San Andrés Tuxtla, Ver. La Reserva de la Biosfera de Los Tuxtlas, una de las joyas naturales más valiosas del sureste veracruzano, enfrenta su momento más crítico desde su creación en 1998. La tala clandestina, la ganadería extensiva y el cultivo de tabaco están devorando lo que alguna vez fue la selva tropical más biodiversa de México.
Según datos de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP), de las más de 30 mil hectáreas de selva virgen que conformaban la zona núcleo, solo sobreviven alrededor de diez mil, mientras que el 62 % del territorio protegido ya está destinado a actividades agropecuarias. En los últimos veinte años, la reserva ha perdido más de 555 hectáreas de bosque primario húmedo, con una tasa anual de deforestación cercana al 0.8 %.
Eduardo Álvarez Ríos, integrante de la asociación civil Defensores de Medio Ambiente de Los Tuxtlas, advirtió que la selva “se está extinguiendo ante la vista de todos”. En entrevista, señaló que la ganadería extensiva es uno de los motores principales de la devastación: “Los ganaderos siguen talando para ampliar potreros, porque consideran la selva un obstáculo, no un recurso vital”.
Otro factor alarmante es el cultivo de tabaco, que requiere la tala total del terreno y el uso intensivo de agroquímicos. Álvarez Ríos recordó el caso del manantial de San Simón, en San Andrés Tuxtla, donde un sembradío amenazó con contaminar el acuífero y destruir la vegetación. Aunque la PROFEPA clausuró el proyecto, otras zonas continúan bajo riesgo.
La tala clandestina es otro cáncer que corroe la reserva. De acuerdo con los ambientalistas, la extracción ilegal de madera opera con impunidad ante la falta de vigilancia efectiva. “Existen rumores de corrupción entre elementos policiacos y talamontes, y la oficina de la PROFEPA en Catemaco está prácticamente acéfala”, denunció el activista.
Las consecuencias son devastadoras: pérdida de hábitats, desaparición de especies endémicas, erosión de suelos y cambios abruptos en el clima regional. Investigadores del Instituto de Biología de la UNAM advierten que, de continuar esta tendencia, la selva podría perder su capacidad de regenerarse en menos de dos décadas, transformándose en un mosaico de potreros y tierras erosionadas.
Organizaciones ambientales y habitantes locales exigen acciones urgentes. Solicitan a la CONANP reforzar la vigilancia, implementar programas de reforestación y promover alternativas sostenibles que permitan a las comunidades vivir de la selva sin destruirla.
A pesar de su belleza y su designación como reserva de la biosfera, Los Tuxtlas agoniza lentamente. Si no se toman medidas contundentes, Veracruz podría perder uno de sus últimos pulmones naturales y un santuario biológico de valor incalculable para México y el mundo.
“Estamos viendo morir la selva —dice Álvarez Ríos—, y con ella, parte de nuestra identidad como tuxtlecos.”
Conclusión: Un llamado urgente por la selva de Los Tuxtlas
La Reserva de la Biosfera de Los Tuxtlas no solo representa un patrimonio natural de Veracruz, sino también un símbolo de equilibrio ecológico para todo México. Sin embargo, cada árbol talado, cada hectárea convertida en potrero y cada río contaminado nos acerca más a una pérdida irreparable.
Proteger Los Tuxtlas no es una causa exclusiva de ambientalistas o instituciones: es una responsabilidad colectiva. Las autoridades deben asumir su papel con firmeza, aplicando la ley y garantizando la vigilancia permanente; las comunidades locales necesitan alternativas económicas sustentables; y la sociedad, en su conjunto, debe comprender que la selva es fuente de vida, no un recurso inagotable.
El futuro de Los Tuxtlas depende de las decisiones que se tomen hoy. Si seguimos mirando hacia otro lado, la selva podría desaparecer en silencio, dejando tras de sí solo tierra seca y memoria. Pero si actuamos con conciencia y unión, aún estamos a tiempo de que Los Tuxtlas sigan siendo un pulmón verde y un refugio de esperanza para las próximas generaciones.

