Lealtad ciega a AMLO

Hay un trío de precandidatos presidenciables de MORENA para el año 2024. Dos de ellos, Claudia Sheinbaum Pardo y Marcelo Ebrard Casaubon, destapados por López Obrador. Y el tercero, Ricardo Monreal Ávila, autodestapado.

Y como el trío está en la cancha pública, entonces, todas y cada una de las acciones y declaraciones que asumen como Jefa de Gobierno en la Ciudad de México, la secretaría de Relaciones Exteriores y la Senaduría, tienen, digan lo que digan, un solo objetivo:

Congraciarse con el presidente de la república para que “el país de un solo hombre”, el gran elector, sean elegidos.

Sus cargos públicos han pasado, quizá, a segundo término. En el día con día, su agenda pública gira alrededor del año 2024.

Y, claro, quedar bien con López Obrador y con el primer círculo del poder. Incluso, hasta con la esposa del presidente.

Los tres “se desgarrarán las vestiduras” jurando y perjurando que trabajan por la 4T y sus programas estelares. Y con lealtad ciega al presidente.

Pero en la percepción y sensación ciudadana queda manifiesto desde hace ratito, cuando fueron destapados, y destapados con tres años de anticipación, chambean y operan para quedarse con “hacha, calabaza y miel”.

Más porque como dice Porfirio Muñoz Ledo, MORENA permanecerá, mínimo, dieciocho años en el poder, es decir, tres sexenios, con todo y que el PAN únicamente quedó con doce años.

El camino todavía es largo. Y muchas cositas pueden ocurrir. Pero un hecho sobresale:

Entre más incienso fino, pulido y vuelto a pulir, discreto, diplomático, que cuaje en las neuronas y el corazón de López Obrador arrojado por cada uno de ellos, tendrán más posibilidades tendrán.

Con todo y que otra Línea del Metro se cayera.

Y que Joe Biden, presidente de Estados Unidos, rompiera relaciones diplomáticas con México.

Y que en el Congreso de la Unión la oposición descarrilara las reformas obradoristas.

 

EL EGO PRESIDENCIAL

 

Sheinbaum tiene la Ciudad de México para proyectarse. Ebrard, la SRE, en el país y el mundo. Monreal, la república amorosa.

A través de ellos, la imagen de López Obrador ha de proyectarse a terrenos y dimensiones descomunales y entre más inflamen el ego presidencial, tendrán más posibilidades reales, concretas y específicas.

López Obrador, claro, y como ha sido la sucesión presidencial, buscará un sucesor que garantice su retiro para vivir con tranquilidad en su rancho, “La chingada”, en Chiapas.

Pero también, un sucesor que garantice la continuidad de la 4T con sus mandamientos.

Y de igual manera, que enaltezca con hechos y resultados la purificación moral y la honestidad valiente.

Claro, Gustavo Díaz Ordaz heredó la estafeta a Luis Echeverría Álvarez y luego se deslindó. Incluso, hasta en la campaña electoral.

Echeverría legó el mando a José López Portillo y le encarceló a siete secretarios de Estado, entre ellos, a par de jarochos, Eugenio Méndez Docurro y Félix Barra García.

López Portillo heredó el bastón a Miguel de la Madrid y encarceló a su amigo Jorge Díaz Serrano, senador de la república y ex director de PEMEX.

Nunca Carlos Salinas se fue a la yugular de De la Madrid.

Pero Ernesto Zedillo encarceló al hermano incómodo, Raúl Salinas de Gortari.

Entonces, el riesgo está. Y por eso mismo, la sucesión en un sistema presidencialista cien por ciento significa la decisión estelar de cada sexenio, aun cuando Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto nunca pudieron heredar el cargo a uno de los suyos.

López Obrador, sin embargo, quiso destapar con tres años de anticipación a los posibles, aun cuando Echeverría también adelantó la sucesión a través del tabasqueño Leandro Rovirosa Wade, secretario de Recursos Hidráulicos, y a quien comisionó para el gran destape, unos siete en total.

 

ACTÚAN EN VARIOS PALENQUES

 

El trío presidencial cabildea en varios palenques públicos.

Uno, con López Obrador y el primer círculo del poder.

Dos, con el gabinete legal y ampliado, sin diferencias ni rupturas, vaya a pasar como cuando Manuel Camacho Solís preguntó a Carlos Salinas las razones por las cuales lo dejó fuera de la candidatura favoreciendo a Luis Donaldo Colosio y le contestó que se creía más inteligente que el resto del gabinete.

Además, claro, de su alianza con Cuauhtémoc Cárdenas.

Tres, su alianza con las fuerzas y actores sociales de peso y con peso.

Y cuatro, el manejo de medios.

En el proceso de maduración de la candidatura, el trío cavilará lo necesario sobre el carácter y temperamento terco y tozudo del presidente pues como hombre del trópico cuenta mucho.

El destape de los presidenciales fue con mucha anticipación, y ahora, ni modo, se gastan y desgastan.

Y, claro, se miran y tratan con rispidez por debajo de la mesa, por más que el discurso hacia afuera sea meloso, digamos, civilizado.