Las Buenas Costumbres, Por: Estelita Berdón Martínez

¿Cuándo debemos opinar?

Los seres humanos por inercia somos muy dados a querer “aconsejar” cuando alguna persona ya sea familiar o amistad atraviesa por algún problema o enfermedad. Casi siempre sin mala intención, pero debemos entender o comprender que todos y cada uno de nosotros tenemos nuestro propio albedrio y eso conlleva a que pensamos diferente unos  con otros.

Aun entre Padres e hijos, donde creemos que tenemos todo el derecho y la obligación de opinar debemos de ser cautos en nuestras apreciaciones, ya que lo que a nosotros nos parece correcto la otra persona no lo siente así y de allí que empiezan  las  contradicciones y por lo consiguiente los problemas que pueden llegar a ser muy serios dependiendo de lo que se trate.

Si todas las personas en este mundo entendieran esta situación ¿cuántos infortunios se evitarían y sobre todo, tal vez podríamos tener esa tranquilidad que buena falta nos hace a esta sociedad que en diversos lugares y situaciones han comprometido la anhelada Paz.

Pero bueno, si nos adentramos en sí a esta costumbre, siempre, siempre llegaremos al mismo lugar: “Es que, yo lo hago por su bien…” “…Es que, es la mejor decisión que debe tomar…” “…Es que, yo ya lo comprobé y me salió bien…” “…Es que, si no lo hace así, va a sufrir las consecuencias…” “…Es que no quiero que tropiece y caiga…” “…Es que…” y así un sinfín de situaciones que cada quien ve conforme a su criterio (que no es el de todos).

Quiero recordar que venimos a este maravilloso mundo de probación, precisamente a eso a probarnos como seres inteligentes y para poder ser probados necesitamos conocer lo bueno y lo malo, comprobarlo por nosotros mismos, cayendo y levantándonos, tropezando y volver al camino nosotros mismos comprender hacia donde dirigirnos, qué es lo mejor para nosotros y de nosotros depende lo que nos depare el destino. Como dice el poema de Amado Nervo.

En paz

Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, vida,
porque nunca me diste ni esperanza fallida,
ni trabajos injustos, ni pena inmerecida;

porque veo al final de mi rudo camino
que yo fui el arquitecto de mi propio destino;

que si extraje la miel o la hiel de las cosas,
fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas:
cuando planté rosales, coseché siempre rosas.

…Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno:
¡mas tú no me dijiste que mayo fuese eterno!

Hallé sin duda largas noches de mis penas;
mas no me prometiste tú sólo noches buenas;
y en cambio tuve algunas santamente serenas…

Amé, fui amado, el sol acarició mi faz.
¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!

 

Carta la Sra. Aurora Pineda

Esta carta fue escrita por  su  esposo (Q.E.P.D)

AURORA: Sé de tu estado de salud y sé que Gracias a Dios, Nuestro Señor Jesucristo y la Virgen haz estado luchando y me da gusto.

Sé que a veces sientes que no puedes más, pero ten la certeza que si sigues luchando con ahínco vencerás.

Cada momento que pasa sigo pidiendo porque te recuperes, a veces Nuestro Señor nos pone en diferentes situaciones, no te des por vencida, sé que te cuidan tus familiares, que estás bajo sus cuidados, se sacrifican ambos, recuerda que son seres humanos con limitaciones pero ten por seguro que lo hacen con mucho amor.

Te preguntarás quien soy. Tu admirador. Ahora a través de estas líneas déjame decirte que respiro paz y tranquilidad  en mi nueva casa verdadera, la cual pedía día a día vencer el padecimiento que me aquejaba, pero a través de estas líneas no puedo escribir mas, era para no dejar  desapercibido tu onomástico No. 80.

Te sigo siempre por dónde vas, no pude despedirme de ti  porque el reloj  aun sigue y se me hace tarde… También me esperan, te veré algún día. No me aparto de ti, te quiero como el primer día como cuando sale el sol. Lo verde del campo como felicidad y florido de mi alma, el mar como lo cristalino de mis ojos y tus ojos divinos.

Estoy contigo, el regalo mío, es mi amor eterno y sincero. Mil estrellas para ti mujer, envueltas con el manto del  cielo. Cantos con querubines celestiales. Yo le doy las Gracias a Dios Todopoderoso. Por permitirme  estar en este día contigo. ¡No te olvidaré!