del estado, en municipios como Coatzacoalcos, Minatitlán, Cosamaloapan, Santiago Tuxtla, entre otros, al aproximarse el fin de año se arreglan muñecos rellenos, algunas veces de papel y vestidos con harapos, zapatos, paliacate y sombrero, estos monigotes se “sientan” en la esquina o en el frente de la casa, representando al año viejo; algunos cuentan con algún tipo de recipiente para recolectar limosna que después se utilizará para comprar cohetes y quemarlos con el viejo el 31 de diciembre.

En algunos lugares de la Cuenca y de los Tuxtlas, días antes del 31, los niños pasean en una carretilla al monigote, acompañados de jaraneros y bailadores, pidiendo limosna para “El Viejo”.

Al llegar el último día del año, al monigote de “El Viejo”, por la media noche se le prende fuego, ya sea que este colgado o bien sentado a media calle, los cohetes causan ruido, algarabía, risas y expectación, pues es el indicativo que el año por fin se acabó y que viene uno nuevo.

En otras ciudades como Xalapa, “El Viejo” se celebra con una persona que disfrazada de harapos, simulando un viejo con barba y sombrero, se acompaña de amigos, también disfrazados y con instrumentos como tambores, panderetas y otros improvisados; así el grupo llega a las puertas de las casas entonando las coplas sobre el año que termina, recorren las calles armando alboroto el 31 de diciembre y el 1 de enero, este último día también acarrean con un muñeco bebé simulando la llegada del nuevo año.

“El Viejo” es una tradición para celebrar, divertirse y hacer una pausa para reflexionar, así como para alegrarse por las cosas buenas que pasaron en el año y cerrarlo con broche de oro.

EN LA INTERNET…

Año viejo es un monigote que representa básicamente el año que termina, elaborado con ropa vieja, cartón o papel, relleno de paja o aserrín y con frecuencia con artefactos pirotécnicos, para ser quemado a la medianoche del 31 de diciembre en un gran número de países latinoamericanos, desde México hasta Uruguay aunque la costumbre está más arraigada desde el punto de vista popular en Ecuador, Colombia y algunas regiones de Venezuela.

El ritual se debe distinguir de la Fiesta del Judas que a pesar de tener características similares tiene distintas connotaciones y se celebra en algunas regiones de España y de América latina, al inicio de la semana de pascua o en el domingo de resurrección.

Igualmente el año viejo se debe distinguir de las efigies que se incineran en protestas políticas, aunque también suelen representar personajes concretos o símbolos de organizaciones y países objetos del rechazo, porque se realizan en cualquier época del año y sin los elementos rituales del 31 de diciembre.

La incineración a la medianoche del 31 de diciembre del muñeco es un ritual de purificación para alejar la mala suerte o las energías negativas del periodo que termina, así como de transición pues también se celebra la llegada del nuevo año aboliendo lo anterior. Como ritual de fuego representando la supresión de lo pasado para permitir una regeneración del tiempo y de las energías, la quema de un muñeco es común en muchas culturas y aun con transposición de fechas y de épocas tiene similares significados.

Escenificación de “El Viejo”, cuando está apunto de morir.