Las Buenas Costumbres, Por: Estelita Berdón Martínez

Seguimos con el tema de la Envidia y el Egoísmo…

Por razones de tiempo, en la edición de ayer, quedó inconcluso el tema, pero hoy lo vuelvo a  retomar, ya que es una problemática que ha existido desde los primeros tiempos de la vida aquí en la tierra, y que además es muy difícil de desarraigar.

Muchos son los factores que pueden desencadenar estas prácticas: La pobreza, la riqueza, la belleza, la fealdad, la salud, la enfermedad, el trabajo, el desempleo, etc. Son condiciones que el ser humano  requiere  para tener un pretexto dentro de su ser y desarrollar cualquiera de estos dos nefastos y destructores defectos.

Podemos decir que estos defectos se encuban en las personas de espíritus muy débiles que permiten la entrada a ese tipo de sentimientos que brotan en momentos de resentimientos por la vida que les tocó vivir o tal vez por alguna persona o cosa.

Lo importante de este tema, es ver la forma en que podemos evitar estos tristes y terribles sentimientos que solo destruyen en alma y a los que nos rodean.

Veamos lo contrario a la Envidia y el Egoísmo:

Las virtudes que se combinan para formar un carácter con la fuerza, para repeler estos dos defectos son la verdad, la justicia, la sabiduría, la benevolencia y el autodominio, cada uno de nuestros pensamientos, palabras y acciones deben estar en armonía con estas virtudes, que podríamos pensar y sentir que son muy difíciles de obedecer, pero si desde el principio de nuestra infancia son nuestro guía, seguiremos practicándolo por el resto de nuestra vida, aunado claro a nuestros sentimientos.

Tal vez habrá muchas veces que el “aguijón” de un momento de debilidad nos punzará para olvidarnos de los buenos principios, pero recordemos que como dicen algunos refranes “…Lo que no quieras para ti, no lo quieras para otro…” o “…Con la vara que mides serás medido…” y como dicen las escrituras: “Así que todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos” (Mateo 7:12).

Si nos encontráramos dentro del patio de un escultor, con trozos de granito desparramados por doquier y alguien nos pusiera un cincel y un martillo, ¿nos atreveríamos a tomar uno de aquellos bloques  de roca sin forma y tallar con él una imagen humana? o si alguien nos hubiera colocado delante un lienzo y pinturas, y puesto en la mano un pincel, ¿nos atreveríamos a pintar en ese lienzo el retrato de un alma ideal? Habríamos dicho en el primer caso: “No soy escultor” y en el segundo “No soy pintor, no puedo hacerlo”.

Sin embargo cada uno de nosotros estamos tallando un alma en este mismo instante, nuestra propia alma. ¿Será algo deforme o será algo admirable y hermoso?.

La responsabilidad es nuestra, nadie más puede tallarla en lugar nuestro, los padres nos guiaron y los maestros nos pulieron, pero todo hombre o mujer tiene la responsabilidad de tallar su propio carácter. ENHORABUENA.