Las mojigangas de San Andrés Tuxtla, Veracruz, son muñecos tradicionales elaborados con bejuco de caña de otate, engrudo, papel y telas de colores, aunque, en una época más reciente han cambiado para construirse con tubos de plástico o incluso otros materiales que cumplan la misma función de soporte para sus bases, además, su apariencia ha pasado de representar a personajes típicos con vestimenta originaria a estar sujetos a la imaginación de cada creador. Estas figuras, que tienen su origen en las danzas de gigantes y cabezudos de España, son esperadas con entusiasmo por la comunidad cada 29 de noviembre, cuando se celebran las festividades en honor a San Andrés Apóstol.
La historia de la veneración a San Andrés Apóstol se remonta a 1580, cuando se le dio el nombre de San Andrés Tzacoalco a la estancia de Tzacoalco, el actual municipio en cuestión. Las festividades en su honor comenzaron a tomar forma a finales del siglo XIX y principios del XX, aunque la devoción hacia la Virgen de Guadalupe y la Purísima Concepción eclipsaron durante mucho tiempo a las realizadas en los últimos días de noviembre. A lo largo de los años, diversas personas han contribuido a su organización y preservación, destacando la participación tanto de la población general principalmente, que la ha consolidado con fuerte arraigo en una época contemporánea, así como, autoridades municipales e instituciones educativas.
Las festividades incluyen una misa pontifical y una procesión con la imagen de San Andrés, acompañada de música y pirotecnia. A lo largo de los años, la organización de las fiestas ha pasado por diferentes comités y líderes comunitarios, quienes han logrado mantener viva esta tradición a pesar de los desafíos. La elaboración de los muñecos de mojiganga se inició a principios del siglo XX, y la música que acompaña estas festividades fue compuesta en 1852 por Don Santiago Torres, un músico local.
Esta tradición de San Andrés Tuxtla es un reflejo de la rica herencia cultural y religiosa, donde la música y la danza juegan un papel fundamental en la celebración de su Santo Patrono, convirtiéndose en símbolos de idiosincrasia para el pueblo.


